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\"Jesucristo ayer, hoy y siempre\" (Cf.He 13,8). Caminando hacia el tercer milenio

Orientaciones Pastorales 1996-2000
Fecha: 15/08/1995
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Conferencia Episcopal de Chile


Presentación

Con alegría y esperanza presento estas Orientaciones Pastorales que introducirán a la Iglesia de Chile en el Tercer Milenio de nuestra fe. Con alegría, porque estas Orientaciones han sido redactadas después de un largo período de escucha y de maduración, acogiendo las opiniones de cientos de comunidades y los aportes de la totalidad de los Obispos del país. Con esperanza, porque la propuesta que brota de estas Orientaciones puede impulsamos decisivamente por los caminos de la Nueva Evangelización, que incluye la renovación de nuestra Iglesia.

Al redactarlas nos hemos sentido reconfortados e impulsados por el magisterio del Santo Padre, tanto en sus mensajes a la Iglesia en Chile, como en su carta programática sobre el Tercer Milenio. También nos hemos inspirado en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo que nos llama a inculturar el Evangelio, y a preocupamos con más ahínco de la promoción de los pobres y marginados.

Emprendemos el camino hacia el Tercer Milenio de la mano de Jesús. Lo hemos descubierto caminando a nuestro lado en medio de nuestras búsquedas acuciantes. Lo hemos escuchado mientras abría nuestros ojos a la lógica de Dios en las Santas Escrituras. Le hemos rogado que se quede con nosotros cada vez que el sol se ponga. Nos hemos sentado con Él a la mesa de su amor, y hemos reconocido su presencia al partir el pan. Por eso, nos apresuramos a volver a nuestras comunidades a proclamar con entusiasmo: \"es verdad: ¡Él ha resucitado!\"

Para proclamar que Jesús es el Señor nos hemos imbuido del Espíritu de Emaús. Es el texto evangélico que inspira nuestras Orientaciones Pastorales, porque en la Conferencia de Santo Domingo fue presentado como el modelo ejemplar de la Nueva Evangelización.

Efectivamente, contiene una pedagogía hermosa y actual que nos permitirá, con la bendición de Dios, acoger el señorío de Jesús en todos los aspectos de la vida. Así podremos dar un paso más en la confesión de su Nombre y de su Misterio, que es el mejor aporte que la Iglesia puede hacer a una humanidad en profundo cambio cultural y sedienta de sentido.

Estas Orientaciones Pastorales se proponen, igual que siempre, como un aporte para que cada hermano Obispo redacte el proyecto pastoral de su propia Diócesis. Sin embargo, también se ofrecen a las Comunidades Cristianas, a los Movimientos Apostólicos ya todos aquellos que deseen sentir con la Iglesia y conocer más de cerca el pensamiento y el proyecto de los Obispos de Chile.

Al entregar este hermoso texto invoco, con afecto, la bendición de nuestro Dios para todos aquellos que peregrinan en la Iglesia en Chile, y la protección maternal de María para quienes han consagrado su vida a Dios y tienen el ministerio de presentar el rostro de Jesús a sus hermanos.

† Fernando Ariztía Ruiz
Obispo de Copiapó
Presidente Conferencia Episcopal de Chile



Santiago, 15 de agosto de 1995
Fiesta de la Asunción de María Virgen.




ÍNDICE

I INTRODUCCIÓN (nn. 1-14)
1. El ejemplo de nuestros santos (nn. 4-10)
2. Orientaciones Pastorales: al servicio de la Nueva Evangelización (nn.11-14)

II CAMINANDO CON JESÚS (nn. 15-38)
Emaús: una perspectiva para continuar la marcha
- \"Iban camino de Emaús\" (nn.17-18)
- \"Jesús en persona se les acercó y caminó con ellos\" (nn. 19-21)
- \"Jesús les explicó en todas las escrituras lo que se refería a Él\" (nn. 22-25)
- \"Quédate con nosotros porque ya se hace tarde\" (nn. 26-27)
- \"Lo reconocieron en la fracción del pan\" (nn. 28-33)
- \"Inmediatamente desapareció de sus ojos\" (N. 34)
- \" Al instante ellos partieron\" (nn. 35-38)

III \"¿DE QUÉ VIENEN CONVERSANDO?\" (nn. 39-92)
Interpelaciones a la Iglesia en este cambio de siglo
1. Una Iglesia más cerca de Jesucristo, misionera y al servicio de los hombres (nn. 42-48)

2. La evangelización ante un cambio cultural (nn. 49-72)
a) Cultura plural y secularizada (nn. 51-54)
b) Cultura que clama por el Evangelio de la Vida (nn. 55-57)
c) Cultura de la imagen (nn. 58-59)
d) Cultura de la solidaridad. Interrogantes del mundo económico y compromiso con los pobres (nn. 60-68)
e) Cultura ecológica (nn. 69-72)

3. - Familia, Personas y Educación (nn. 73-92)
a) La familia (nn. 74-77)
b) Niños, adolescentes y jóvenes (nJl. 78-82)
c) La mujer (nn. 83-85)
d Los adultos mayores y los ancianos (nn. 86-87)
e) La Educación (nn. 88-92)

IV \"ELLOS CONTARON LO QUE LES HABÍA PASADO\"
Líneas Pastorales (nn. 93-163)
1. Anuncio de Jesucristo y espíritu misionero (nn. 94-102)
a) La familia evangelizada y evangelizadora (nn. 103-106)
b) Los jóvenes, protagonistas de la Nueva Evangelización (nn. 107-109)
c) Vocaciones de especial consagración para una Iglesia misionera (nn.110-113)
2. Formación y Catequesis (nn. 114-122)
3. Vida espiritual y litúrgica (nn. 123-131)
4. Compromiso con los pobres y solidaridad (nn. 132-142)
5. Evangelización de la cultura y comunicación social. (nn.143-152)
6. Comunión y reconciliación (nn. 153-163)

V. CON MARÍA NOS PREPARAMOS PARA EL TERCER MILENIO (nn. 164-167)


I. INTRODUCCIÓN

1. En las postrimerías del siglo XX, quisiéramos prepararnos como Iglesia para encarar el nuevo milenio. Con las presentes Orientaciones Pastorales deseamos irnos disponiendo a la celebración del Gran Jubileo del año 2000 al que nos ha convocado SS Juan Pablo II (1). Estas orientaciones, en continuidad con las anteriores, pretenden aplicar de la manera «más fiel posible las enseñanzas del Vaticano II a la vida de cada uno y de toda la Iglesia», sabiendo que ésta es «la mejor preparación a ese Jubileo» (2).

2. El Santo Padre -en nuestra última visita “Ad limina Apostolorum”, Octubre 1994-, hizo alusión a nuestras anteriores Orientaciones Pastorales. Junto con expresar su satisfacción porque ellas están dirigidas a la Nueva Evangelización, el Papa nos expresó que \"la unidad mostrada en esta programación ofrece la imagen de un Episcopado atento a los signos de los tiempos, que con afecto colegial, se decide a escrutar y responder a los designios de Dios. De esta manera podéis conducir a vuestros fieles hacia la santidad, vocación última de todo cristiano\" (3).

3. La aplicación de las presentes Orientaciones debe ayudarnos en el cumplimiento de nuestra misión de ser instrumentos en las manos de Dios para conducir el pueblo de Dios a la santidad.
Ellas nos ayudarán a abrimos a las mociones del Espíritu para discernir la presencia del Señor -o su olvido y rechazo- en medio de nuestra sociedad, y así poder suscitar “el encuentro de cada hombre con el Dios vivo y verdadero” (4).


