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Homilía Te Deum 2018: "Construir sobre roca"

Catedral de Rancagua, 18 de septiembre de 2018.
Fecha: 18/09/2018
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Rancagua
Autor: Mons. Fernando Ramos Perez


1. Identidad y pertenencia

Estimadas autoridades regionales, provinciales, municipales, de las Fuerzas Armadas y Carabineros, miembros de nuestras más queridas instituciones públicas y privadas al servicio del pueblo de Chile, hermanos y hermanas que han venido esta mañana a dar gracias a Dios por el don de la Patria.

En este 18 de septiembre de 2018, cuando celebramos 208 años de cuando se dio inicio al proceso de independencia de nuestro país, nuevamente la Iglesia Catedral de Rancagua abre sus puertas para acoger a todos y todas que han querido hacerse presente para elevar una plegaria de gratitud a Dios Todopoderoso y Creador por nuestro país, por nuestra patria y porque podemos los aquí presentes sentirnos representados por una historia, símbolos, personas e instituciones que conforman lo que nosotros llamamos patria.

El término “patria” viene del latín pater, que quiere decir “padre”. Por eso, hablar de patria es hablar de paternidad, del origen de la vida, de quien engendra para dar vida, una vida que nace y es cuidada. En este sentido, al fijar nuestra atención en la patria, no lo hacemos por un simple ejercicio nostálgico o conmemorativo, sino más bien lo hacemos reconociendo nuestros propios orígenes, aquello que nos da identidad y sentido de pertenencia. Una de las tragedias más agudas del ser humano contemporáneo es que con extrema facilidad a veces deambula por la existencia sin tener claro cuál es su identidad o a qué pertenece. En esa condición, se vive en la soledad más absoluta.

Por el contrario, festejar la patria es celebrar lo que somos y lo que podemos llegar a ser desde nuestra identidad y pertenencia. Más aún, desde la mirada creyente, de aquellos que confiesan a Jesucristo como el Señor de la Vida y de la Historia, sabemos que la patria no es una casualidad, ni una simple construcción antojadiza; es por sobre todo un don de Dios para el bien de sus hijos. No llegamos a este mundo solos y desvalidos; llegamos insertados en una red de otras personas que nos facilitan el tránsito hacia una presencia en el mundo desde una identidad y pertenencia determinadas. Son nuestros padres, hermanos, familias, amigos, barrios e instituciones los que van colaborando en que se forje en cada uno de nosotros un modo de estar y ser en el mundo.

2. Una mirada a nuestra Región

Hoy, en la Iglesia Catedral, festejamos la patria desde esta querida Región de O’Higgins. No por casualidad lleva el nombre del Padre de la Patria. Por eso celebrar nuestra independencia en este lugar nos retrotrae a uno de sus gestores, que vivió, sufrió y trabajó para que nuestra nación independiente diera lo mejor a todos y cada uno de sus hijos e hijas.

Hace algunas semanas, se hizo público los resultados de la última encuesta CASEN, instrumento de validez nacional que permite visualizar y comprender como evoluciona la pobreza en nuestro país. La Región de O’Higgins se destacó por ser una de las regiones en las que más disminuyó la pobreza tanto por ingresos como también desde una perspectiva multidimensional, pero siguen existiendo personas en nuestra región que se encuentran viviendo en situación de pobreza o con un mayor grado de vulnerabilidad.

La situación de pobreza o extrema pobreza es mucho más que tener más o menos ingresos económicos. Tiene que ver, más bien, con como uno se sitúa en la vida y si es capaz o posible que pueda tener sus necesidades más fundamentales cubiertas para poder así proyectarse en la vida, desarrollarse como persona o familia y darse cuenta que la vida merece ser vivida desde la identidad de todo ser humano. Cuando alguien se levanta cada día viviendo en la inseguridad de no saber cómo va a concluir ese día, o si en el mismo va a poder conseguir lo necesario para alimentarse él y su familia, entonces, esa persona experimenta fuertemente la precariedad de la vida que se convierte en una permanente amenaza. El hecho de que 1 de cada 10 habitantes de esta hermosa Región viva bajo el nivel de pobreza nos ha de interpelar a todos y empujar para preguntarnos qué soluciones creativas podemos implementar para que cada día haya menos personas en esa angustiante situación de vulnerabilidad.

Pero si aguzamos más nuestra mirada y comprensión de la realidad, nos daremos cuenta que cerca de cada uno de nosotros hay siempre personas que se van quedando al margen de la sociedad, corriendo el riesgo de ser descartados, ignorados o simplemente desechados. No es difícil encontrarse con rostros arrugados de adultos mayores viviendo en soledad y abandono; o la sonrisa alegre de niños cuyos padres no pueden preocuparse de ellos, quedando en la más absoluta deriva; o también con las manos deseosas de un trabajo digno de tantos migrantes que han venido hasta nuestras tierras. Todos ellos constituyen un grupo de personas que de manera silenciosa siguen su marcha por la vida, sin saber muchas veces qué caminos recorrer. Ellos nos interpelan y nos preguntan acerca del tipo de sociedad y de país que estamos construyendo.

3. Otras miradas

Desde otra perspectiva, las luces y sombras de nuestra sociedad no se limitan solamente a los aspectos socioeconómicos y sociales. Estos son importantes, pero son solamente una parte de nuestra existencia. El ser humano es más que la posesión de bienes materiales o la satisfacción de derechos. Todos nosotros somos personas humanas, dotados de inteligencia y voluntad, pero que nos desplegamos en una red infinita de relaciones interpersonales de mayor o menor envergadura. Nos relacionamos con nuestros padres, parientes, amigos, vecinos, conocidos y desconocidos; nos relacionamos con las autoridades, con los que no tienen cargos, con los que nos encontramos en la vida o compartimos un trabajo o desafío personal. Vivimos y nos movemos en un mar de relaciones y, por eso, debemos preguntarnos por la calidad de nuestras relaciones interpersonales, por el cómo nos vinculamos con los demás o si estos son significativos para nosotros o simplemente son un cualquier otro irrelevante.

