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Homilía Misa de Acción de Gracias en Fiestas Patrias

Fecha: 18/09/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Puerto Montt
Autor: Mons. Cristián Caro Cordero


Textos: Am 8,4-7
Sal 112
1 Tim 2,1-8
Lc 16, 1-13

Catedral de Puerto Montt, 18 de sept., 2016

1. Continuando una noble tradición republicana, nos reunimos en esta Iglesia Catedral para dar gracias a Dios por los beneficios concedidos a nuestra Patria, en un nuevo aniversario de su Independencia. También queremos pedir al Altísimo –como nos exhortaba san Pablo- que derrame especiales luces y bendiciones sobre toda la comunidad nacional, pero especialmente sobre los gobernantes, legisladores y jueces, constituidos en autoridad y llamados a ser ejemplo de honestidad, prudencia y sentido humano para “que podamos disfrutar de paz y tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna”.

En este nuevo aniversario patrio no podemos dejar de reflexionar sobre las fortalezas y debilidades de Chile en esta hora. Las grandes riquezas que Dios puso en nuestra tierra y mar es la primera gran fortaleza, a la que se une la positiva valoración de la familia en los jóvenes y el pueblo, en general; se la considera la memoria viviente de nuestros antepasados, el espacio de confianza y amor en que somos aceptados tal como somos, el apoyo en las dificultades y la transmisora de las tradiciones, los valores y la fe, aunque este aspecto se ha debilitado mucho últimamente. También es positivo destacar el crecimiento del voluntariado dedicado a obras de misericordia y solidaridad con los necesitados, sean enfermos, adultos mayores, gente en situación de calle, discapacitados y tantos más, así como de instituciones y fundaciones de tipo social, muchas de ellas de la Iglesia, que hacen su generoso aporte humanitario a nuestra patria. Chile cuenta con una rica tradición campesina, de trabajo, folklore y artesanía, con un pueblo trabajador noble y sufrido para enfrentar las adversidades naturales, pero que ha perdido la paciencia, y busca reivindicaciones inmediatas y en forma cada vez más agresiva.

No hay duda que nuestro país ha mejorado su nivel de vida y un número significativo de compatriotas han salido de la condición de pobreza. También ha habido gran progreso en infraestructura, acceso a luz, agua, conectividad y el uso masivo de tecnología de comunicación. Hay una buena cobertura educacional aunque persisten serios problemas en calidad y equidad en la educación, metas que la reforma educacional no ha enfrentado a fondo. El ambiente de desconfianza generalizado por los casos de corrupción ha estimulado el esfuerzo legislativo en torno a la transparencia y se aprobó una ley para castigar severamente las colusiones económicas.

2. Entre otros temas que seguramente serán tratados en los demás Te Deum, deseo destacar tres aspectos preocupantes: primero, ese clima de desconfianza, de pesimismo que tiende a ver que todo anda mal, a causa de la política y de la corrupción del dinero. “Hay desconfianza y falta de credibilidad en todos los que ejercemos autoridad… existe desconfianza en nuestras instituciones, heridas por nuestras inconsecuencias, por faltas de transparencia y hasta por delitos cometidos por sus miembros …vivimos en desconfianza porque hemos endiosado el dinero y este verdadero ídolo aparece sonriente en la mayoría de los conflictos vigentes… Y ningún país puede vivir y crecer sin romper este círculo verdaderamente perverso, si no damos paso a una nueva manera de vivir y de organizarnos”, escribían los obispos del Comité Permanente el 13 de mayo de 2016. La política, el cuidado de la polis, es un arte noble y difícil que requiere gran integridad personal, sacrificio por el bien común sin anteponer intereses personales o partidistas.

Precisamente, el Evangelio de este domingo nos habla de que los seres humanos somos solamente administradores y no dueños -ni de la naturaleza ni de la vida ni de los bienes materiales- y nuestra misión es ser fieles y honestos en lo poco o mucho que se nos ha confiado en esta tierra para que tras nuestra muerte se nos confíen los bienes eternos. Los bienes terrenos tienen una “hipoteca social”: deben ayudar a los más necesitados y a nosotros a sustentar dignamente nuestra vida y la de aquellos de los que somos responsables, la familia, para conseguir el fin último de nuestra vida, que es el encuentro con Dios. Por eso, la gran conclusión de Jesús es que no se puede servir a Dios y al dinero. Cuando se sirve a éste se cae en injusticias cuyas primeras víctimas son los pobres, nos recordaba al profeta Amós. La verdadera sabiduría es, entonces, examinarnos siempre a nosotros mismos antes de juzgar a los demás.

3. Una segunda preocupación es la confusión valórica que ha traído la irrupción de una cultura laicista y secularizada. Me refiero especialmente a que se ha relativizado el valor trascendente de la vida humana, de toda vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural y a lo largo de todo el arco de la existencia, en sus diversas etapas y circunstancias. El proyecto de ley de despenalización del aborto en tres causales es una herida mortal al alma de Chile, porque de ser aprobado traerá después el querer ampliar las causales hasta convertirlo en aborto libre, como ha pasado en todos los países que lo aprobaron restringidamente al inicio. Entreabierta la puerta se termina por abrirla totalmente. Ha quedado claro en la discusión que el proyecto no obedece a un problema de salud- porque Chile tiene los más bajos índices de mortalidad materna- sino que quiere satisfacer un postulado ideológico, a saber, el pretendido derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y la continuación o interrupción de su embarazo. Pero, resulta que se decide sobre la vida de otro ser, distinto de la madre, el más inocente, indefenso y necesitado de protección. En resumen, se vulnera el primero de los derechos humanos – a la vida- para establecer un derecho de la mujer que no es tal. No se ha tomado en cuenta que la injusticia y violencia ejercida sobre el ser indefenso cargará la conciencia de la mujer para toda la vida, porque por naturaleza ella está hecha para cobijar, proteger y cuidar la vida y no destruirla. Comprendemos los dramas de embarazos no deseados o los meses de espera de hijos que vienen con defectos o supuesta inviabilidad fetal –cosa difícil de probar con certeza. O producto de una violación, pero nada se resuelve añadiendo otra injusticia a la ya cometida dando muerte a la criatura inocente. La solución es que el Estado – en vez de ofrecer “prestación médica” para abortos en los tres casos- tenga en todos los hospitales y centros de salud equipos interdisciplinarios que acompañen a esas mujeres con embarazos difíciles y les ayuden a dar a luz y les ofrezcan caminos de adopción cuando ellas no puedan o no deseen quedarse con sus hijos.

