/
/
/
/
/
/

Documentos

Orientaciones Pastorales III. 1970

Fecha: 01/03/1970
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Concepción
Autor: Asamblea Plenaria


Presentación

La Iglesia chilena ha tomado en estos últimos años un camino de maduración en que se marcan dos grandes líneas.
La primera línea mira a su desarrollo interno, acentúa la catequesis y la liturgia y se orienta a la formación de Comunidades Cristianas de Base.
La segunda línea mira a la presencia evangelizadora de la Iglesia en los distintos ambientes humanos: obrero, universitario, campesino, de empleados, profesional, de profesores, etc., y conduce a plantear el compromiso Iglesia-Mundo.
La primera línea ha tenido una especial acentuación en la Asamblea Plenaria de Chillán, en 1968. Allí se trató particularmente sobre la edificación de la Iglesia como Sacramento de Salvación a partir de la Comunidad de Base.
Alrededor de este tema central, se dieron orientaciones sobre Catequesis y Liturgia acentuando su papel en la constitución y crecimiento de dichas Comunidades. Se insinuaron también algunos criterios sobre Pastoral Sacramental y sobre el ministerio sacerdotal y religioso.
La Asamblea Plenaria de La Serena, en 1969, ofreció una nueva reflexión sobre el mismo tema de la Comunidad Cristiana de Base y la formación de personas.
Pero antes de continuar, debemos observar que ambas líneas de crecimiento de la Iglesia han partido bajo la influencia del Espíritu, generalmente desde distintos sectores de base de la Iglesia. Han colaborado en su iniciación y desarrollo muchos asesores, párrocos, laicos y religiosas. El Episcopado ha detectado esta vida de la Iglesia, la ha impulsado y, en sus Asambleas Plenarias, ha reflexionado sobre ella dándole una expresión más universal y más propia de toda la Iglesia.
La segunda línea, evangelizadora de los ambientes sociológicos y compromiso Iglesia-Mundo, ha tenido una mayor explicitación en la Asamblea de Concepción.
Lo original de esta Asamblea es que en ella el Episcopado ha presentado una visión global de Iglesia y Mundo. No lo afirma expresamente, pero ello se desprende de sus diferentes temas y acuerdos.
En sus sugerencias a los Consejos de Pastoral y de Presbiterio para elaborar un Directorio Nacional de Pastoral Sacramental, presenta los Sacramentos en relación con el Sacramento Iglesia. Mediante los Sacramentos, Cristo va haciendo su Gran Sacramento que es la Iglesia.
En esta perspectiva, la evangelización y la catequesis previas a cada Sacramento muestran un objetivo común con el mismo Sacramento, objetivo grande y universal: construir incesantemente la Iglesia.
El Episcopado desea que cada pastor deje de ser el hombre que realiza \"acciones pastorales\" para ser el Pastor que, a través de la evangelización, catequesis y acción sacramental, realiza \"la pastoral de edificación del Cuerpo de Cristo\".
Mas esto no es suficiente para una visión pastoral, que sea global y completa.
La Asamblea de Concepción consideró especialmente el mundo de los pobres en nuestra patria y vio los cambios que se hacen y que faltan por hacer para alcanzar la plena liberación del hombre chileno.
Entonces, teniendo presente la Conferencia Episcopal de Medellín, afirma su resolución de adoptar compromisos concretos frente al proceso de cambios.
Quiere que la Iglesia, como Sacramento de Salvación, se halle presente activamente junto al hombre en busca de su liberación.
Así se nos da una visión pastoral global. Se trata de \"edificar la Iglesia como Sacramento de Salvación al servicio de todos los hombres\", buscando el crecimiento integral de sus miembros y de todos los hombres.
En otras palabras, la Asamblea Plenaria de Concepción quiere decirnos que se construye la Iglesia \"para\" extender a todos los hombres los frutos de la Redención obrada por Cristo. Esto lo alcanza anunciando \"que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre\"; lo alcanza \"realizando la obra de salvación que proclama mediante el Sacrificio Eucarístico y los Sacramentos\" (1). Lo alcanza iluminando la marcha de los hombres, haciéndoles descubrir la presencia de un Dios que libera (cf. Dt. 7, 8) e invitándoles a esforzarse por incoar en el mundo esa liberación que sólo en el siglo futuro conseguirán plenamente (2).
La Comisión Pastoral de Obispos encargada de esta publicación ha querido, por esto, ofrecer las siguientes Orientaciones en el contexto de las anteriores conclusiones de Chillán y La Serena e invita también, donde aparezca oportuno, a confrontarla con los acuerdos de los propios Sínodos diocesanos, en las respectivas iglesias donde se hayan celebrado. Esto último lo sugerimos para verificar cómo las Orientaciones pastorales han ido ya concretándose a través de Chile.
El texto de estas Orientaciones ha sido ordenado de manera que ayude al estudio y a la reflexión de los pastores y del personal apostólico. Además el mismo texto, en ciertos casos, ha sido complementado con algunas pautas de estudio, destinadas a sugerir posibilidades concretas de aplicación de estas Orientaciones. Estas pautas, para diferenciarlas del texto, se han dispuesto con diverso tipo de letra.
Agradecemos al Instituto de Pastoral del Episcopado su valiosa cooperación que ha hecho posible una mejor publicación de estas Orientaciones.
Con fe y confianza, entregamos a toda la Iglesia estas Orientaciones de Concepción. El trabajo humilde, constante, fraternal y comunitario, permitirá, bajo la dirección del Espíritu Santo, hacer progresar con ellas el Reino de Dios.
Queda, ahora, como tarea de cada diócesis, realizar las opciones pastorales tomadas por los Obispos de Chile en Concepción.

