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Homilía Te Deum Fíestas Patrias, Catedral de Copiapó

"Ciudadanos comprometidos en construir una patria más justa, fraterna y solidaria"
Fecha: 18/09/2017
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Copiapó
Autor: Pbro. Rodrigo Herrera Reyes


Buenos días a todos y todas, sean bienvenidos a este momento de oración.

Autoridades de Gobierno, autoridades regionales, autoridades parlamentarias, autoridades de orden y seguridad, civiles y militares, hermanos de nuestras comunidades eclesiales, hermanos de otras confesiones religiosas, creyentes, no creyentes, que han querido compartir con nosotros este momento de cercanía y oración.

Este momento de acción de gracias, no solo es un acto republicano más como solemos decir, sino un espacio de gratuidad que nos damos para vivenciar por un momento la cultura del encuentro, un día en que más allá de las ideologías o legítimas diferencias queremos sentirnos una gran familia que comparte una tierra y una historia común, alegrías, gozos, tristezas, esperanza desbordante por una vida buena y digna de ser vivida.

Ciudadanos honestos y comprometidos en la esfera pública y privada
Este anhelo nos interpela, este clamor que nace y brota de la vida de aquellos más postergados y marginados nos desafía a todos los que somos parte del tejido social, especialmente aquellos que tenemos responsabilidades sociales y morales de acuerdo a nuestras convicciones, creencias y ubicación en el conjunto de la sociedad civil, las personas deben esperar más de nosotros, esperan y esperamos más de nosotros, se espera más de aquellos que somos Iglesia, testimonio y coherencia; esperamos más del Estado, un Estado al servicio del bienestar de la ciudadanía; esperamos más de los gobiernos, esperamos más de aquellos que ejercen la política, recordemos, “la política es el uso del poder legítimo para la consecución del bien común de la sociedad, es decir, la preocupación que abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social con las que las personas, las familias y las asociaciones pueden lograr más plenamente su realización” (Ethos cotidiano. Tony Mifsud s.j). Se espera más de los empresarios, más ética y humanidad, en el trato y en los negocios. Ciudadanos honestos y comprometidos en la esfera pública y privada, en la ciudad y en el campo, en la población, en nuestros barrios, donde se desarrolle la vida del hombre y la mujer, ahí queremos ser ciudadanos comprometidos en construir una patria más justa, fraterna y solidaria.

El desafío social no es nuevo, dejemos remover nuestras conciencias y movilizar nuestras acciones en pos de un objetivo común, ¡MÁS DIGNIDAD PARA TODOS! Esto es lo que anhelamos, esto es lo que soñamos, un Chile que desde su pluralidad y diversidad construya con dignidad y equidad. Somos una sociedad plural, pensamos distinto, actuamos distinto, miramos la vida desde ideologías distintas que se construyen desde nuestras creencias, convicciones y opciones, por eso nadie tiene el derecho de imponerle a otro lo que debe creer, y nadie tiene el derecho de imponerle a otro lo que debe hacer. En un Estado de derecho y democrático como el nuestro el respeto es fundamental, por lo tanto, seamos constructores de paz, esforzados ciudadanos que trabajan y luchan por tender puentes que articulen el dialogo social.

Anhelo de construir juntos

El respeto como valor y principio de sana convivencia nos urge. El Cardenal Don Raúl Silva Henríquez escribió alguna vez: “Me preguntan por el país que sueño o que deseo. Y debo decir que mi deseo es que en Chile el hombre y la mujer sean respetados. El ser humano es lo más hermoso que Dios ha hecho. El ser humano es “imagen y semejanza” de la belleza y de la bondad de Dios.”

“Quiero que en mi patria desde que un ser humano es concebido en el vientre de una mujer, hasta que llegue a la ancianidad, sea respetado y valorado. De cualquier condición social, de cualquier pensamiento político, de cualquier credo religioso todos merecen nuestro respeto.”

El anhelo del respeto nos une, pero también debe unirnos el anhelo de construir juntos. Queremos “una gran casa, una familia y una sola mesa con asientos para todos” por lo tanto, “urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente se requieren nuevas estructuras que promuevan una autentica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales” (D.A. 384).

Me permito decirles que en este contexto de oración que nos hace iguales, desde los roles que cada uno ha recibido para servir “la Patria no son únicamente montañas, mares, desiertos y valles. Es historia, es tradición, es un camino que se ha emprendido juntos para construir en común” (Cartas de obispo Fernando Ariztía).

Don Fernando Ariztía, nuestro recordado obispo, pastor bueno y humilde, promotor de justicia y defensor de la vida en contextos de dolor y sufrimiento que marcaron el alma de nuestra nación, nos enseñó alguna vez desde este mismo lugar en que hoy a mí, Vicario General de esta Diócesis, me toca presidir este encuentro fraterno: “para construir un país se requiere reavivar en todos, la vocación de servicio. Hemos nacido y vivido en esta tierra para servir a los demás –y en ellos servir- a Dios. El ser humano crece y se realiza verdaderamente en plenitud, cuando descubre que necesita de otros y que está marcado por una vocación de servicio a otros. “La capacidad humana, el desarrollo y eficiencia personal alcanzan su verdadera dimensión solamente cuando se colocan al servicio desinteresado a los demás”. (Te Deum Catedral de Copiapó, 1995)

Amar la patria, construir patria, es reavivar en nosotros la hermosa vocación de servicio. La Iglesia está al servicio del Reino de Dios, hoy delante de ustedes, como Iglesia renovamos nuestro compromiso de trabajar por el Reino, que Dios reine entre nosotros con verdad y justicia, amor y perdón, misericordia y reconciliación. El anuncio del Reino de Dios (Padre justo y misericordioso) es la centralidad de la predicación de Jesús nuestro maestro y Señor. Creemos y anunciamos como Iglesia “que en la medida que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos" (E.G. 180).