1. El ejemplo de nuestros santos

4. Hemos sentido renovada nuestra vocación bautismal a la santidad con el testimonio de tres compatriotas que han sido elevados a los altares (5). El ejemplo de estos hermanos nos muestra de modo concreto cómo se puede, en este tiempo, amar y servir a Dios heroicamente y cómo podemos amamos y servimos unos a otros. Somos testigos de los frutos de conversión y acercamiento a Dios que se producen en los santuarios dedicados a ellos.

5. En Santa Teresa de Jesús de Los Andes, la primera santa chilena, queda de manifiesto que la santidad es don de la gracia y de la iniciativa de Dios. En ella se enaltece la dimensión contemplativa de la vida cristiana y resplandece el Señor como único absoluto que llena de sentido la existencia humana.

6. El Santo Padre nos señaló que “a una sociedad secularizada, que vive de espaldas a Dios, esta carmelita chilena..., modelo de la perenne juventud del Evangelio, ofrece el límpido testimonio de una existencia que proclama a los hombres y mujeres de hoy que en el amar, adorar, y servir a Dios están la grandeza y el gozo, la libertad y la realización plena de la criatura humana. La vida de la bienaventurada Teresa grita quedamente desde el claustro: ¡Sólo Dios basta!” (6).

7. En un momento en que hemos tomado conciencia de la importancia de apoyar la familia y la formación de los niños, la Beata Laura Vicuña -que ofreció su vida al Señor por la salvación de su madre- adquiere una especial significación. Esta niña vivió en su propia carne los problemas familiares. Su oración infantil y su sacrificio fueron fecundos para resolver esos problemas. Como nos dice el Papa, ella enseña que \"el ideal de inocencia y de amor, aunque denigrado y ofendido, al final resplandecerá e iluminará los corazones\" (7)

8. En el bienaventurado P. Alberto Hurtado, \"signo preclaro de la nueva evangelización\" (8), se nos ha dado una muestra de lo que debe ser hoy un apóstol de Jesucristo.

9. Las palabras del Papa resumen la significación de este sacerdote. En él \"se nos presenta un religioso ejemplar... que supo unir una profunda vida espiritual y una gran fecundidad apostólica. Modelo de comunión en la Iglesia, de ejercicio del ministerio sacerdotal, de atención a los grandes cambios culturales de su tiempo y de extraordinaria sensibilidad social, es también un prototipo por su trabajo creativo en la formación y promoción del laicado\" (9) y en el discurso que nos dirigió con ocasión de la visita \"Ad limina\", el Papa nos dijo: \"Os servirá de inspiración y guía el testimonio y la enseñanza del P. Alberto Hurtado... Que él, con su intercesión, os impulse a llegar al corazón de vuestros hermanos\" (10).

10. Nuestra santa y nuestros beatos tuvieron en común su seguimiento radical de Jesucristo en la Iglesia. Mirando su ejemplo queremos volvemos nuevamente a Jesús, escuchar sus palabras, aplicar su pedagogía, imitar y seguir el camino de su vida. A la intercesión de estos testigos de Dios encomendamos las presentes orientaciones para que ellas den los frutos abundantes que todos esperamos.

2. Orientaciones Pastorales al servicio de la Nueva Evangelización

11. El Papa Juan Pablo II, con ocasión del quinto centenario de la evangelización de América Latina y en el umbral del tercer milenio de la fe cristiana, ha convocado a la Iglesia a un renovado esfuerzo misionero. Puso así a la Iglesia en estado de Nueva Evangelización. Como fruto de esta convocación, la Conferencia General del Episcopado latinoamericano, reunida en Santo Domingo en Octubre de 1992, entregó conclusiones que constituyen una fuente inspiradora para nuestra acción pastoral en los próximos años, en el ámbito de la Nueva Evangelización, de la Promoción Humana y de la Cultura Cristiana.

12. Estas Orientaciones Pastorales, al igual que las anteriores responden a esta convocatoria y quieren ser un aporte para realizar en Chile la Nueva Evangelización. Así, nuestra Iglesia, renovada en su espíritu misionero, emprende con ,\"nuevo ardor, nuevos métodos, y nueva expresión\" su tarea apostólica acompañando, inspirando y corrigiendo las grandes búsquedas humanas, como lo hizo el Señor camino de Emaús.

13. Asumimos las directivas dadas por el Santo Padre en la Carta Apostólica \"Tertio millennio adveniente\" y nos comprometemos a realizar el programa espiritual y pastoral que ahí se señala. Ese programa comprende una primera etapa de sensibilización(1995-1996) y un trienio(1997-1999) dedicado a la Santísima Trinidad y orientado a la \"celebración del misterio de Cristo Salvador\" (11). Nos prepararemos así a la celebración del Jubileo del año 2000 que será un año de gracia, de alegría, de santificación y de justicia (12). Estaremos atentos a las sugerencias de reflexión y acción que irán llegando de la Santa Sede y procuraremos aplicadas a nuestra realidad concreta (13), para lo cual procuraremos estar abiertos a lo que el Señor nos dice desde nuestra situación vista con los ojos de la fe de la Iglesia. En particular SS Juan Pablo II ha querido dedicar los últimos tres años del siglo a las divinas personas del Hijo, del Espíritu Santo y del Padre, profundizando en las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad y en los sacramentos de la Iniciación Cristiana (14).

14. Las presentes Orientaciones Pastorales son fruto de una elaboración realizada en espíritu de comunión, y constituyen un marco de referencia común asumido por los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal. Ellas son un servicio ofrecido a las Iglesias particulares que peregrinan en Chile, para ayudarlas a elaborar sus propios planes pastorales. Contribuyen ,también a unificar criterios y a crear una pastoral de conjunto en nuestra Patria respetando las legítimas diferencias. No pretenden sustituir la competencia y responsabilidad propias de cada Obispo diocesano.

II. CAMINANDO CON JESÚS

EMAÚS: Una perspectiva para continuar la marcha

15. Poniendo nuestros ojos en Cristo queremos aprender de Él el modo de evangelizar, empapándonos de sus palabras y su estilo. El episodio de los discípulos de Emaús (15) permite contemplar a Jesús resucitado anunciando la Buena Nueva. Ahí se presenta un resumen del Kerygma o primera enseñanza de los Apóstoles. En este relato, San Lucas, de una manera profunda e intensamente humana, nos despliega los puntos esenciales del Misterio Pascual y sus consecuencias para la vida cristiana. Nos explica la pedagogía de Jesús y los efectos que ella produce en los discípulos (16). Esta presencia del Resucitado no sólo transforma nuestra vida en esta tierra, sino que hace presente en medio de lo cotidiano la dimensión del Reino definitivo que no conoce término (17).

16. El camino recorrido junto al Maestro tiene las características de un nuevo éxodo liberador que purifica y fortalece la fe, integra en la comunidad eclesial y llena de sentido y esperanza la vida.

\"Iban camino de Emaús\" (18)

17. La muerte de Jesús y el hallazgo del sepulcro vacío rompieron muchas esperanzas. Los discípulos, que tuvieron siempre dificultad para comprender que su Señor \"tenía que padecer mucho y ser entregado\" (19), no pudieron seguido hasta la cruz (20). En el Calvario ellos perdieron su ilusión frente a Cristo y, en consecuencia, también frente a su proyecto: el Reino de Dios, iniciado en la Iglesia. Por eso Cleofás y otro compañero, desanimados, volvían a Emaús.