La Comisión Pastoral de Obispos.

Santiago, junio de 1970.

Las Orientaciones Pastorales precedentes

Asamblea Plenaria de Chillán - Mayo de 1968

En 1968, se contaba con varios antecedentes importantes para una formulación pastoral de proyección nacional: se habían celebrado algunos Sínodos diocesanos, otros tenían su preparación muy avanzada; se había realizado, a fines de 1967, el primer Encuentro de Obispos y presbíteros; funcionaban ya en casi todas las diócesis los Consejos de Presbiterio y se comenzaba a experimentar con los Consejos de Pastoral.
Todo esto -además de una especial Comisión episcopal, llamada de los Cinco- había permitido verificar que muchos cristianos y grupos de Iglesia sentían que nuestra Iglesia, en su sacramentalidad concreta, no hacía resplandecer plenamente el rostro de Cristo. Surgía la inquietud y la exigencia de la construcción de una Iglesia fiel a las grandes líneas redescubiertas en el Vaticano II. Se estaba, por otra parte, casi en víspera de Medellín.
En esas circunstancias, se tuvo, en mayo de 1968, la Asamblea Plenaria del Episcopado en Chillán. Y tal como el Vaticano II había hecho una reflexión sobre la Iglesia, Chillán la aplicó a la realidad de nuestro país y expresó que: \"La Iglesia de Chile quiere presentarse a todos como:
Evangelizadora, iluminando las conciencias y la cultura con la Verdad de Cristo; y
Servidora de la Humanidad, a través de la acción de cada cristiano, de sus Movimientos y de las Instituciones que la Iglesia promueve e inspira\" (3).
Para lograr esa verdadera imagen, se mostró la validez de tres medios principales: a) la Comunidad cristiana de base; b) la formación personal y c) la revisión de las instituciones. Se marcó la prioridad de acción a las dos primeras, aunque la tercera quedaba como un permanente desafío para ser imagen evangelizadora y servidora de la humanidad, que pretendía Chillán.
Con el afán de promover la comunidad cristiana de base, se enfocó el desarrollo de la Catequesis, de la Liturgia, la organización eclesial, el ministerio sacerdotal y la vida religiosa.
Frente a los profundos cambios ideológicos y de estructuras de la sociedad, era también necesario que los miembros de la Iglesia tomaran posiciones más conscientes y vieran con claridad sus tareas. Por esto, se describieron ampliamente las tareas del laico, acentuando la animación cristiana del orden temporal, como su manera peculiar de servir a la humanidad y, en esa misma perspectiva, se mostró el extenso campo de acción y reflexión que tienen en los Movimientos apostólicos y en las Parroquias, ante un mundo en plena transformación.

