/
/
/
/
/
/

Documentos

Homilía Te Deum 2018: "Aceptar cada día el camino del Evangelio"

Textos 1 Tim 2, 1-7 Salmo 50 Mt 18, 1-10
Fecha: 18/09/2018
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Copiapó
Autor: Mons. Celestino Aös Braco


1.- Jesús tomó un niño y lo colocó en el centro, en medio. En ese niño vemos simbolizados a los pequeños, a los vulnerables, a los marginados e insignificantes. Jesús hace opción por ellos, los coloca en el centro. Y nos advierte severamente: “no desprecien a ninguno de estos pequeños”, “¡ay del hombre que haga pecar a los demás!”. Y nosotros, que somos el santo pueblo de Dios, nos encontramos con el interrogante: ¿qué coloco yo en el centro de mi vida: el dinero, el poder, la fama, el placer?, ¿qué quiero yo colocar en el centro: Una cuenta bancaria más repleta o una familia donde nos cuidemos y ayudemos mutuamente?

Cuando Jesús coloca en el centro a un niño o a un pecador o a una pecadora nos dice que también ellos tienen una misión en la vida. Cada uno de nosotros fue pensado por Dios, Dios nos ama y nos llamó a la vida a través de unas personas. Usted y yo estamos aquí porque nos engendraron, nos cuidaron de niños, nos educaron. Nos ayudaron y posibilitaron para que podamos preguntarnos ¿cuál mi misión en la vida? ¿cómo puedo ir cumpliendo esa misión en la vida?

También ellos, los pequeños tienen una misión en la vida. Y usted es responsable de hacerles espacio y ayudarles para que se desarrollen y florezcan. ¿Qué has hecho de tu hermano? Lo que hiciste a uno de ellos me lo hiciste a mí… “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él, y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a sr testigos, pero existen muchas formas existenciales de testimonio”.

Queremos un Chile que viva en la confianza, en la cooperación y colaboración, en el diálogo y respeto. Construir el presente y el futuro es tarea en la que todos debemos sentirnos involucrados, sin exclusión. Cada persona ha de encontrar su lugar y vocación como ciudadano. Cada uno, autoridades y ciudadanos, sacerdotes y feligreses, tenemos una misión. Más allá de la función que ahora desempeñamos, porque un día ya no seré autoridad etc. San Pablo invita a rezar por las autoridades, sea quien sea: que todos busquen el bien. Al finalizar su servicio, al entregar su cargo ¿salen personas más maduras, más sabias? Un servicio público es una experiencia para florecer una experiencia de servicio debe llevar a florecer uno mismo, para salir una persona nueva y mejor.

Al igual que lo hicieron nuestros antepasados, al celebrar las Fiestas Patrias, miramos la historia con memoria agradecida: hay tanto honesto, esforzado, admirable, bueno en nuestra historia chilena.

Mirar al presente con la luz de la fe, con realismo. Las Fiestas Patrias deben ser un llamado para cada uno: ¿qué aporta usted a Chile? ¿en qué lo ha mejorado en este año? La corrupción se da también día a día, en los pequeños acomodos y estafas.

En Chile y en la Iglesia hay gente que se esfuerza, que busca mejorar. Nacidos en Atacama y venidos de otras regiones de Chile, o inmigrantes desde otros países: no sobra nadie. Todos aportan Los que viven en medio de nosotros y reflejan el rostro de Dios. Hay hechos de esfuerzo, de generosidad, de honradez, que de tanto en tanto nos muestran los medios de comunicación, pero hay la labor callada de los que sirven y aman. Por ellos queremos dar gracias hoy. No son sólo los grandes de la política o el deporte que se lucen con en los éxitos de triunfos y medallas o de votaciones

Todos estamos llamados a vivir con amor y ofrecer el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. Chile es el Parlamento y las universidades, los colegios y los hospitales, las carreteras y los templos, los hogares y las playas, las minas y los cuarteles… no hay ni lugar ni persona que pueda eximirse de ofrecer su aporte.