18. Esta actitud en múltiples aspectos es actual. En la humanidad, que es el gran rebaño de Dios (21), existen hoy muchas búsquedas, desconciertos y caídas que se expresan en una cultura de la muerte (22). Entre los mismos cristianos no pocos se han alejado de la comunidad eclesial: algunos porque dicen creer en Jesús, pero no en su Iglesia; y otros porque no ven un testimonio convincente de parte de los cristianos o porque flaquean en su fe y se dejan seducir por la propuesta de sectas religiosas. Y son muchos los que, perdida la seguridad que habían puesto en cosas secundarias, quedan sin rumbo en su caminar.

\"Jesús en persona se les acercó y caminó con ellos\" (23)

19. Emaús adquiere toda su significación si entendemos el misterio de la Encarnación del cual brota la religión cristiana y cuyo Jubileo estamos prontos a celebrar (24). El Verbo de la Vida se hizo carne porque Dios optó por hacerse cercano al hombre para redimido. La Encarnación del Hijo de Dios testimonia que Dios busca al hombre, alejado y escondido como Adán entre los matorrales del paraíso terrestre. (25). Él se interesa por las preocupaciones de sus hijos. Esa opción se expresa en este deseo de Dios de transitar el camino del hombre (26); de hacerse compañero respetuoso del dolor; y de invitarlo a compartir su intimidad (27).

20. Es para nosotros una fuente de paz saber que en medio de muchos de los que se sienten lejos de Dios o sin esperanza, va Jesús desconocido, compartiendo el caminar; escuchando, preguntando con respeto, corrigiendo y enseñando.

21. La Iglesia continúa este gesto de búsqueda y acompañamiento, frente a aquéllos que, habiendo conocido al Señor, se han alejado, y frente a quienes, en medio de nuestra sociedad, no han sido todavía evangelizados. El Maestro nos invita a ponernos en camino, a interesarnos por los problemas humanos, a acompañar a quienes están turbados o desorientados; a hacer patente, respetuosamente, las durezas de su corazón; a iluminar su historia, su camino de cada día con la Palabra de Dios y con nuestro testimonio de fe para que se abran al Señor y a su Evangelio.

“Jesús les explicó en todas las Escrituras lo que se refería a Él” (28)

22. Los de Emaús no sabían que el forastero que los acompañaba había sufrido en carne propia lo sucedido en Jerusalén y que El había a.sumido las penas que venían conversando y los dolores de los hombres de todos los tiempos. Ellos ignoraban que en la cruz, de algún modo, ellos mismos habían sido crucificados para recibir la vida nueva. Ellos no comprendían que Jesús hizo propio, en el Calvario, el dolor de la humanidad y que desde entonces El tiene sed, está desnudo, siente hambre en todos los desheredados de este mundo. El se llevó al sepulcro nuestros pecados y miserias para hacernos revivir.

23. La presencia del Señor hizo pasar la Pascua por esos corazones afligidos. Con claridad les reprochó su dureza para entender las Escrituras. A partir de su desesperanza, Él les fue explicando el misterio de Dios. La enseñanza del Maestro fue capaz de rehacer la esperanza sobre base sólida. Quien iba caminando, se hizo Él mismo camino para llegar al Padre (29). Él les explicó las Escrituras. Les trasmitió el mensaje recibido de su Padre. Les reveló, desde Moisés a los Profetas, la centralidad de su persona y su misterio. Les mostró que era necesario que el Mesías padeciera.

24. El episodio de Emaús impulsa a los cristianos a mostrar con claridad la terrible persistencia del mal y del pecado, que explican por qué era necesario que el Mesías sufriera. El episodio alienta también a la Iglesia a proclamar el Evangelio del dolor redentor, y a enseñar la importancia de vivir para los demás, proclamando con fuerza que Jesús está vivo ofreciendo su amor que vence el mal.

25. El camino de Jesús, que rechaza toda pretensión de mesianismo temporal, es el de los pequeños y de los que sufren. Ese camino nos revela la humildad del Señor y sus criterios para salvamos. Jesús no desconoce el poder, la grandeza y la justicia de Dios, pero sabe que ellos se ejercitan en la misericordia sin límites.

\"Quédate con nosotros porque ya se hace tarde\" (30)

26. Pocas veces la humanidad ha hecho una oración más breve y más hermosa: \"Quédate con nosotros, porque ya se hace tarde\". Esa oración manifiesta la actitud de acoger. \"En Emaús se abrió un hogar para Alguien que andaba peregrino\" (31). No hemos de temer abrirle las puertas a Cristo (32).

27. Ese encuentro está marcado de profunda afectividad y amistad pues arde el corazón en ese contacto personal e íntimo con el Resucitado. La evangelización verdadera tiene este sello personal.

“Lo reconocieron en la fracción del pan” (33)

28. En ese ambiente de lectura explicada y actualizada de las Escrituras; de generosa acogida al forastero; en ese gesto de intimidad en que Dios se hace huésped, se realiza el gran signo litúrgico de partir el pan. Entonces se les abrieron los ojos y tomaron conciencia de que su corazón ardía.

29. Ahí los discípulos reconocen a Jesucristo como su Señor. Perciben que Él, que ha muerto, conforme a las Escrituras, ha resucitado y sigue congregando a sus hermanos. Ellos está acompañando con una misteriosa e insuperable cercanía, aunque su presencia debe ser discernida con la mirada de la fe. Perciben que Jesucristo es el punto de referencia de todas las Escrituras y por lo tanto el punto focal de toda la creación, de la historia santa y de los designios de Dios. Esta capacidad de reconocer al Señor Resucitado presente en la Eucaristía, en medio de la vida, y hasta en la adversidad, es signo de los discípulos de Jesucristo.

30. La presencia y enseñanza del Señor hacen\" arder\" el corazón, por el don del Espíritu. Aspiramos a transmitir este\" ardor\" en la formación de personas que deberán ser testigos de la Buena Nueva; en particular de los ministros sagrados que tendrán que vivir conforme a la Palabra de Dios y explicarla como quienes realmente han experimentado y reconocido al Señor y creen lo que enseñan.

31. El Resucitado seguirá siendo reconocido por cada cristiano cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía o \"fracción del pan\", \"anunciando su Muerte y su Resurrección hasta que vuelva\". El gesto sacramental unido a la Palabra abre los ojos para reconocer la presencia del Señor. La mesa de la Palabra y la mesa del altar están intrínsecamente ligadas en la pedagogía cristiana. Ambas alimentan la fe y edifican la comunidad de la Iglesia.

32. En un mundo donde la imagen ha adquirido tanta importancia, descubrir que el modo cómo Jesús enseña tiene su culmen en una acción cargada de símbolo, compromete a asumir la renovación litúrgica que nos propone la Iglesia y a desarrollar la riqueza que ella nos ofrece. Probablemente eso hará más fácil comprender y evangelizar la religiosidad popular, que es mucho más cercana a este universo de la imagen que al concepto.