Medellín
Durante ese mismo año 1968, se realizó en Medellín la II Conferencia general del Episcopado Latinoamericano. Los puntos tratados en Chillán fueron más desarrollados aún, confirmándose la línea pastoral del Episcopado chileno.
Sin embargo, ese año la influencia de Medellín fue escasa por dificultades de información y no contarse con posibilidades fáciles de obtener los textos de las Conclusiones. Promover su reflexión y aplicación es una tarea actual todavía.

Asamblea Plenaria de La Serena - Junio de 1969
En junio de 1969, se reunió en La Serena la Asamblea Plenaria del Episcopado. Allí se retomaron las prioridades de Chillán y volvieron a proponerse como orientaciones pastorales las Comunidades cristianas de base y la formación personal. Esto se hacía ya con una experiencia vivida de ensayos y realidades que se habían estudiado en varios puntos del país, sea respecto de las Comunidades cristianas de base como en el campo de la formación de laicos. (Sobre este punto, la Oficina de Sociología Religiosa realizó en 1969 un estudio en Chile sobre todos los centros de formación de laicos).

Orientaciones Pastorales de la Asamblea Plenaria de Concepción

Introducción

Antes de ofrecer textualmente las Orientaciones pastorales de Concepción, es conveniente hacerlas preceder de una breve fundamentación, para una mejor comprensión de ellas mismas.
Si se propicia el cambio social y se propone una atención especial a quienes más influyen en él, no se hace por un oportunismo fácil o por una secreta búsqueda de poder. \"La Iglesia no ambiciona otro poder terreno que el que la capacita para servir y para amar\", según el plan de Jesucristo, y lo que desea es compartir con los hombres de su tiempo los sufrimientos y las búsquedas positivas, para apoyarlas, confirmando así su esfuerzo hacia la prosperidad, la libertad y la paz (4). Esta preocupación nace del servicio mismo que la Iglesia debe realizar frente al mundo y su compromiso es una consecuencia de la liberación de Cristo, que anuncia y comunica.
La redención de Cristo quiere alcanzar al hombre en toda su realidad y a la comunidad humana en todas sus expresiones. Liberando a los hombres del pecado, Cristo quiere liberarlos de todas las esclavitudes provenientes de él.
El mensaje de Cristo conduce al hombre a su liberación y si bien esta liberación no será plena sino en el futuro escatológico, cuando el hombre adquiera toda su dimensión en el Reino de Dios, ya en el tiempo presente debe ser un germen que haga al hombre más persona y a la comunidad humana más fraternal. Si el Evangelio llega al oprimido y al que sufre y no lo hace más persona, más consciente de sus límites, más dueño de su destino, más responsable de sus hermanos, más lúcido y firme en la lucha por el establecimiento de la verdadera justicia, quiere decir que este mensaje no lo ha tocado profundamente o ha sido una nueva forma de enajenación. Ante situaciones de injusticia y de dolor, el Evangelio es necesariamente un fermento que impulsa al cambio y a la superación (5).
Pertenece a la misión de la Iglesia exorcizar el mar, contraponiéndose el Espíritu de Cristo. La expulsión de los demonios, de que habla el Evangelio (Mc. 3,13), encierra la función de \"argüir al mundo de pecado\" (Lumen Gentium, 35; Jo, 16,8), de denunciar todo aquello que contradice la verdad de Dios y su pensamiento acerca de los hombres (cf. Jo. 3,19-21). Pero esta denuncia no significaría una acción eficaz si la Iglesia no hiciera todo lo que está de su parte a través del impulso comunicado a sus miembros, para que la mentira, la injusticia, el pecado, sostenidos a veces por la institución social, desaparezcan y den paso a una nueva situación caracterizada por la fraternidad, la justicia, la verdad y la caridad. Aún más, será el trabajo positivo de hacer el bien lo que vencerá el mal (6). Así queremos alcanzar que Cristo sea todo en todos, como suprema meta de liberación (cf. Col. 3,11).
Al evangelizar, la Iglesia sigue a su Señor, el cual está misteriosamente presente en los justos anhelos de los hombres y lo llaman para que acuda allí a manifestar con claridad su presencia. En esta acción, pues, Ella debe asumir las aspiraciones del hombre, los signos de los tiempos, para darles un sentido de renovación y esperanza. El hombre de hoy sufre una profunda inquietud de búsqueda. El deseo de verse realizado como persona, la angustia de la soledad, la búsqueda incesante de la solidaridad y fraternidad, la conciencia, de ser más, son algunas de las aspiraciones latentes de los hombres. En cada una de estas situaciones, hay una presencia o una ausencia de Cristo (7).
Por esto, Concepción se preocupó en describir qué es la evangelización, y la expresó de la siguiente manera:
Proceso o acción de la Iglesia para invitar al hombre al encuentro vivencial y explícito con Cristo Salvador, presente hoy en la historia, en las personas y en la comunidad eclesial.
En relación con la promoción humana, no hay que confundirla con ella. La Evangelización compromete, eso sí, a una acción de liberación integral y de promoción humana en toda su dimensión.
La Evangelización debe realizarse simultáneamente con la catequesis y sacramentación; no se suceden unas a otras como etapas yuxtapuestas; pero la evangelización tiene un valor de prioridad en la planificación pastoral. No basta con evangelizar el catequizar y sacramentar. Es necesaria una acción de la Iglesia que proyecte la fe en los diversos medios de vida y durante toda la vida de la persona (8).

