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Documentos

Homilía de Navidad 2016

Catedral de Melipilla
Fecha: 25/12/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Melipilla
Autor: Mons. Cristián Contreras Villarroel


UN PESEBRE PARA JESÚS

Queridas hermanas y hermanos en el Señor,
Pobre es el pesebre, pero hermoso

¡Qué hermosa está nuestra Catedral! Engalanada, bella, con un hermoso pesebre delante de nuestro Altar para celebrar Navidad. Gracias a todos quienes con cariño han dispuesto este oasis de acogida para el Niño Dios y para todos nosotros.

Celebramos el misterio de Navidad, el nacimiento de Cristo, Dios-con-nosotros, luz para todas las naciones. No me equivoco al decir que nuestros rostros esta noche son más bellos. Ellos transparentan la hermosura original en la que fuimos creados como imagen y semejanza de Dios. ¿Nos damos cuenta que en estos días afloran los más nobles sentimientos del corazón, deseándonos paz, alegría, salud y felicidad para todos? Es eso lo que somos: bellos y bondadosos porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Ayudémonos para vivir esta vocación para la que fuimos creados por Dios misericordioso!

Algo nos hermana: un Niño, príncipe de la Paz

He visto a mediodía las noticias por televisión. De distintas partes del mundo hay mensajes de paz, de bondad, de buenos deseos. ¿Qué es lo que origina que jugadores de fútbol, que personas del mundo del arte, que voluntarios de la bondad, que autoridades de muchas partes del mundo deseen una “Feliz Navidad”? ¿Qué es lo que suscita que la Navidad reúna a las familias y que muchas de ellas asistan a la Misa y luego celebren en sus hogares?

¡Es el Niño Dios! Jesús con María y San José … ¡aunque no lo digan explícitamente!

Celebramos un “misterio”, pero revelado como a los marginales pastores y como a los magos de Oriente. Un “misterio”, no algo misterioso. Ante el “misterio”, caben dos actitudes, dos gestos: inclinarnos como lo hacemos esta noche y lo hacemos el Viernes Santo ante la Cruz redentora del mismo Jesús que celebramos esta noche en su Natividad. Nos inclinamos, nos abajamos, como lo ha hecho el Hijo eterno de Dios al compartir nuestra humanidad en todo, menos en el pecado, justamente para redimirnos de esta esclavitud. Otra actitud es la de adorar. Hagamos un gesto de adoración esta noche ante nuestros pesebres o imágenes del Niño Dios en nuestros hogares. Hace bien adorar, contemplar, empaparnos de la presencia del Dios-con-nosotros, tal como contemplamos a las personas que amamos, incluso cuando las despedimos de esta existencia terrenal y rendimos homenaje a sus restos mortales.

Es bueno agradecer

Esta Noche Buena y mañana Navidad es para agradecer. Sí, para agradecer. Personalmente quiero agradecer la bondad, la cercanía, la amistad, la generosidad de tantas personas y familias que me han enviado un mensaje de saludo o un regalo que es pura gratuidad. Agradezco la fidelidad de décadas de tantas personas y familias. Y esto es por la fe en Cristo y pertenencia a nuestra Iglesia. Los invito a hacer unos instantes de silencio para agradecer a tantas personas que llevamos en el corazón. Pensemos en los enfermos, en los que buscan trabajo, en los que están o se sienten solos, en quienes están lejos de sus hogares. ¡Los invito a hacer silencio y oremos unos instantes frente al pesebre. Después seguiré con mi reflexión de Navidad. Hagámoslo desde nuestra indigencia, por nuestros seres queridos y por los que necesitan de nuestra plegaria, también por quienes ya no están con nosotros!

¡Así es! Navidad nos emociona. Nos conmueve. Es hermoso también contemplar la ternura y el cariño con que disponemos los pesebres y el árbol de Navidad en nuestras casas. Pensamos en los regalos y en las personas queridas a quienes deseamos expresarles nuestro cariño. ¡Qué hermosos son estos gestos de humanidad, de fraternidad, de amistad, de recuerdos agradecidos! Es hermosa la Noche Buena y el día de Navidad. ¡Gracias, Señor! ¡Gracias Niño Jesús, Dios con nosotros!