33. En medio de una cultura individualista es alentador recordar que el Señor se da a conocer en un gesto de comunión, en medio de un ambiente de caridad fraterna donde los discípulos hacen el acto solidario de acoger al peregrino. Es Él quien reúne a la comunidad y se entrega a ella. En esa donación de la vida por amor, se hace fecunda la palabra. No puede ser otro el camino de la Iglesia y por ahí se construye la verdadera comunidad cristiana.

“Inmediatamente desapareció de sus ojos” (34)

34. Es el paso a la vida de la fe. La actitud creyente lleva a reconocer en medio de la historia la presencia invisible de Quien resucitó (35). Creemos en la cercanía misteriosa del Señor que por su Espíritu opera en el mundo, santifica su Iglesia y transforma nuestras vidas. Esa presencia invisible permite encontrar verdaderamente a Dios en todas las cosas y en todos los momentos, sin apartar los ojos de la misión que tenemos en este mundo. Esta presencia suscita no sólo la dimension contemplativa, sino la responsabilidad de conformar la vida con la de Cristo continuando su obra.

“Al instante ellos partieron” (36)

35. Los discípulos, que consideraban que era tarde para andar por los caminos, perdieron el miedo a la oscuridad y “al instante partieron”. Es la nueva lógica de aquellos que sienten arder su corazón tras reconocer al Maestro y es también la actitud de coraje que requiere la Nueva Evangelización. Quienes se habían alejado vuelven a la comunidad apostólica, comparten en ella la fe y se abren al testimonio de los demás, asumiendo la misión de anunciar al Señor resucitado.

36. Esos hombres con su fe rehecha, se convierten en misioneros, en testigos; “ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo reconocieron a Jesús en la fracción del pan”. Comenzaba así el proceso de la evangelización. No es otra cosa lo que hoy quisiéramos ver emprender en nuestra patria. Nos sentimos llamados a asumir la pedagogía de Jesús. Como comunidad eclesial, con el corazón ardiendo tras escuchar la Palabra del Señor y participar de la Eucaristía, queremos preguntarnos de qué conversa el hombre, qué cosas preocupan su corazón. Queremos abrir nuestra casa para recibir al Señor y a los hermanos para compartir con ellos nuestra vida de comunidad, la Palabra de Dios, la fe, la caridad, el Pan y la esperanza. En un mundo que sufre profundas mutaciones culturales y ante muchedumbres sedientas de verdad y de sentido, la Iglesia reitera el mejor servicio que puede hacer a la humanidad y a cada persona en particular: anunciar el Nombre, el Misterio, la Persona y el Reino de Jesús de Nazaret, hijo del Hombre, Hijo de Dios (37). “En ningún otro hay salvación. No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvados” (38).

37. Al experimentar los frutos de esta evangelización, ojalá podamos repetir con toda nuestra fe las palabras de los discípulos del relato de Emaús; “¡Es verdad: el Señor ha resucitado!”

38. A una humanidad que se preocupa casi exclusivamente de la vida presente, el Señor resucitado le ofrece la vida eterna. Si de ella no habla la Iglesia, si el cristiano no cree en la eternidad y la resurrección, vana es nuestra fe y toda pastoral pierde consistencia.

III. ¿DE QUÉ VIENEN CONVERSANDO?” (39)

Interpelaciones a la Iglesia en este cambio de siglo

39. Oír lo que preocupa al hombre y a la mujer de este tiempo; interesarse por las penas y alegrías humanas es parte del camino propuesto por Jesús para evangelizar. Queremos hacerle a Chile y hacemos a nosotros mismos la pregunta con que Jesús inicia su diálogo evangelizador: “¿De qué vienen conversando?”. Como preparación al Jubileo del año dos mil, «dirigimos la mirada de fe a este siglo nuestro, buscando en él aquello que da testimonio no sólo de la historia del hombre, sino también de la intervención divina en las vicisitudes humanas» (40). Queremos discernir cuáles son las necesidades humanas y qué debemos hacer como Iglesia.

40. Desearíamos mirar la realidad de nuestra patria y de nuestra Iglesia como lo haría Cristo en nuestro lugar, para responder con prontitud a los verdaderos problemas del mundo actual y hacer un anuncio que penetre en la vida y que conduzca a “la santidad, vocación última de todo cristiano” (41). Esta mirada nos obliga a tener en cuenta la realidad de conjunto de la humanidad en la cual somos cada vez más interdependientes. Para hacer más penetrante y ajustada esa mirada nos dejamos interpelar también por aquello que preocupa a la Iglesia y que ella ha expresado en sus documentos magisteriales.

41.Por la fe sabemos que el bien vencerá al mal, la vida a la muerte, la gracia al pecado y que Cristo Jesús, resurrección y vida, está actuando en el interior de los grandes proyectos que hacen al hombre más humano. Esa misma perspectiva creyente nos hace estar atentos también a la presencia del Maligno, que se opone a que el hombre sea salvado y llegue al conocimiento de la verdad.

1. Una Iglesia más cerca de Jesucristo, misionera y al servicio de los hombres

42. La pregunta de Jesús –“¿De qué vienen conversando?”- dirigida a sus discípulos, camino de Emaús, nos ayuda a preguntamos por la actual situación de la Iglesia (42). Por muchos años hemos propuesto Orientaciones Pastorales que han dado abundantes frutos en unidad de criterio y de lenguaje, en iniciativas pastorales valiosas, en la formación de personas, en las comunidades de base, en la opción por los pobres y en muchos otros aspectos. Queda sin embargo mucho por hacer y por eso las nuevas Orientaciones están en continuidad con las anteriores.

43. Las palabras del Papa en la reciente Carta Apostólica \"Tertio millennio adveniente\" invitan a una mirada humilde sobre nuestras debilidades y defectos. La Iglesia \"no puede atravesar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse, por medio del arrepentimiento de errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes. Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y dificultades de hoy\" (43) El arrepentimiento y la petición de perdón no se limitan sólo a hechos del pasado. Los cristianos estamos obligados a ser hoy humildes y reconocer nuestras faltas y responsabilidades en relación a los males de nuestro tiempo (44): la indiferencia e ignorancia religiosa de muchos, los múltiples extravíos en el campo ético, las incertidumbres doctrinales, las complicidades en situaciones de injusticia, el abandono de muchos que no ven en la Iglesia un signo transparente del Señor (45).

44. La Iglesia en Chile tiene una serie de tareas que asumir. El Papa nos invita a ocuparnos de la formación permanente del clero y de la formación de los futuros sacerdotes en el seminario; nos indica también la prioridad de la acción en el área del matrimonio, familia y educación de los hijos; nos ha vuelto a recordar la promoción humana con una especial preocupación por los más necesitados, haciendo realidad el amor preferencial por los pobres. En este campo recuerda el rol específico de los fieles laicos y la necesidad de proporcionarles una formación adecuada para su misión (46). Ciertamente en una mirada a nuestra Iglesia vemos además que es necesario un trabajo de promoción de vocaciones sacerdotales y religiosas (47) y hacer un esfuerzo por mejorar la catequesis y la liturgia; por educar en la oración y dirección espiritual; por animar las Comunidades Eclesiales de Base y alentar e integrar a los florecientes movimientos apostólicos. Finalmente, sentimos un llamado a infundir un espíritu misionero para colaborar con Iglesias más necesitadas en otras partes del mundo.

45. El modo de enfrentar la nueva cultura y las profundas diferencias sociales, pueden generar divisiones al interior de la Iglesia. Por fidelidad al Señor vemos la necesidad de velar por la comunión al interior de cada Iglesia particular: a nivel de las parroquias, de las comunidades Eclesiales de Base, de los movimientos y las familias. Es importante también buscar caminos de cercanía y colaboración entre espiritualidades que se complementan y que enriquecen la Iglesia.