Criterios Básicos (9)

En las comisiones de la Asamblea, quedó de manifiesto el deseo de los Obispos de asumir compromisos concretos para hacer presente la Iglesia en los medios sociales más vitales.
Los criterios orientadores de estas opciones son los siguientes:
Insistir en la Evangelización de aquellos ambientes más dinámicos, que implican una mayor influencia en los procesos de cambio de la sociedad (juventud, mundo rural, obrero, universitarios, periodistas, intelectuales, artistas y profesores).
Que las opciones pastorales se tomen con visión de futuro, apuntando a la proyección con que se puede prever la precipitación de los acontecimientos.

Pauta de reflexión acerca de estos criterios básicos
Nota previa. Toda la reflexión en torno a los acuerdos y orientaciones de Concepción debe hacerse teniendo en cuenta estos dos criterios básicos, de tal manera que nunca está ausente la perspectiva que ellos ofrecen.

Respecto del primer criterio:
Se trata de dirigirse a aquellas personas que mueven, o serán capaces de mover, esos medios más dinámicos y que son principio activo en la construcción de un humanismo positivo.
Hay que ubicar esas personas no sólo con criterios de eficacia actual, sino sobre todo descubrir aquéllas que Dios quiere destacar para hacer maravillas (cf. Lc. 1,49): \"Dios elige a lo insignificante para confundir el poder del mundo\" (1 Cor. 1, 27).
La vitalidad y esperanza cristianas, necesitan penetrar y proyectarse en la vitalidad y esperanza humanas. Si el cristianismo no se concreta, en su tarea de romper la injusticia y traer la justicia y la verdad, se desfigura (cf. Medellín. 2, 16-18).

Tareas que es preciso realizar:
La ubicación de los ambientes y de esas personas supone un estudio particular en cada diócesis (cf. nn. 18 y 19).
Lograr que el \"mensaje\" cristiano explicite la relación entre liberación de Cristo y liberaciones humanas (cf. nn. 10 y 11).
Formar cristianos que se comprometan en una acción liberadora, que tenga como fundamento su mismo cristianismo.
Es importante elaborar o expresar una espiritualidad del evangelizador, a partir de la tarea misionera que imponen los criterios pastorales aducidos. La acción pastoral condiciona y exige una actitud interna. Por esto, el evangelizador debe:
Ser un contemplativo de la Palabra de Dios. Penetrar en la mentalidad de Jesús y entender el Mensaje de Salvación son condiciones previas para evangelizar. Significa tener una verdadera vida de oración, silencio interior, conversión verdadera al Señor.
Vivir el misterio de Fe que es la Iglesia, en su cruz, en su resurrección, en sus grandezas y limitaciones.
Vivir en comunión con los hombres. Conocer las aspiraciones del hombre contemporáneo y, sobre todo, la realidad del corazón humano.
En resumen, un evangelizador debe ser el \"contemplativo del hoy de Dios\".

