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Saludo al Santo Padre en Misa de Nuestra Señora del Carmen

Viaje apostólico del papa Francisco a Chile Campus Lobito, Iquique, 18 de enero de 2018
Fecha: 18/01/2018
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Iquique
Autor: Mons. Guillermo Vera Soto


¡Bienvenido al Norte Grande! ¡Bienvenido a Iquique! ¡Lo esperábamos ansiosos!

Hoy el Señor ha querido regalarnos este encuentro, permitiendo que esta Diócesis de Iquique y las diócesis hermanas de Antofagasta, Calama y Arica, disfrutemos de su presencia. Ante sus ojos también están muchos hermanos venidos de otros lugares del país y de diócesis hermanas vecinas.

Nos emociona, Santo Padre, que haya puesto sus ojos en este lugar de desierto y mar, donde lo superfluo no existe porque la armonía del Creador triunfa. Aquí en el desierto, el firmamento, en la noche, casi nos hace creer que alcanzamos a tocar las estrellas. Al amanecer, las condiciones de vida áspera, de este lugar recio y seco, forja almas laboriosas y luchadoras.

Este desierto está lleno de vida y su gente ha engendrado vida. Esta tierra llena de riquezas, funde a la gente que nació acá con tantos que han ido llegando de distintos lugares, algunos desde muy lejos. Esto nos ha ido enriqueciendo y haciendo madurar como comunidad, y nos está permitiendo vivir con fuerza que todos somos necesarios, sin distinción, y avanzar en una mejor convivencia entre hermanos se hace imprescindible.

Santo Padre: Cada año – por un profundísimo cariño a la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile – estas arenas desnudas se cuajan de colores brillantes y de ritmos ancestrales que resuenan con bombos, platillos y matracas, y el alma del pueblo danza y baila entre la arena y la sal. Ríos de gracias recibimos los peregrinos, como respuestas a nuestras alabanzas y súplicas que depositamos a los pies de Nuestra Señora del Carmen de la Tirana; como también a san Lorenzo en Tarapacá, visitando a la Virgen en Ayquina en Calama y el santuario de Las Peñas en Arica. El desierto se convierte en territorio sagrado, territorio de conversión.

Papa Francisco, le agradeceremos esta visita. Chile ha podido rezar con usted; Chile se ha sentido querido. Puedo asegurarle también, que usted tampoco está solo, Santo Padre. El cariño y las plegarias de los chilenos le acompañarán siempre, y ya estamos pavimentando con nuestras oraciones su visita a Perú. Cuente con ellas.

Santo Padre, bendiga a Chile y rece por nosotros, para que de verdad seamos esa nación de hermanos donde cada uno tenga el pan, el respeto, la alegría de vivir.

Papa Francisco, lo queremos mucho, le abrazamos, rezamos por usted.