46. Constatamos finalmente la necesidad de renovar el diálogo ecuménico, con los hermanos que comparten la fe en Dios y su enviado Jesucristo. Este diálogo entre nosotros no tiene el vigor que es de desear y en cierto modo ha decaído. Por eso hace falta conocer y aplicar las normas pontificias sobre ecumenismo y abrir puertas, superando incomprensiones, malos entendidos y hasta. falta de reciprocidad, y evitando descalificaciones (48). Un camino fecundo es emprender en conjunto obras de caridad y de servicio.

47. La Iglesia se ha esforzado por estar cerca del pueblo chileno en sus momentos de dificultad y de dolor. A Ella se le pide estar atenta a los problemas de hoy para seguir acompañando a este pueblo y ser un apoyo para los que tienen mayor necesidad. Este es un deber que no se puede eludir.

48. Siguiendo el ejemplo del Santo Padre y de grandes Pastores que nos han precedido, debemos estar presentes aportando la doctrina social de la Iglesia y su acción pastoral en todos los problemas que afectan hoya nuestra sociedad. De este modo podremos proclamar con mucha fuerza a quienes tienen sus corazones heridos49 «el año de la gracia del Señor», el gran Jubileo del cual nos habla el Papa en la Carta Apostólica \"Tertio millennio adveniente\".

2. La evangelización ante un cambio cultural

49. Nos encontramos al final de un siglo que ha traído un cambio profundo de la cultura humana en su conjunto y en las culturas particulares de cada pueblo. Tal vez el desafío más importante que tenemos es entrar en ese cambio cultural sin perder nuestra identidad cristiana, enriqueciéndonos con sus valores y procurando que el mensaje evangélico sea comprendido en el lenguaje propio de cada cultura. El Santo Padre, con ocasión del Jubileo del año 2000, nos dice que “a la crisis de civilización hay que responder con la civilización del amor, fundada sobre valores universales de paz, solidaridad, justicia y libertad, que encuentran en Cristo su plena realización” (50). Como ministros de la Buena Noticia de salvación nos sentimos responsables de que la cultura común y las culturas particulares de los pueblos se compenetren de los valores del Evangelio contribuyendo así a su humanización.

50. El Papa, en el Discurso inaugural de la Conferencia de Santo Domingo, esboza un cuadro de la situación de esa cultura que estamos llamados a evangelizar: «En nuestros días se percibe una crisis cultural de proporciones insospechadas. Es cierto que el substrato cultural actual presenta un buen número de valores positivos, muchos de ellos fruto de la evangelización; pero, al mismo tiempo, ha eliminado valores religiosos fundamentales y ha introducido concepciones engañosas que no son aceptables desde el punto de vista cristiano.
La ausencia de esos valores cristianos fundamentales en la cultura de la modernidad no solamente ha ofuscado la dimensión de lo transcendente, abocando a muchas personas hacia el indiferentismo religioso -también en América Latina-, sino que, a la vez, es causa determinante del desencanto social en que se ha gestado la crisis de esta cultura. Tras la autonomía introducida por el racionalismo, hoy se tiende a basar los valores sobre todo en consensos sociales subjetivos que, no raramente, llevan a posiciones contrarias incluso a la misma ética natural. Piénsese en el drama del aborto, los abusos en ingeniería genética, los atentados a la vida y a la dignidad de la persona.
Frente a la pluralidad de opciones que hoy se ofrecen, se requiere una profunda renovación pastoral mediante el discernimiento evangélico sobre los valores dominantes, las actitudes, los comportamientos colectivos, que frecuentemente representan un factor decisivo para optar tanto por el bien como por el mal» (51).

a) Cultura plural y secularizada

51. Como señala el Papa, el horizonte cultural actual está marcado por el pluralismo y la secularización. Los medios de comunicación han acercado a civilizaciones y culturas muy dispares poniendo en proximidad opiniones, costumbres y puntos de vista muy diversos. En tales circunstancias, si por una parte se puede enriquecer la convivencia humana, por otra se puede fácilmente caer en un relativismo que prescinde de la verdad y en un secularismo que desconoce lo sagrado. Nuestra patria sufre ya estos problemas, especialmente en el campo moral.

52. El debido respeto a la conciencia y a la libertad, la justa autonomía de lo temporal y la desacralización de los fenómenos de la naturaleza, son fruto de la irradiación cultural del Evangelio. Es un desafío encarar la realidad de una cultura plural sin caer en el relativismo ni en el secularismo (52). El reconocer la propia limitación en el conocimiento de la verdad y el respetar la conciencia de los demás, no puede confundirse con ambigüedad o desinterés por la verdad.

53. La Iglesia debió enfrentar en sus inicios un mundo plural. Los Santos Padres de los primeros siglos, conscientes de que las «semillas del Verbo» estaban esparcidas en los más diversos campos de la humanidad, hicieron un esfuerzo gigantesco para dialogar con el pensamiento de su época. En ese momento la Iglesia, que era una \"pequeña grey\", tenía su fuerza en la verdad del Evangelio que irradiaba de Jesús Resucitado.

54. En la sociedad moderna existe una particular sensibilidad al respecto debido a quienes profesan ideas diferentes a las propias y por eso se exige que la verdad no se imponga por la fuerza, sino por el peso intrínseco de esa misma verdad. Es para la Iglesia necesario ubicarse en ese contexto para proponer la verdad sin claudicaciones, como un servicio a la comunidad chilena y como un anuncio que invita a una adhesión libre, evitando todo relativismo y subjetivismo moral (53).

b) Cultura que clama por el Evangelio de la Vida

55. En medio de todos los avances y de las posibilidades que ofrece al ser humano la cultura actual, hay signos preocupantes de muerte y semillas de destrucción de la vida. No podemos olvidar que estamos terminando un siglo orgulloso de sus progresos pero que ha tronchado millones y millones de vidas humanas. Las luchas étnicas, los campos de concentración, la guerra, la miseria han apagado la vida humana de manera brutal y tal vez nunca vista en la humanidad. En este contexto nos interpela la muerte de incontables seres inocentes, abortados antes de nacer. Muchas de estas expresiones de muerte se encuentran también entre nosotros. Por eso es fundamental denunciar esos males y sobre todo proclamar el Evangelio de la Vida anunciado por Jesucristo; evangelio que hace comprender la dignidad humana hasta su dimensión última, sobrenatural y eterna. \"Todos juntos sentimos el deber de anunciar el Evangelio de la Vida, de celebrarlo en la Liturgia y en toda la existencia, de servirlo con las diversas iniciativas y estructuras de apoyo y promoción\" (54). Este anuncio se dificulta desgraciadamente porque a la conciencia del hombre contemporáneo \"le cuesta cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor mismo de la vida humana\" (55).

56. La encíclica \"Evangelium Vitae\" del Papa Juan Pablo II, sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana nos ofrece una enseñanza que orienta nuestra pastoral en este campo. Nos muestra las amenazas actuales a la vida; las consecuencias éticas del mandamiento divino: \"no matar\" y nos hace un llamado a que se construya una nueva cultura en favor de la dignidad de la vida humana en todo momento y condición, desde su concepción hasta la muerte.