Respecto del segundo criterio básico se sugieren los siguientes puntos de elaboración:
Esbozar una visión del futuro. Es necesario reflexionar sobre la nueva situación hacia la cual Dios conduce a la humanidad, solicitando nuestra acción. Hay que reflexionar, pues, en un doble aspecto: hacia dónde parece ir, de hecho, la sociedad y hacia dónde debería ir, según los deseos de Dios.
Es necesario que la Iglesia, sus personas e instituciones vayan adquiriendo los rasgos que parecen pedir las nuevas circunstancias, así como el aporte que Ella debe dar como instrumento de Cristo (10).

En cuanto a esos dos puntos, se sugiere la consideración de algunos aspectos:
En el momento actual pesa demasiado sobre el cristiano lo que san Juan llama el \"mundo\" (cf. 1. Jo. 2,15). Este se caracteriza hoy, entre otras cosas, por una acentuación del erotismo, de un apego excesivo a los bienes de consumo, confianza ilimitada en las fuerzas del hombre, visión técnico-científica deshumanizante, situación de injusticia y miseria, fruto del pecado; etc.
Así el cristiano no encuentra apoyo para mantener su Fe, liberarse a sí mismo y ser capaz de liberar a los demás. Esto exige un nuevo estilo de formación de los cristianos para hacerlos capaces de cumplir sus tareas.
Debe tenerse muy en cuenta que por un período, cuya duración sólo Dios sabe, tendremos una Iglesia con pocos sacerdotes.
Esto nos obliga a acentuar la formación de laicos. Sólo de un laicado cristianamente maduro podemos esperar en el futuro una renovación profunda de la Iglesia, en que pueda manifestarse nuevamente la riqueza del Espíritu, en carismas y ministerios (cf. n. 36. 1).

Resoluciones concretas (11).
La Conferencia Episcopal, a través de su Comisión Pastoral, tendrá especialmente presente los ambientes obrero, rural y universitario. En un contacto vivo con representantes de sus inquietudes, buscará los caminos para promover los valores humanos y cristianos que ellos deben desarrollar frente al momento histórico del país.
En cada diócesis, el Obispo y su equipo de pastoral estudiarán y fijarán prioridades pastorales según los puntos claves de mayor influencia en el cambio social de la zona, destacando para este efecto los mejores elementos al servicio de dichas prioridades.
El Obispo estará cerca y buscará apoyar especialmente la labor de las personas (sacerdotes, religiosos y laicos) que están más comprometidos en dichos puntos clave del cambio social.
Que se detecten y se dé importancia pastoral a las personas que por vocación ya tienen funciones como líderes de la sociedad.
La revisión pastoral de las reuniones de Provincias Eclesiásticas se hará a la luz de estos acuerdos.

Pauta para una reflexión pastoral
Al hacer las revisiones pastorales precedentes, conviene preguntarse sinceramente cuál ha sido hasta ahora el aporte de la Iglesia en lo que se refiere a los necesarios cambios sociales, ¿los ha favorecido, los ha ignorado, o los ha dificultado? ¿Por qué? ¿Ha formado personas comprometidas, y cuyo compromiso sea un testimonio de fe en Cristo?

Confrontación de las orientaciones con algunas líneas pastorales anteriores
Introducción
La Asamblea Episcopal hizo una análisis de la situación real en cuanto a evangelización, catequesis y sacramentación, consciente de la necesidad de adecuar la Iglesia al proceso de cambios que sugiere Medellín. La Iglesia debe enfrentar esta situación con estructuras pastorales aptas, renovándolas para satisfacer las exigencias de las situaciones concretas, pero con los ojos puestos en la naturaleza de la Iglesia, misterio de Comunión en Cristo. En ese sentido, se hicieron constataciones de hecho, y proposiciones en lo que respecta a la Acción Católica, a las Comunidades de Base y a las Parroquias, que fueron resumidas por la misma Asamblea en los puntos que siguen.

