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Saludo del Arzobispo de Santiago, Card. Andrello Ricardo Ezzati, en el Encuentro del Santo Padre con los sacerdotes, religiosos y religiosas, consagrados y consagradas, y seminaristas S.D.B.,

Viaje apostólico del papa Francisco a Chile Catedral De Santiago, 16 de enero de 2018
Fecha: 16/01/2018
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Card. Ricardo Ezzati Andrello


Muy querido Santo Padre:

Bienvenido y bendito, porque viene en nombre del Señor a traernos su paz. Bienvenido: ¡Lo
hemos esperado tanto!

Quienes le acogen en esta Iglesia Catedral de Santiago, somos sus hermanos y hermanas,
discípulos misioneros de “Jesús Buen Pastor”, “de Jesús Servidor” y de “Jesús Testigos del Padre” (Aparecida).

Aquí están las mujeres consagradas que, con la variedad de sus carismas, son testigos del misterio de Cristo, fecundando la historia de los hombres, sus hermanos, con la alabanza, la intercesión continua y los multiformes servicios apostólicos que prestan, especialmente entre los excluidos y necesitados.

Aquí están los Diáconos Permanentes. El año recién pasado, hemos agradecido a Dios los cincuenta años de las primeras ordenaciones de diácono permanente del post concilio en nuestra Patria. Al igual que la semilla de la Parábola, la vocación diaconal ha crecido y, en el curso de estos cincuenta años, se han convertido en una bendición para nuestras iglesias particulares.

Aquí están los presbíteros, incansables pastores que, desde el inicio de su pontificado, han acogido el desafío a que los invitó: “tener olor a oveja”, a fin de que las ovejas puedan percibir en ellos el perfume del óleo santo que los hizo sacramento personal de Cristo, el Señor.

Aquí están también los seminaristas, las y los jóvenes consagrados en formación, fascinados por la llamada que Jesús les ha hecho y deseosos de responderte fielmente. La realidad vocacional constituye un gran desafío para nuestras comunidades eclesiales. Para ello, hemos intensificado nuestra oración, como también la convocación del próximo Sínodo de los Obispos que es una gracia para nosotros. Queremos caminar en el espíritu de una auténtica conversión pastoral y de un alegre anuncio del Evangelio.

Querido Santo Padre, la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción. Le agradecemos sus palabras que denuncian el pecado y la tibieza y, a la vez, sus continuos llamados a vivir la belleza de la elección y la entrega apostólica de la vocación consagrada.

Bendíganos Santo Padre. No olvidaremos orar por usted y por su ministerio universal. Muchas gracias.