Proclamábamos en la primera lectura que “ser discípulo y misionero de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva asumir evangélicamente y desde las perspectivas del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano” (D.A. 380).

El migrante es el rostro de Jesús

Queremos construir juntos desde nuestras realidades, pero teniendo en cuenta el fenómeno de la globalización de la vida social. Me permito hacer la siguiente reflexión, y tocar un punto de gran relevancia en el presente de nuestra historia, el fenómeno de la movilidad humana. Hoy la humanidad, la patria grande, es una gran aldea, mayor alcance en las redes de comunicación, las distancia se acortan, facilidad para el desplazamiento humano de ciudad en ciudad, país en país y de un continente a otro. Distintos motivos impulsan al ser humano a migrar, distintas realidades, pero a veces, la realidad de la persecución, la pobreza, la violencia y la guerra se imponen y obliga a muchos hermanos nuestros a tomar otros rumbos, buscar otros destinos, y en una tierra ajena a su cultura y tradición, tratar de vivir en paz y construir una vida mejor.

La diversidad de nuestro país es reflejo de nuestro aldea común, el desafío no solo es acoger al hermano y hermana migrante, respetarle es su cultura y tradición, sino invitarles a ser un aporte desde lo que son, y con su esfuerzo, trabajo y dedicación nos ayuden a construir una vida mejor, porque la patria también les compromete. Para nosotros cristianos, el migrante es el rostro de Jesús, que pide ser acogido, respetado y valorado.

Hay tantos temas que nos desafían desde lo político, social y económico. Pobreza, acceso igualitario a la justicia, equidad social, igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, negocios con ética, cuidado y protección del medio ambiente, delincuencia, violencia, educación de calidad, pensiones dignas, sueldos dignos, ¡VIDA DIGNA!.

Participar, votar, es nuestra responsabilidad.

Hoy el amor a la Patria nos une, este amor nos impulsa a orar por aquellos que son autoridad en nuestra nación y por aquellos que serán constituidos autoridad por medio del proceso democrático de elecciones. El próximo 19 de noviembre elegiremos a la máxima autoridad de nuestro país, el presidente o presidenta de la República y también a parlamentarios, diputados, senadores y consejeros regionales. Oremos por nuestras autoridades y futuras autoridades, para que siempre trabajen en pos del bien común, que más allá de toda disputa partidista e ideológica el horizonte sea el bien de Chile, y el bien de Chile pasa por el bien del ciudadano que quiere vivir bien, tranquilo y en paz. Que nuestros desafíos como nación sean sus desafíos y que nuestras preocupaciones sean sus preocupaciones. Y nosotros ciudadanos, asumamos nuestro compromiso de participar en estos procesos democráticos que le hacen tan bien a Chile, con una conciencia formada e iluminada, para nosotros cristianos desde el Evangelio y las enseñanzas de Jesús. Participar, votar, es nuestra responsabilidad.

Hoy recordamos con cariño las palabras del evangelista. Un alcance, la palabra recordar sencillamente significa pasar por el corazón. Hoy resuenan con fuerza las palabras que se nos trasmiten de Jesús, el Hijo predilecto del Padre, “se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios: arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia” (Mc. Cap.1, 15) “El proyecto de Jesús es instaurar el proyecto de su Padre; Él pide a sus discípulos: “¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos” ( Mt 10, 7). (E.G. 180).

Esta Palabra que anunciamos, esta proclamación que vivimos, es la Buena Noticia de Jesús, la Palabra viviente de nuestro buen Padre Dios. La Palabra de Dios debe interpelar la vida de un creyente, pero sobre todo, debe anidar en su corazón el deseo y la voluntad de ser presencia viva y eficaz de la Palabra que se anuncia y se predica.

El anuncio de la Buena Noticia es la proclamación de la muerte y Resurrección de Jesús, en Jesús encontramos vida, el Reino es vida, Dios es vida, vida abundante y rebosante.

Cristianos pregoneros de buenas noticias

La vida de Dios en la persona de Jesús, el Resucitado, el presente, el que vive, fluye por las venas del tejido social, toca el corazón de hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos mayores, convierte mentalidades, renueva estructuras y habla desde aquellos que le han conocido y amado. Recordemos con las palabras del papa Francisco: “una autentica fe –que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de trasmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.” (EG. 183)

Seamos pregoneros de buenas noticias, construyamos Reino juntos y con nuestra propia vida al servicio de la comunidad, trasmitamos la vida de Jesús, para que en ÉL nuestra patria tenga vida.

María, Madre de los pueblos, Virgen del Carmen, patrona y Reina de Chile, ampáranos con tu santa y maternal protección.

A Jesús el Señor, a él sea el honor y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Pbro. Rodrigo Herrera Reyes
Vicario General de la diócesis de Copiapó