Acción Católica
Constataciones de hecho (12):
Existe un deterioro de la A.C. Tiene disminución de asesores y dirigentes. Dejó de ser una acción universal y quiere apoyar solamente a dirigentes comprometidos.
Existe una confusión acerca de la misión de la Iglesia: en nombre de ella se trabaja sólo en lo temporal. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la A.C. ha puesto en contacto a la Iglesia con la realidad de los ambientes más vitales y ha ayudado en el interior de Ella a las transformaciones más importantes.
A los asesores les ha faltado un real contacto con los demás sacerdotes, especialmente los párrocos.
Como una orientación de carácter general, se considera fundamental que sigan existiendo organizaciones formadoras de personas evangelizadoras (13).
Proposiciones concretas (14): Que la Comisión Pastoral de Obispos dialogue con dirigentes y asesores nacionales de la A.C. para estudiar los siguientes puntos:
Concepto de Evangelización, Catequesis, Sacramentación, Liberación, Concientización, etc.
Buscar el tipo de relación entre la Acción Católica y la Jerarquía.
Ver en qué diócesis trabajará preferentemente cada movimiento.
Estudiar las relaciones entre Comunidades Cristianas de Base y la Acción Católica.

Pautas de reflexión
La misión de \"santificación del mundo\", propia de todo el Cuerpo de Cristo, la realiza en forma peculiar el laicado de la Iglesia. Esto supone una Iglesia en que los valores de los laicos cobren toda su vitalidad para hacerlos capaces de evangelizar, de actuar directamente en el orden temporal, conforme al Evangelio y mente de la Iglesia (cf. Lumen Gentium, 34; Laicos 6-7). ¿Cómo, entonces, hacernos capaces de formar personas y comunidades que viven en el mundo, participando en sus tareas plenamente y con la fuerza y el dinamismo de la Fe?
De esta manera pueden proponerse algunas tareas concretas:
Así como se ha dado un encargo a la Comisión Pastoral con puntos precisos de reflexión, parece muy importante que ese diálogo pueda también realizarse en cada diócesis entre el Obispo y los asesores y dirigentes de A.C. de esa localidad.
Promover conversaciones entre asesores de A.C. y otros sacerdotes para coordinar esta acción pastoral.
Estudiar concretamente las experiencias y posibilidades de asesores laicos y de asesoras religiosas para complementar la visión y las proyecciones de la asesoría de la A.C.
¿Cómo optar decididamente por la formación de laicos, específicamente en los movimientos de A.C.) (15).
¿Cómo encontrar y señalar caminos para lograr que el laico se comprometa con la situación social y comunitaria, partiendo de una fe madura? (16).
Organizar cursos y seminarios de formación y capacitación de laicos y que allí se produzca un encuentro entre militantes de A.C. y de otros movimientos o de apostolado no organizado para confrontar también las tareas comunes de los laicos.

Comunidades Cristianas de Base
Constataciones de hechos (17):
Se constata que las Comunidades Cristianas de Base, aún nacientes, están surgiendo en diferentes partes. Habrá que esperar mucho tiempo para verlas en sus frutos reales.
Las Comunidades Cristianas de Base tienen por misión reconstruir las Iglesia de hoy, partiendo desde abajo.
Existe el peligro de agrupar a los \"verdaderos cristianos\" en ghettos, descuidando la pastoral de masas.

Proposiciones (cf. Concepción, n. 76):
Capacitar en las diócesis promotores de Comunidades Cristianas de Base.
Establecer diálogos entre dirigentes de Acción Católica y de Comunidad Cristiana de Base.
Efectuar reuniones diocesanas y de Provincias Eclesiásticas, para revisar la marcha de la Comunidades Cristianas de Base y hacer material guía de reuniones.
La Comisión Pastoral del Episcopado aprovechará las experiencias recogidas de las diócesis sobre Comunidad Cristiana de Base, con el objeto de ofrecer servicios que puedan apoyar el trabajo de otras diócesis o Provincias.