Distintos, pero unificados por el deseo de valores comunes. Nos encontramos cuando combatimos la corrupción o el robo, la violencia o el abuso, el atentado a la vida. Veo la santidad de la Iglesia y de Chile no sólo en los más perfectos y virtuosos, sino aun en aquellos que en medio de imperfecciones y caídas siguen adelante y agradan al Señor. Esforzarse, seguir adelante tratando de corregirse, ese es el camino…

2.- Poner en el centro es tomar conciencia de que vivimos o sea tratar de dar lo mejor de nosotros mismos. Y se trata de hacer florecer a los demás: que cada uno pueda desarrollarse y dar o mejor de sí mismo. Alegrarnos por los logros y éxitos de los demás; ofrecer ayuda y oportunidades a los que se equivocaron para que se corrijan y crezcan. Así se construye un país nuevo y mejor. Teniendo conciencia de lo que vivimos con luces y sombras, con aciertos que celebrar y consolidar; con deficiencias y desaciertos que considerar y corregir. Jamás estar dispuestos a justificar lo malo, el pecado, ni porque quienes lo hacen son de mi partido ni porque conviene a mis intereses.

Vemos hoy en Chile sombras negras, negrísimas: son tarea de todos, ¿qué han hecho nuestros obispos y sacerdotes? ¿Qué ha hecho nuestras autoridades y políticos? ¿qué he hecho yo, que hemos hecho nosotros?

No supimos defender la vida: nos duelen los asesinatos en Chile: dos personas son asesinadas cada día y 650 en un año; nos duelen los asesinatos en el seno de su madre por los abortos: en los diez meses que lleva la ley de aborto por tres causales se reportan 394 abortos, pero ya entre febrero y mayo del 2018 se reportan 198 abortos; y los investigadores más a la baja nos hablan de 15 mil abortos provocados al año en Chile.

No supimos defender a los niños de los abusos en las poblaciones o en el Sename; y como católicos nos duelen y avergüenzan especialmente los abusos por parte de sacerdotes, clérigos o religiosos. Y no supimos acoger y ayudar a las víctimas. Pedimos perdón a Dios y les pedimos perdón a las víctimas y Comunidades. Nuestra petición de perdón es compromiso de corregir cuanto sea preciso y hacer cuanto podamos para que estos hechos no vuelvan a producirse.
Nos duele constatar que muchos jóvenes se adentran en el infierno de la droga mientras otras personas se enriquecen traficando esas drogas.

Nos duelen las situaciones precarias y miserables, de abandono y soledad, en que encontramos con demasiada frecuencia a los ancianos. Y nos duele, especialmente en Atacama, no tener más puestos de trabajo, y nos duele el desigual e injusto reparto de la riqueza.

Nos duele la violencia en las calles, en los estadios, en los colegios, en los hospitales ¡y dentro de la misma familia! Esa perversa convicción que se va instalando de que tiene más razón quien más grita o destruye, de que va a lograr más quien es más violento.

Nos duelen los atentados a la naturaleza o casa común; contaminamos el aire y así nos envenenamos por irresponsabilidad o por ambición de ganar más; corrompemos el agua o nos la exclusivizamos dejando en situaciones terribles a los que no tienen agua.

Nos duelen los divorcios y las uniones de hecho porque no hemos sabido mostrar la belleza del matrimonio y la familia; cada vez hay menos matrimonios y cada vez hay más que se embarcan en el divorcio como una solución que a la larga no es solución, sino que genera inseguridad y pobreza para el consorte y para los hijos.

Luces: es cierto que podemos mirar las sombras porque no hay realidad humana que no las tenga, pero brillan más algunos comportamientos y avances. Hoy traemos ante el Señor y le ofrecemos estos logros de las personas y del país.

Hay una mayor toma de conciencia de cada ciudadano de su dignidad y derechos, aunque no se equilibre con la toma de conciencia de sus deberes ni con su participación en decisiones de tocan al País.

Hay una mayor conciencia de la dignidad de la mujer, y esfuerzos para traducir al trabajo y a la vida una mayor igualdad. Iguales en dignidad, pero diferentes en su condición: que las mujeres sean mujeres y los varones sean varones.
Está el anhelo de reconocimiento y la integración de los pueblos originarios
Está el deseo de una educación para todos y con calidad en sus niveles y resultados
Tratamos de tomar conciencia de la situación de los ancianos y los enfermos.
Vivimos la búsqueda de la verdad y la justicia para hacer frente a la corrupción y los abusos
Vamos poniendo en nuestra mirada a los inmigrantes y sus necesidades y anhelos.
Crece la responsabilidad ecológica no sólo por el hoy sino para las generaciones futuras.
Cada uno debemos preguntarnos ¿Qué tengo yo que hacer, ¿qué puedo aportar? Estas son tareas comunes a las que nadie puede restarse: las autoridades tienen su responsabilidad y se la debemos exigir con firmeza y respeto, pero cada uno de nosotros también tenemos nuestra responsabilidad.