57. El Magisterio pontificio afirma que la vida humana, don precioso de Dios, es sagrada e inviolable, y por esto, «no sólo no debe ser suprimida sino que debe ser protegida con cuidado amoroso. La vida encuentra su sentido en el amor recibido y dado, en cuyo horizonte hallan su plena verdad la sexualidad y la procreación humana; en este amor incluso el sufrimiento y la muerte tienen un sentido y, aun permaneciendo el misterio que los envuelve, pueden llegar a ser acontecimientos de salvación. El respeto de la vida exige que la ciencia y la técnica estén siempre ordenadas al hombre y a su desarrollo integral; toda la sociedad debe respetar, defender y promover la dignidad de cada persona humana en todo momento y condición de su vida» (56).

c) Cultura de la imagen

58. La cultura moderna, modelada en medida importante por los medios de comunicación social, es cada vez más una cultura de la imagen. La Iglesia, que defendió siempre el lenguaje de los símbolos e imágenes, puede contribuir a perfeccionar esta cultura\' y enriquecerse con ella. La evangelización, que es una forma de comunicación, está llamada a usar estos medios para anunciar a Cristo, -Palabra e Imagen del Padre-, y extender su mensaje. Será necesario infundir valores, evangelizar esta cultura, formar agentes apropiados y usar las posibilidades de comunicación que se ofrecen (57).

59. El mal uso de estos medios (especialmente la televisión) crea actitudes de pasividad y de adicción, que fácilmente llevan a la manipulación de las personas. Así como los medios bien empleados pueden ayudar. a la educación de los hijos y al encuentro de la familia, así también ellos pueden fácilmente distraer muchas horas que serían útiles para emprender otras actividades necesarias para el desarrollo humano. Del mismo modo pueden aislar a las personas, empobreciendo la comunicación entre los miembros de la familia. Por eso experimentamos la necesidad de dar formación para la comunicación y para la utilización de dichos medios, en sentido activo y receptivo, a fin de que se actúe con criterio maduro y los medios contribuyan a un encuentro humanizador y solidario de las personas.

d) Cultura de la solidaridad. Interrogantes del mundo económico y compromiso con los pobres

60. Chile se aproxima al siglo venidero con la esperanza razonable de llegar a ser un país desarrollado y en particular de derrotar la extrema pobreza. Aunque falta mucho por hacer, el país pasa hoy por un momento favorable en lo político, lo económico y lo social. Nos alegramos del progreso que permita mejorar los niveles de vida y aliviar las necesidades básicas de los más pobres. Junto con apoyar todo cuanto pueda contribuir a la promoción humana, debemos estar atentos a discernir aquellos elementos que podrían malograr el verdadero progreso.

61. En el mundo se ha ido imponiendo el sistema de economía dé mercado altamente tecnificada y abierta al exterior. Su inspiración liberal postula una disminución creciente del tamaño del Estado y de la injerencia de éste, sobre todo en las actividades productivas. La situación actual de Chile está fuertemente marcada por este tipo de opción económica.

62. Sin entrar en los juicios técnicos, la Iglesia tiene el deber de mostrar los aspectos éticos de aquellas opciones económicas que influyen fuertemente en la vida y la convivencia humanas. Nos preocupan por eso ciertas consecuencias del modelo usado. Desde luego el sistema produce un distanciamiento cada vez mayor entre ricos y pobres, e insensibilidad por el mundo de los pobres cuya realidad fácilmente se desconoce.

63. El verdadero desarrollo consiste ante todo en dar a las personas la oportunidad de crecer en sus diferentes dimensiones y de insertarse en una sociedad equitativa y fraternal, que sea capaz de ofrecer a sus miembros los medios necesarios para una vida digna en esta tierra como corresponde a seres espirituales con vocación a la eternidad. El desarrollo no puede limitarse sólo al progreso material y económico, ni debe buscarse a costa de valores morales, humanos y religiosos de la más alta importancia para el ser humano. No es verdadero desarrollo el que deshumaniza el trabajo; o el que genera indiferencia hacia el hermano, falsedad, corrupción, divisiones y que arrebata el sentido de la vida.

64. El exceso de competencia puede producir un individualismo dañino para las personas y para la convivencia. Así como rechazamos la lucha de clases, rechazamos también una lucha implacable de todos contra todos por sobresalir y ganar. Se puede pasar de ser competentes a ser excesivamente competitivos, malogrando posibilidades de altruismo y responsabilidad. La competencia sin los necesarios correctivos de defensa de los más débiles puede conducir a un individualismo egoísta e insensible, nocivo para las personas y para la convivencia social. Sin embargo, rechazar la lucha despiadada no puede significar que se favorezca o aliente la ineficiencia.

65. El modelo económico, si no es internamente regulado por fuertes principios éticos y por un acendrado sentido de solidaridad deja muy desprotegidos a los pobres, enfrentados en una competencia desigual. Nos preocupa la situación de quienes son desfavorecidos en la competencia y, en especial, la suerte de los pobres. Ha crecido en Chile, en forma alarmante, la distancia económica entre ricos y pobres. La pobreza se ha hecho particularmente intolerable en el mundo campesino. Existen en el país grupos que -por las diferencias económicas- se alejan social y culturalmente generando graves antagonismos. Un país moderno no soporta tales diferencias.

66. La necesidad de mantener activa la economía puede fomentar un consumo sin sentido. Ese consumo conduce fácilmente a una falta de sobriedad y mesura, a un hedonismo sin freno y a una vuelta a los instintos más primitivos utilizados con fines de publicidad. Esas necesidades de consumo conducen a muchos a niveles de endeudamiento que terminan destruyendo la vida.

67. Las condiciones de salud, trabajo, vivienda, poder de compra y las oportunidades de educación se han hecho muy difíciles a los pobres. El acceso a la justicia y el régimen carcelario son también, a menudo, discriminatorios y denigrantes.

68. Las autoridades del país y los responsables de todos los sectores políticos han insistido en dar prioridad a la solución de los problemas de estos grupos más postergados de la población. La Iglesia hace suya esta prioridad y debe trabajar para que se haga realidad. La Doctrina Social, pacientemente elaborada por el Magisterio ayuda a humanizar el mundo de la empresa y de la economía (58); en particular, cabe hacer una especial mención a la necesidad de difundir la concepción cristiana del trabajo, con sus obligaciones y derechos, que ha de orientar todo el cambio de la empresa. Para un genuino desarrollo es necesario tomar conciencia de la dignidad del trabajo humano que nos hace colaboradores de Dios; que es fuente de responsabilidad, de creatividad y libertad; que nos permite interrelacionarnos contribuyendo al progreso mutuo y al desarrollo de la sociedad; que realizado debidamente es camino de santidad y de progreso.

e) Cultura ecológica

69. El desarrollo inarmónico ha producido profundos desequilibrios en la naturaleza. Ante el peligro de deterioro y destrucción del, planeta que nos sustenta, ha adquirido relevancia el tema de la ecología. Se constata la necesidad no sólo de trabajar la tierra y de cuidada, sino también de admirar su belleza que es reflejo de la grandeza de su Creador. La Iglesia se interesa por este tema y trabaja para que sea debidamente asumido, dada la originalidad cristiana que él tiene y su importancia para la supervivencia de la vida. Los cristianos consideramos la naturaleza con el respeto que ella se merece como creación de Dios, sabiendo que Cristo es el «primogénito de toda criatura, pues todo ha sido creado en EL.., por El y para El y que todo subsiste en EI»59. Junto con recordar el deber de conservar el gran bien de la naturaleza, que Dios nos ha dado y que debemos legar a las futuras generaciones, es necesario evitar que la defensa de la naturaleza derive en un culto idolátrico y materialista que se olvida del hombre y de Dios.