La experiencia del aprovechamiento o del abuso a diario la vivimos en nuestra sociedad. Y lo digo como miembro de la Iglesia que lamentablemente también en su interior ha tenido episodios de abuso de poder, de conciencia y sexual, que son inaceptables y absolutamente reprochables, y que exigen de nosotros la más absoluta convicción y decisión para que no se vuelvan a producir. Como Iglesia, seguiremos desarrollando nuestro compromiso en la creación de ambientes sanos y seguros, de acuerdo a como el Papa Francisco nos ha pedido. Pero la realidad del aprovechamiento o del abuso la podemos apreciar en las más diversas expresiones de nuestra sociedad. Se puede ver en aquel que tiene un cargo público o privado, en el que establece una relación comercial o hace un negocio, en aquel que tiene alguna responsabilidad grande o pequeña o en aquel que otros han depositado su confianza. El aprovecharse de alguna situación o abusar de algún cargo es siempre buscar un beneficio personal, transgrediendo los límites en las relaciones interpersonales. Se trata de aquel que ve una ocasión para obtener algo sin considerar que otro o los otros son vulnerados, agredidos o sencillamente violentados. Hay aquí un elemento muy relevante que nos debe hacer reflexionar acerca de qué valor tiene para nosotros la dignidad de los demás. ¿Son personas de igual dignidad que la mía o solamente objetos manipulables o utilizables a mi antojo?

Esta pregunta de enorme validez en todo tiempo y lugar es una de las preguntas fundamentales que todo ser humano tiene que hacerse una y mil veces en la vida. Es una pregunta fundante, de gran espesor ético que no puede quedar sin respuesta. O más bien, nos exige y apura a buscar una respuesta. ¿Desde dónde construimos nuestras relaciones? ¿qué permite tener relaciones sanas y respetuosas? ¿cuáles son los límites que las sostienen?

4. Principio y fundamento

El texto del evangelio que ha sido proclamado hoy, nos presenta a Jesús utilizando la imagen de una casa construida sobre roca en comparación a una casa construida sobre arena. Tal vez ambas casas son muy parecidas en su aspecto exterior, pero la diferencia se advierte cuando viene el temporal y las lluvias copiosas: una, la construida sobre arena, se viene abajo, mientras que la otra, construida sobre roca, se mantiene en pie.

El evangelio es muy claro y explícito en señalar que la roca es el hecho de poner en práctica las palabras de Jesús no porque sea un llamado a una obediencia ciega de lo dicho por Él, sino porque en sí mismas estas palabras son expresión de una sabiduría sensata, que permite construir algo nuevo y duradero, que en definitiva da un fundamento capaz de sortear todo tipo de vicisitudes, presiones y crisis que en nuestras vidas y en la sociedad abundan.

¿Cuál es esa sabiduría sensata que nos ofrece Jesús? ¿qué nos plantea que pueda orientar y sostener nuestra vida como una casa construida sobre roca? Una vez se acercó a Jesús una persona y le preguntó: “Maestro ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley? Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,36-40). En efecto, esta es la sabiduría sensata que nos ofrece Jesús. No es un discurso elaborado o sofisticado, no se trata de un conjunto de normas articuladas en forma brillante; se trata simplemente de una invitación a elevar los ojos al cielo para expresarle nuestro amor a Dios y a relacionarnos con los demás desde una especial preocupación por el otro.

Que distinta sería nuestra sociedad si pusiéramos en práctica estas enseñanzas de Jesús. Es cierto que debemos formular leyes adecuadas que regulen nuestra convivencia; también es cierto que necesitamos un sistema que imparta la justicia con objetividad y celeridad. Pero eso, por sí solo, no permitirá construir una sociedad o un modo de relacionarnos en el que la dignidad del otro, especialmente la de los más vulnerables, se ponga al centro de nuestros intereses y preocupaciones. Eso se conseguirá solamente cuando el otro lo veamos como un prójimo al que se ama y respeta, de igual forma como creo que se me debe amar y respetar. Así iremos progresando cada vez más en la construcción de una sociedad sólida que es capaz de enfrentar los embates de las crisis, porque estará fundada en la roca de la sabiduría de Jesús.

5. Palabras finales

En el mes de la patria, los chilenos nos caracterizamos por celebrar junto a nuestras familias y amigos un año más de nuestra independencia. Muchas veces sentimos un sano orgullo por lo que hemos construido y conseguido en estos dos siglos de vida independiente. Pero a veces, con extrema facilidad, caemos en el desánimo, la autoflagelación, el descrédito mutuo y la crítica fácil, sin darnos cuenta que así en vez de construir sobre roca, vamos minando nuestras relaciones y la sociedad entera.

También en estas fechas, los chilenos, especialmente los de estas tierras fértiles de la Región de O’Higgins, ponemos nuestra mirada en la Virgen María, Reina y Madre de nuestra patria, porque sabemos que su manto maternal y protector expresan una especial cercanía de la Madre del Salvador. Confiemos a ella nuestro país, sabiendo que una madre acompaña siempre a sus hijos.

Que el Señor bendiga a nuestra patria. Así sea.

+ Fernando Ramos Pérez
Administrador Apostólico de Rancagua