Pautas de reflexión
La comunidad cristiana de base es una comunión de personas (cf. Medellín 15, 6-7), que participan de la misma Fe en Cristo resucitado, de la misma Palabra, de la misma misión salvadora y, por último, de la misma Eucaristía. Cabe preguntarse, ¿son las comunidades cristianas de base una auténtica comunión de personas o es una simple reunión de ellas? ¿Cómo se expresa dicha comunión?
La comunidad cristiana de base debe estar abierta a la catolicidad, es decir, a la comunión con las demás comunidades de la Parroquia, de la diócesis, de la Iglesia entera. También debe estar abierta a colaborar con la Acción Católica y oros grupos apostólicos.
¿Cómo se realiza esta comunión y colaboración con otras comunidades, con la Acción Católica y demás movimientos apostólicos?
La comunidad cristiana de base es parte de la Iglesia servidora de todos los hombres y, por eso, debe estar siempre preocupada de los problemas de la comunidad humana a la cual pertenece. Allí debe servir con el espíritu del Evangelio todos los justos anhelos humanos. ¿Muestran las comunidades cristianas que han tomado conciencia de su llamado a servir a los hombres, colaborando en sus instituciones?
En La Serena, los Obispos decían de la comunidad cristiana de base: \"...queremos concederle toda la urgencia que los signos de los tiempos reclaman para ella, y consagrarle, junto a la formación de personalidades cristianas, nuestros mejores esfuerzos\" (18).
¿Cuáles han sido las experiencias realizadas? ¿Cómo se pueden calificar? ¿Cómo proyectarlas con nuevo impulso en sus fases de iniciación y de crecimiento?
¿Las Parroquias y las Misiones han orientado sus tareas a impulsar grupos iniciales de comunidades cristianas de base?
¿Se conocen experiencias de comunidades cristianas formadas espontáneamente por laicos? ¿Qué vinculación tienen con la Jerarquía y demás comunidades?

Parroquia
Teniendo presente que el actual método misional se desarrolla por medio de grupos de evangelización y reflexión, que conduce, en un número apreciable de casos, a iniciar comunidades cristianas de base, se vio necesario complementar este aspecto tratando también de las Parroquias, cuyo hombre clave es el Párroco (19).
Orientaciones Generales. Se trata más bien de acentuar la línea de la Evangelización y de tener sacerdotes que atiendan mejor las Comunidades Cristianas de Base y los Movimientos apostólicos, que de crear nuevas parroquias o de proveer las que estén vacantes (20).

Proposiciones (21):
Durante el curso de este último tema, se recalcó la conveniencia de hacer responsables a los laicos de las tareas administrativas de la Parroquia, y de que asuman los ministerios que puedan realizar, en previsión del futuro con menos sacerdotes. Indudablemente, además habrá que matizar estas resoluciones, según se trate de parroquias rurales o urbanas.
Formar equipos de sacerdotes y religiosas que tengan como tarea educar, en un tiempo determinado, los laicos que puedan seguir sustentando la comunidad parroquial.
Centralizar la administración de algunos sacramentos.
Centralizar los archivos.

Pautas de reflexión
¿La Parroquia continúa aún centralizando su actividad en la sede parroquial o se ha abierto ya para considerar la atención y promoción de la vida de ella en grupos, sectores, barrios, capillas? Es decir, ¿se ha abierto para iniciar grupos de culto, evangelización, apostolado, que puedan ser comienzos de comunidades cristianas de base? (22).
¿Cómo se configura, con esta nueva modalidad, el trabajo de la sede parroquial?
La Parroquia debe estar integrada en la pastoral del Decanato, considerado la unidad pastoral básica (23). ¿Cómo se está haciendo esta integración? ¿En qué se traduce prácticamente: comunión del Presbiterio, solidaridad en la responsabilidad pastoral, comunión de los tres ministerios, plan común, prioridades, metas, servicios comunitarios, jornadas de oración y estudio; etc.?
El Vaticano II (Apostolado laico, n. 26) recomienda la constitución del Consejo pastoral parroquial. En cada diócesis, deben darse orientaciones para sus funciones (programación apostólica según las líneas pastorales comunes a la diócesis, decanato, coordinación de actividades eclesiales, composición del Consejo, duración; etc.). ¿Cómo han resultado las experiencias realizadas hasta ahora?
Revisar las experiencias -resultados positivos y negativos- de aquellas parroquias que no cuentan normalmente con la atención de un párroco y han sido confiadas a un diácono o una comunidad de religiosas (cf. Medellín, 15).
¿Cuenta la Parroquia con algunas estructuras para la formación de laicos? ¿Qué resultados se han visto al evaluarlas? ¿Cómo podrían crearse dichas estructuras, en caso que faltaran?
¿Han surgido en la Parroquia, o por sobre ella o más allá de ella, otras instituciones u organismos pastorales que desarrollen su acción en un campo más amplio o en grupos especializados?