70. Se trata no sólo de defender la flora y la fauna, sino la misma vida humana que se deteriora. El hacinamiento, las condiciones de trabajo, el stress, etc. , destruyen la calidad de la vida del hombre. El Papa ha hablado sugerentemente de la \"ecología humana\" refiriéndose ante todo a las condiciones morales (60) y recordando la necesidad de defender la familia «en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien» (61).

71. Esto obliga a una especial atención a situaciones que degradan a la persona y hieren a la sociedad, como la prostitución, el libertinaje sexual y la corrupción en sus más diversas formas, que van desde la copia en el mundo escolar a los fraudes en el mundo económico o administrativo. No podemos olvidar el problema muy antiguo y gravísimo del alcoholismo, que ha destruido y destruye cada día miles de personas, que se ha introducido con fuerza entre los jóvenes, que desintegra familias y significa grandes pérdidas para la economía del país. Desgraciadamente las bebidas alcohólicas son promovidas con amplia publicidad pretendiendo involucrar a los jóvenes en su consumo.

72. Una mención particular merece todo lo relacionado con la drogadicción amenazante y perniciosa. El uso masificado de la droga y en particular de la pasta-base de cocaína daña profundamente el alma de nuestra sociedad. El consumo de estupefacientes existe en todos los sectores y no se reduce a los jóvenes ni a las poblaciones de menos recursos, aunque en esos medios adquiere una extraordinaria gravedad. La droga destruye a los consumidores y establece redes corruptoras que desarticulan el tejido social. En este sentido es esencial combatir con decisión el narcotráfico que no se detiene ante ningún medio para imponer sus objetivos. Extirpar esta lacra es urgente, porque podemos despertar cuando ya sea tarde; por eso nos alegramos que se haya ido tomando conciencia en nuestra patria de la gravedad de este flagelo y de la necesidad de luchar contra él. Este mal no puede enfrentarse sólo con medidas represivas; será necesario también encarado por medio de la educación, de campañas públicas, de sistemas eficaces de rehabilitación y haciendo un llamado apremiante a los traficantes y a sus colaboradores, para que tomen conciencia de su inmensa responsabilidad frente a la sociedad y frente a Dios.

3. Familia, Personas, Educación

73. Nos sentimos especialmente interpelados por la realidad de la familia, por ciertos grupos de personas -los niños y jóvenes, las mujeres y los ancianos-, y por la educación. \"Esta preocupación por lo social forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia\" (62).

a) La familia

74. La familia -«fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades»(63)- se ha visto afectada hasta en su más profunda identidad por la transformación cultural y social de nuestro tiempo: variación en su tamaño, trabajo de la mujer fuera del hogar, redefinición de los roles, temprana libertad de los hijos para hacer sus opciones, presencia de la televisión irrumpiendo en la intimidad, políticas de anticoncepción, inestabilidad por quiebre de muchas parejas, etc. En la familia popular hay que añadir a todo eso las graves dificultades económicas y habitacionales que dañan la vida familiar. Sin embargo, a pesar de las múltliples dificultades, es consolador saber que en todos los niveles, en Chile, la familia es apreciada y que la enorme mayoría de la población expresa el deseo de hacer lo posible por fortalecerla y apoyarla. Por su parte, la Iglesia insiste en la importancia de la familia como transmisora de la vida y la cultura, como lugar por excelencia del verdadero desarrollo de la persona, como educadora de la fe, como comunidad de personas donde se establecen los más profundos lazos humanos.

75. Los cambios indicados en el número precedente, han afectado particularmente el ejercicio de la autoridad al interior de la familia. Los padres tienen hoy dificultad para establecer normas, ejercer su potestad y desarrollar su ascendiente; todo lo cual genera desconcierto e inseguridad en los hijos y afecta el proceso de transmisión de valores y la formación de la conciencia moral. Como es lógico la autoridad paternal de la cual hablamos, no es algo arbitrario y mucho menos algo cruel; se trata de una forma concreta de amar y de un verdadero servicio a los hijos que hace posible la educación.

76. Existe una tendencia a igualar diversas formas de constitución de la familia relativizando la institución del matrimonio único, indisoluble y definitivo. El divorcio amenaza su estabilidad. La Iglesia reconoce aquí un campo privilegiado para ejercitar su misión de Madre y Maestra. Se percibe una gran necesidad de clarificación doctrinal (64), de mostrar los valores positivos de la familia y la vocación que ella ofrece de caminar a la santidad. El Papa nos decía en la Visita\" Ad limina\" reciente: \"Conocéis bien la importancia decisiva que tiene la unidad de la familia y la estabilidad del vínculo conyugal indisoluble para el pleno desarrollo de la persona y para el futuro de la sociedad\" (65).

77. La Iglesia debe enfrentar situaciones de hecho, que requieren una especial atención pastoral: los separados, las madres solteras, los que están casados sólo por el civil y, sin embargo, son católicos, los convivientes no casados, los que han \"anulado\" su primer matrimonio y se han vuelto a casar por el civil. Para ellos, cuya situación ciertamente no puede equipararse, se harán algunas proposiciones en las líneas pastorales para que puedan cumplir sus deberes con Dios.

b) Niños, Adolescentes y Jóvenes

78. Muy unida a la pastoral familiar está la pastoral juvenil. En el pasado hemos intentado realizar esta última haciendo, en la práctica, abstracción de la familia. Hoy nos damos cuenta que no puede haber un trabajo serio en favor de los jóvenes si no lo hacemos en relación con su familia y, sobre todo, con sus padres.
79. Se percibe una gran preocupación por dedicar\" mas atención a la formación de los niños. En los años de niñez y adolescencia se aprenden e interiorizan los valores que serán determinantes y estables en la vida. Son los niños y adolescentes quienes resultan más perjudicados por los quiebres matrimoniales y por los antivalores que procura inculcar en ellos la sociedad(campañas y publicidad deshonestas\', etc. ). Por eso en este período son particularmente importantes las clases de religión, la catequesis y las comunidades formativas destinadas a ellos.
80. La niñez y la adolescencia son las etapas de la vida más propicias para aprender a ejercitar las virtudes humanas y morales. En un ambiente de amor, en la familia se pueden transmitir, enseñar y ejercitar esas virtudes: laboriosidad, sinceridad, veracidad, pureza, alegría, obediencia, desprendimiento, honradez, etc. No se puede construir una vida auténticamente cristiana, ni desarrollar el país sin la base de tales virtudes.
81. Se tiende a atribuir a los jóvenes los males de la sociedad que en su mayoría son propios de los adultos. A ellos los afecta especialmente la falta de oportunidades en la educación y el trabajo; la presión del consumismo y erotismo; la amenaza de la droga. Se percibe la necesidad de insertar mejor el trabajo pastoral con los jóvenes en el seno de la familia y vincularlo a ella. En particular queda de manifiesto que para educar es indispensable un ambiente de amor que haga patente lo que significa una sexualidad verdaderamente humana y responsable. Hay una \"inestimable e irrenunciable vocación educadora de los cónyuges cuando, como padres, son llamados a la gran responsabilidad de la educación de los hijos\" (66)
82. Muchos jóvenes de hoy, como los de todos los tiempos, son capaces de generosidad frente a desafíos que valgan la pena y parezcan razonables. Están menos dispuestos a aceptar normas si no las captan como expresión de la verdad, camino de vida y felicidad (67). Hay quienes son hoy particularmente receptivos ante testimonios de respeto, de honestidad, generosidad y coherencia, como hemos constatado por la reacción que han tenido ante los ejemplos de Teresa de Los Andes y del Padre Hurtado. Con razón el Papa nos decía a propósito de los jóvenes: «He podido constatar su noble capacidad de entrega, la alegría con que formulan sus ideales de vida, su gran hambre de Dios y la necesidad que sienten de testigos que los guíen rectamente. De ahí la urgencia de orientar a la querida juventud chilena sobre la base de los principios cristianos y de las fundamentales virtudes humanas y sociales\" (68). Es un desafío buscar un lenguaje positivo, que recree ideales frente al amor responsable y el compromiso con la sociedad; y también encontrar la manera apropiada de advertir a los jóvenes de algunas limitaciones características de esta etapa de su vida, como es exigido todo hecho; reclamar derechos sin reconocer deberes; dejarse llevar por emociones más que por principios o caer en la indiferencia, la apatía y el individualismo.

