/
/
/
/
/
/

Documentos

Homilía Te Deum de Fiestas Patrias

Iglesia Catedral de Puerto Montt
Fecha: 18/09/2018
Referencia:
País:
Ciudad: Puerto Montt
Autor: P. Ricardo Morales Galindo


En primer lugar, un saludo de gratitud a todos los presentes hoy en este templo catedral de Puerto Montt, gracias por aceptar esta convocatoria a unirnos, desde nuestras respectivas creencias, para dar gracias al Dios Todopoderoso por sus infinitos dones, desde el don la vida, hasta el pan diario que llega a nuestras mesas y que para algunos hermanos de nuestra tierra resulta un gran desafío conseguir.

1. La palabra del Evangelio que hemos escuchado hoy nos interpela a todos: “Les aseguro que, si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”. ¿Qué es cambiar o hacerse como niños? Para responder esta pregunta, tengamos presente que, en tiempos de Jesús, los niños no eran considerados como ciudadanos, ni menos gozaban de los derechos que nuestro ordenamiento jurídico reconoce a la infancia (y que lamentablemente todavía no podemos concretizar), podríamos decir que en los tiempos de Jesús los niños eran casi invisibles. Por lo tanto, que Jesús coloque a los pequeños como modelo de aquel que cumple con los requisitos del “buen creyente” y de aquel que entrará en el Reino de los Cielos, resulta revolucionario y sin duda a más de algún fariseo le escandalizaría esta palabra de Nuestro Señor. Hacerse niño, por lo tanto, significaría crecer en humildad, pues de pasar de ser considerado y estimado, Jesús está pidiendo la humildad, la sencillez, la invisibilidad de un niño.
2. Pero ¿por qué Jesús pide este cambio?, la pregunta que le han hecho anteriormente es: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". Podemos pensar que el interés de sus discípulos (que pocas veces logran acertar en la lógica de Jesús), al hacerle esa pregunta, es asegurarse un lugar, un puesto, en la jerarquía “celeste”; en el fondo de la pregunta está el cómo entender la distribución del “poder”, quién tiene más, quién está bajo mi mando, a quién domino, quién me obedece, dónde puedo influir más.

3. Preguntas e inquietudes que no están lejanas a nuestro presente, ¿o acaso la crisis de nuestras instituciones no pasa por la forma en cómo hemos ejercido el poder?
Con decisión los que pertenecemos a Iglesia Católica tenemos que reconocer que no hemos sabido ejercer el poder que se nos ha confiado de la forma como Jesús lo quiere. El Papa Francisco nos lo ha dicho últimamente de forma muy clara: “Lavando los pies a los discípulos es como Cristo nos muestra el rostro de Dios. Nunca es por coacción ni obligación sino por servicio. Digámoslo claro, todos los medios que atenten contra la libertad e integridad de las personas son anti-evangélicos”.

4. Durante estos meses en Puerto Montt debo reconocer que lo que más me ha impactado en el corazón, es ver llorar y sufrir a una persona por el daño causado por un sacerdote, por abusos de diverso tipo, que han dañado su dignidad corporal y el santuario más profundo de un ser humano, su conciencia; les confieso que no hay palabras para describir esos encuentros y mucho menos para dar una palabra que permita sacar algo de luz desde esas tinieblas.
Estoy convencido que muchos de esos abusos, sino todos, tienen que ver en parte en el modo en que se ejerció el poder eclesialmente. Hoy me pregunto y les pregunto a ustedes: ¿entiendo el poder que ejerzo como servicio a los demás? ¿O lo entiendo como servicio a mis pequeños y mezquinos intereses?

5. La crisis de credibilidad de nuestra Iglesia, de nuestros políticos, de nuestras instituciones, pasa en cómo queremos entender y vivir las responsabilidades que se nos han confiado ¿las entenderemos desde la lógica de Jesús?, ¿desde su praxis histórica?
Jesús les coloca a sus discípulos el ejemplo de los niños de su tiempo, que no cuentan, que no tienen influencia, que no son estimados por los “poderosos”, para demostrarles que no es sino desde la sencillez y la humildad como se descubre el rostro de Dios y como se hace presente su Evangelio, que nunca es opresor o castrante, sino siempre buena noticia y liberador para todo ser humano.

6. ¡Cuán necesario es hoy crecer en humildad! Esta palabra que viene del latín “humilitas” y de la raíz “humus”, tierra, nos lleva a reconocer que una persona humilde es la que vive con realismo su existencia, siendo capaz de reconocer sus limitaciones y pobrezas y teniéndolas siempre presente, experimentando que nunca tendrá la última palabra, pues siempre la última palabra la tiene Dios, es decir, con los pies bien puestos en la tierra y el corazón elevado al cielo.
¿No es acaso esta la actitud que se nos pide en el diálogo con los hermanos que no piensan como nosotros?, ¿No es necesaria la humildad para acercarme al que no habla mi misma lengua?, ¿No es imprescindible la sencillez del corazón para no destruir y contaminar la tierra?, ¿No es indispensable la humildad para no sentirme depositario de la verdad y buscarla siempre como horizonte humano?

7. Con cuánta razón San Papa Juan Pablo II reconocía la necesidad de una “ecología humana”, que como el Papa Francisco en su Carta “Laudato Si” expresa: "La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que "gime y sufre dolores de parto". Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura."

8. Necesitamos sanar nuestro corazón para escuchar y discernir como Iglesia, las raíces que permitieron que los abusos se produjeran y perpetuasen.
Necesitamos sanar nuestro corazón para proteger la familia y toda vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural.
Necesitamos sanar nuestro corazón para acoger al migrante, para dejar de expoliarlo, por ejemplo, con arriendos injustos y abusivos.
Necesitamos sanar nuestro corazón para dialogar con los pueblos originarios, depositarios de un acervo cultural ancestral que nos enriquece como nación.
Necesitamos sanar nuestro corazón para dejar de dañar nuestros bosques, nuestras aguas, nuestra fauna, con la lógica del mayor beneficio económico a costa de un daño irreparable a nuestro medio ambiente.

9. Que nuestro buen Padre Dios nos ayude, celebrando un aniversario más de nuestra Patria, a trabajar como hermanos, como una verdadera familia, incansablemente en construir un corazón más sencillo y humilde, más cercano a los pobres, postergados y descartados de nuestra sociedad.
Un corazón como el de OHiggins y Carrera, como el de Prat, como el de nuestros grandes artistas, poetas y santos.

10. Culmino con una inspiradora frase de San Alberto Hurtado que nos ilumina en este día: “Y en esta hora en que nos reunimos como en una gran familia y miramos agradecidos y orgullosos nuestras glorias, no dejemos de mirar con serenidad y virilidad nuestros deberes. La misión de Chile queremos cumplirla, nos sacrificaremos por ella. Nuestros Padres nos dieron una Patria libre, a nosotros nos toca hacerla grande, bella, humana, fraternal. Si ellos fueron grandes en el campo de batalla, a nosotros nos toca serlo en el esfuerzo constructor”.

A nuestro Dios y Señor Jesucristo, todo honor y toda Gloria, por los siglos de los siglos, Amén.

P. Ricardo Morales Galindo
Administrador Apostólico de Puerto Montt