Breve informe sobre otros puntos tratados
Sugerencias acerca de la sacramentación
A pesar de todos los esfuerzos de renovación pastoral de los últimos años, prevalece entre nosotros una pastoral sacramentalista, y sigue siendo necesario un énfasis en la previa evangelización (Cf. Med. 6, 1-3). Por otra parte, es un hecho que son muchas las personas que toman contacto con la Iglesia por razón de la sacramentación.
En esta perspectiva, parece conveniente trabajar para que la pastoral sacramental sea una ocasión para la educación de la fe de los que participan en ella. Para lograr este objetivo, la Asamblea de Concepción elaboró un documento en el que se contienen sugerencias para una pastoral adecuada de los sacramentos del Bautismo, Eucaristía y Confirmación. También se dan algunas indicaciones respecto del Matrimonio. Estas orientaciones fueron enviadas a los Consejos pastorales y de Presbiterio, los cuales enviarán sus aportes a la Comisión Pastoral del Episcopado, que ha sido encargada de redactar un Directorio Pastoral de Sacramentos.

Nuevos estatutos de la Conferencia Episcopal
Sobre la base de un proyecto presentado por una comisión especializada, se redactó un documento que consta de 40 artículos divididos en nueve capítulos. Los elementos de especial novedad de este documento son:
El aspecto teológico-pastoral de la misión colegiada de la Conferencia;
La estructuración de un Comité Permanente más reducido y más dinámico, fundado más que en la representatividad local, en la operabilidad pastoral, y
Una Comisión Pastoral encargada de coordinar y promover la acción pastoral en tres áreas: la eclesial, la promocional y la personal.
Estos Estatutos ya fueron aprobados por la Santa Sede por cinco años \"ad experimentum\".

Sínodos celebrados en Chile después del Concilio Vaticano II
(Por orden cronológico)
Santiago VIII Sínodo 1967-1968
Linares 1967
Temuco 1968
Ancud V Sínodo 1968
Araucanía 1968
Concepción VI Sínodo 1968
Rancagua 1968
Osorno 1968
Talca 1969
Puerto Montt II Sínodo 1969
Valdivia 1969
Chillán 1969

NOTAS A PIE


1 cf. Sacrosanctum Concilium. N. 6.
2 cf. Gaudium et Spes. N. 40.
3 Orientaciones Pastorales. Asamblea Plenaria del Episcopado chileno. Chillán, mayo de 1968. P. 6. (Se citará después como Chillán).
4 cf. Pablo VI. Discurso de 21 de noviembre de 1964. Concilio Vaticano II. BAC. 4ª ed., pág. 1.036, n. 16.
5 cf. Alienación y liberación. Relación presentada en Concepción por el Sr. Cardenal Raúl Silva Henríquez (\"Interpretación cristiana del proceso de liberación\").
6 ib. (\"Iglesia y liberación\").
7 \"Evangelización -Catequesis- Sacramentación\". Relación presentada en Concepción por Mons. Carlos González.
8 Asamblea Plenaria del Episcopaod de Chile. Concepción, 1970. N. 66. (Se citará después como Concepción).
9 ib., n. 69.
10 Chillán. P. 7.
11 Concepción. N. 70. 1-5.
12 ib. n. 73.
13 ib.
14 ib., n. 74.
15 cf. Chillán. Pp. 25-26.
16 cf. Chillán. Pp. 24-25; cf. Orientaciones Pastorales II. La Serena, junio de 1969, pp. 62-64. (Se citará después como La Serena).
17 cf. Concepción n. 75; Chillán. Pp. 6 y 8-11; Medellín. 15, 10-12; La Serena, passim.
18 cf. La Serena. p. 13.
19 Concepción. N. 76.
20 ib. n. 77.
21 ib. n. 78.
22 Chillán. Pp. 11 y 26; La Serena. pp. 10-11.
23 Chillán. P. 11.