Iglesia en salida y de la acogida

Nuestra querida diócesis de Melipilla, en su extenso territorio geográfico, quiere ser una “Iglesia en salida” al encuentro de la humanidad, como nos ha pedido nuestro querido Papa Francisco. Queremos ser una Iglesia que va al encuentro y que es acogedora. ¡Qué diálogo más hermoso! ¡Qué magnífico intercambio! Es lo que celebramos en Navidad. Dios con nosotros.

El Hijo eterno de Dios, ha puesto su morada en medio nuestro. Él ha nacido en una pesebrera de animalitos. ¡Sí, Él, el Hijo eterno de Dios por quien fueron creadas todas la cosas! Lo dirá el texto del prólogo del Evangelio según San Juan en la Misa de mañana con una contundencia que nos deja estupefactos, atónitos. El Verbo eterno de Dios, su palabra definitiva es este Niño del pesebre que nos llena de ternura. Y esa Palabra definitiva de Dios es la “explicación” (la “exégesis”) de Dios a quien nadie ha visto jamás. Si queremos conocer a Dios, a quien nadie ha visto jamás, lo podremos conocer y amar en el seguimiento de Jesucristo. ¡Sí, de este Niño Dios que contemplamos y adoramos en el pesebre! Misterio insondable ante el cual nos inclinamos reverentes y agradecidos. El Hijo eterno de Dios se hizo un hombre. No es un recorrido geográfico, sino del ser. El que nació en medio nuestro, el Hijo eterno de Dios, volvió al seno de la Trinidad con nuestra humanidad redimida. Es el Hijo eterno que celebramos en el Niño del pesebre. ¡Sacramento, misterio de nuestra fe!

Nuestros pesebres existenciales

Nuestra existencia puede ser un pesebre donde repose Jesús. ¡Así es! Son pesebres que cada uno conoce, pero que debemos disponer bien. Pesebres de dolores y de alegrías; de tristezas y esperanzas; de historias no reconciliadas, de debilidades y quizás de pecados no superados. Pero esta noche bendita nos revela que Dios es rico en misericordia.

“Jesucristo ayer, hoy y siempre”. Jesucristo nacido ayer, que viene hoy y que vendrá. El eterno contemporáneo de la humanidad. El eterno “compañero” (cum panis), es decir, que comparte el pan de su Palabra, buena noticia, evangelio, y el de la Eucaristía. A ese Jesús Niño del pesebre celebramos en Navidad.

¡Ven, Señor Jesús! invocamos en cada Eucaristía: “Este el misterio de nuestra fe”, dice el sacerdote. La asamblea creyente exclama: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!”. Es la invocación de los pobres y humillados de la historia (Apocalipsis 22, 20).

Venidos de lejos a nuestra Patria chilena

A Jesús Niño, María y José, les acompañan el buey, el burrito y las ovejitas; también los pastores y los magos de Oriente. ¡Acogida llena de ternura, de contemplación y adoración! Después, Jesús, María y José, deben huir al exilio en Egipto.

Un regalo quisiera para la diócesis: acoger a los hermanos y hermanas llegados desde otros países. Vienen de Haití, de Colombia, del Perú, y de otros países. En otras épocas vinieron de la madre patria España, de Italia, Alemania. Dispongamos para ellos un pesebre de acogida; de parroquias que sean como su hogar. Agradezco a la pastoral de migrantes operante en muchas de nuestras parroquias.

Protejamos su dignidad y denunciemos a la mala vida organizada, de modo que todos quienes buscan mejores expectativas de vida para ellos y sus hijitos, puedan decir como del niño Jesús: “El niño iba creciendo y robusteciéndose; estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios” (San Lucas 2, 40). Hermoso y desafiante pesebre.

Como dijo el Papa Francisco al concluir el Año Santo de la Misericordia, pero cuya actitud debe permanecer siempre, todos los días: “Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura. Es el tiempo de la misericordia para que los débiles e indefensos, los que están lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades. Es el tiempo de la misericordia, para que los pobres sientan la mirada de respeto y atención que, venciendo la indiferencia, han descubierto lo que es fundamental en la vida. Es el tiempo de la misericordia, para que cada pecador no deje de pedir perdón y de sentir la mano del Padre que acoge y abraza siempre”.

¡Cuánto es bueno y bello nuestro Dios, manifestado en el nacimiento del Niño Dios del pesebre!

¡Feliz Navidad para ustedes y mi bendición llena de cariño y gratitud!

+ Cristián Contreras Villarroel
Obispo de Melipilla
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Chile