Hay que recurrir a Dios y seguir rogando. No lo podemos todo, pero podemos mucho con la gracia de Dios: somos el pueblo santo de Dios. Dios no nos ha abandonado y quiere que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Por tu amor, Señor, ten compasión de nosotros, perdona nuestras culpas, incoherencias y cobardías, danos un corazón nuevo y limpio…

3.- Sumar y sumar: es hermoso ver cómo en estos días tantos compatriotas hacen patria rezando y sumándose al número de los que eligen renovar públicamente su compromiso con los demás, y con la Patria, con Chile. Un cristiano no puede pensar en su misión en la tierra sin concebirla como camino de santidad: amar como Cristo nos amó. Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. La santidad es vivir en unión con Él los misterios de su vida.

El cristianismo es principalmente para ser practicado. el tedeum no es simplemente para una serie de opiniones o discusiones, sino para ponernos a vivir los valores. Y no sirve excusarnos y decir: seré mejor cuando cambien las situaciones, cuando la gente sea mejor. No se puede esperar, para vivir en Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y os intereses mundanos juegan en contra nuestra. otras veces se trata de burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar por seres ridículos. aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque nos traiga problemas, eso es santidad. El santo no gasta sus energías lamentando los errores ajenos, es capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia verbal que arrasa y maltrata.

No te santificaras sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en el empeño de construir el reino de la justicia, del amor, de la paz para todos. Hay cosas que corregir y cambiar para no repetir nunca más los horrores ni dolores del pasado. En ocasiones las fuerzas del mal nos inducen a no cambiar, a dejar las cosas como están, a optar por el inmovilismo o la rigidez. Con pequeños gestos vamos creciendo en humanidad, y en santidad. La justicia se expresa siendo justo en las propias decisiones, y luego buscando la justicia para los pobres y débiles.

El mundo de las habladurías, hecho por gente que se dedica a criticar y a destruir, y gente que pretende dar lecciones morales permanentemente, no construye paz. Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social. Construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza.

Y requiere oración, por eso estamos ahora en este templo orando. “No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos”. Cuando rezamos nos colocamos ante Dios y nos preguntamos ¿Señor, qué quieres que yo haga? O bien ¿qué haría Jesucristo en mi lugar?

Está en juego el sentido de mi vida ante el Padre que me conoce y me ama, el verdadero para qué de mi existencia que nadie conoce mejor que mi Padre Dios. Y así discernimos. No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo. Nuestro Criterio decisivo, nuestra Ley definitiva, es el Evangelio, Jesucristo. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado, ya que las mismas soluciones no son válidas en toda circunstancia y lo que era útil en un contexto puede no ser útil en otro.

En esta hora y en este Chile es hermoso ser cristiano, cristiano de verdad, porque eso nos trae renovación constante y nos lleva a ser mejores personas, mejores ciudadanos, mejores cristianos, y porque nos va construyendo en unidad: Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos. En todos los aspectos de la existencia podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios, aun en aquellos aspectos donde experimentamos las dificultades más fuertes. No puedo ser cristiano los domingos y no ser cristiano los lunes o viernes, no puedo ser cristiano en el templo y no ser cristiano en el hogar o en la carretera o en el trabajo; no puedo mirar aisladamente un hecho, sino que tengo que mirar mi vida como unidad, y no quedarme en el ayer ni en el hoy sino proyectarme a un futuro de gloria y triunfo con Jesucristo. Usted también necesita concebir la totalidad de su vida como una misión. ¿Para qué estoy en el mundo? Y para vivir bien este nuevo año de independencia patria, para andar el camino en cristiano, debo preguntarme ¿qué pongo yo en el centro de mi corazón? ¿qué pone la Iglesia y la parroquia en el centro? ¿qué pone Chile en el centro: tener más dinero y bienestar, lograr éxitos deportivos o acaparar puestos en organismos internacionales, etc. o cuidarnos unos a otros y ayudarnos a respetar la vida, la familia, los enfermos, los ancianos, los niños y jóvenes?

María, Madre de Jesucristo y Madre nuestra, Virgen del Carmen y Señora del Rosario, nos proteja a nosotros y a nuestras familias, y a todos nuestros compatriotas de Chile.

+ Celestino Aos Braco
Obispo de Copiapó