c) La Mujer

83. Al terminar el siglo XX es un hecho la promoción de la mujer y la conciencia creciente de la necesidad de suprimir las discriminaciones injustas de que ha sido objeto. Ella ha ido asumiendo un lugar relevante en la vida laboral, cultural, económica, social y política. Es importante percibir esta promoción, que no ha estado exenta de excesos y errores, como un verdadero progreso de la Humanidad, que es asumido gozosamente por la Iglesia. Será necesario encontrar formas de ayudar esa promoción desde los primeros años en el seno de la familia, en los estudios, en el trabajo, en la comunidad eclesial.

84. Resulta ineludible que se profundice en el ser de la mujer y en lo esencial de su condición femenina, para que su dignidad y vocación sea respetada y para que ella pueda hacer su aporte específico a la sociedad y a la Iglesia. La igualdad de dignidad de la mujer y del varón no significa suprimir las diferencias naturales entre ambos sexos. Desconocer esas diferencias sería ignorar la dignidad propia del ser humano, creado por Dios como varón y mujer. Por tanto la igualdad a que nos referimos debe tener en cuenta las diferencias y cometidos especialmente en el ámbito de la familia. Su esencial vocación a la maternidad debe ser respetada y puesta en su verdadero lugar (69).

85. La Iglesia debe colaborar a la promoción de la mujer para que pueda desarrollarse armónicamente y hacer su aporte en la cultura de la vida (70), siendo ella misma la promotora activa de su propio desarrollo, desde su mismo ser femenino.
Todo eso presupone además una educación seria del hombre para que, junto a su esposa, asuma la responsabilidad que le corresponde en la educación de los hijos y en el hogar. El crecimiento de la mujer no debe traducirse en un antagonismo confrontacional con el varón o en una masculinización de la mujer.

d) Los adultos mayores y los ancianos

86. Han crecido las expectativas de vida y en nuestra sociedad aumenta el número de adultos mayores que pueden seguir prestando importantes servicios a la comunidad. Ante la irrupción de gente joven existe el peligro de prescindir del servicio de la gente mayor que por su experiencia, estabilidad y prudencia puede hacer un aporte insustituible. Es necesario ofrecerles a esos adultos oportunidades de capacitación y trabajo adaptados a su condición y al mismo tiempo programas que los apoyen para adaptarse a los tiempos nuevos. Entre esos programas cabe señalar aquellos dedicados al deporte y esparcimiento. En familias donde los padres trabajan, no pocas veces los adultos mayores asumen un rol importante para la estabilidad de la vida familiar por su presencia y su consejo, en especial por su aporte en la transmisión de la fe. Estando en etapa de plena madurez y libres de otros apremios, los adultos mayores pueden vivir un tiempo de mucha plenitud, de crecimiento cultural, religioso y humano. La sociedad los necesita por su aporte humanizador y para dar sentido a su historia, por lo tanto debe velar para que las condiciones de jubilación les ofrezcan las posibilidades de una vida digna.

87. Por otra parte hay que ocuparse también de aquellos que han llegado a la ancianidad y que tienen dificultad para valerse por si mismos (71). Muchas veces ellos se encuentran en precaria condición, sobre todo por lo extraordinariamente bajas que son las pensiones y montepíos que reciben. Será un deber de todos apoyar a los ancianos en esta etapa de su vida. Ellos no pueden quedar aislados o abandonados. Por las condiciones materiales y tamaño de las viviendas no se hace fácil mantenerlos en el seno de la familia y se han multiplicado los hogares especializados para ellos, los que deben ser atendidos pastoralmente. Una sociedad sana no puede prescindir de la experiencia y cariño de los ancianos. En una cultura que da culto a la belleza física y a la salud corporal, los ancianos tienen como tesoro su vida interior. La debilidad de sus fuerzas permite valorar aquello que perdura cuando el cuerpo envejece. El tiempo disponible y la experiencia de la vida acercan a los ancianos a Dios y ellos pueden irradiar esa experiencia en la familia. Es importante para la humanidad contar con su oración, su ejemplo y experiencia. Ciertamente la Iglesia también los necesita y ha de darles cabida en comunidades o clubes que los acojan y acompañen.

e) La Educación

88. Para enfrentar convenientemente y de modo positivo los cambios culturales señalados anteriormente resulta indispensable una profunda renovación de la educación en todos sus niveles. La verdadera educación es sin duda condición indispensable para poder alcanzar un desarrollo humanizante. Es positivo que en el país todos los actores sociales hayan designado a la Educación como una gran prioridad para los próximos años. El desafío está lanzado. La Iglesia no puede sino apoyar esta preocupación.

89. En un mundo que tiende a reducir la educación a la capacitación para la producción, es importante para los cristianos infundir los valores que son el alma del proceso educativo humano. La educación debe tener un sentido, una finalidad espiritual para ayudar a la formación del hombre completo. Por eso ella necesita una visión integral del ser humano que la fe cristiana fundamenta en la persona y mensaje de Jesucristo.

90. En Chile parece grave la diferencia de oportunidades en este campo. La educación presenta problemas de equidad y calidad. Muchos sectores no tienen la posibilidad de dar a sus hijos una educación buena o de enviar a aquellos jóvenes más capacitados a seguir estudios superiores. Tampoco existen modelos diversificados según los intereses y capacidades de las personas.

91. El éxito de la educación pasa por la activa participación del educando y por la capacidad de formar adecuadamente a los profesores y darles el reconocimiento social y económico que su importante función requiere. En este punto la sociedad tiene serias dificultades y parece necesario revisar la selección de los candidatos y los mecanismos y métodos usados actualmente para formarlos. De un modo especial la Iglesia tiene una responsabilidad de formar y acompañar a los profesores de religión.

92. En materia de educación, en momentos en que se está comenzando una profunda reforma educacional, la Iglesia, Madre y Maestra, tiene experiencia, competencia, recursos doctrinales y humanos (72), y una reconocida aceptación, que debe poner al servicio de la sociedad para formar a las nuevas generaciones que serán responsables del país en el nuevo milenio.

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SEGUNDA PARTE