Hay que decir que no ayuda al reencuentro de los chilenos ni a la pacificación de los espíritus -tan necesaria en Chile, más en clima de elecciones municipales y luego presidenciales- que el Gobierno fije urgencia simple al proyecto de ley de aborto para que pueda ser despachado prontamente. ¿Por qué no se escucha a la mitad o más del país que no quiere el aborto? ¿Por qué se hace oídos sordos a la voz de todas las Iglesias cristianas del país contrarias al proyecto de ley? ¿no significan nada las manifestaciones masivas a lo largo de Chile pidiendo misericordia con el niño por nacer y compañía a las mujeres embarazadas? ¿Y los más de 1.300 médicos y estudiantes de medicina que no están dispuestos a efectuar abortos? ¿Y las casi 100.000 personas que con sus firmas se oponen a este proyecto? Pedimos al Gobierno y a los parlamentarios, sobre todo a los cristianos y católicos que sean coherentes con la fe y moral cristiana, que en el 5° mandamiento de la ley de Dios dice: “No matarás”.

4. Otro tema valórico que no podemos soslayar es el Proyecto de ley que reconoce y da protección al derecho a la identidad de género. Según esta nueva filosofía el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era –se dice- la sociedad la que decidía. Se impugna la dualidad hombre-mujer creada por Dios como esencial a la creatura humana. Y con eso se niega también la familia como realidad preestablecida por la creación. Es cada uno quien decide su orientación sexual según la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente respecto de sí misma, independiente de su sexo biológico. Por tanto hay derecho a solicitar el cambio de nombre y de sexo, y a ser protegido en sus expresiones conforme a esa identidad. Se trata, ciertamente, de dar respuesta a situaciones de personas que sufren discriminación y exclusión por trastornos de identidad sexual, cuyos orígenes no están claros. Sin embargo, esta ideología del género –ha dicho el Papa Francisco- “lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. El sexo biológico y el papel sociocultural del sexo (género) se pueden distinguir pero no separar”. Aquí se pretende generalizar e “imponer un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños”. A la base de esta ideología hay una visión autorreferencial y autosuficiente de lo que es ser persona humana, olvidando o negando que lo creado nos precede y debe ser recibido como don. De lo contrario, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se convierten en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas”(cf. AL, 5 y 6). Una cosa es buscar solución legal a situaciones excepcionales y otra promoverlas y hacer de ellas la normalidad de la vida.

5. El tercer gran desafío que tenemos es reconstruir las confianzas, recomponer la amistad cívica, buscar acuerdos para proyectos de bien común, más allá de los partidismos o de las luchas de poder. La reciente inauguración de la nueva Cruz de Tenglo, con su espléndida iluminación, tiene enseñanzas claras. Un comité pro-construcción ha integrado los esfuerzos públicos y privados, en torno a un proyecto importante de bien común, que es poner en valor el patrimonio natural, cultural y religioso que es la isla y su monumento. Es un ejemplo vigente y felizmente realizado que muestra que se pueden alcanzar grandes metas que en un comienzo parecían imposibles si prevalece la buena voluntad, el ánimo de servir, el valorar lo bueno del otro, el trabajar juntos. Todo eso es fe que mueve montañas, esperanza que no defrauda y amor que nos urge a realizar juntos proyectos en beneficio de nuestras comunidades en las ciudades, campos, islas y mar. Se trata de privilegiar el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres, según expresión del papa Paulo VI. Pensar en el bien común, ponernos en el lugar de nuestros hermanos necesitados uniendo inteligencias, voluntades, competencias, sentimientos para engrandecer nuestra patria haciéndola más justa y buena para todos. La misión del Estado es cuidar y promover el bien común de la sociedad, incluyendo a los más pobres; alentar la subsidiariedad y la solidaridad; procurar el diálogo y buscar consensos y acuerdos en pro de la justicia y la paz; respetar la vida y la dignidad de cada persona, y el bien de las familias.

Es necesario renovar en todos los chilenos el ánimo, la esperanza y la responsabilidad. Todos tenemos el deber de contribuir con nuestro trabajo diario, con iniciativas personales y sociales a solucionar los problemas de nuestra patria y a recrear la esperanza necesaria para el futuro. Particular rol les cabe a los cristianos, discípulos de un Maestro que con su muerte y resurrección transformó la cruz y el aparente fracaso en triunfo y resurrección. Ciertamente necesitamos leyes y estructuras que perfeccionen nuestra convivencia, ayuden a superar las grandes desigualdades y a avanzar en la creación de fuentes de trabajo, en el crecimiento económico y en la mejor distribución de los bienes. Pero, no bastan las leyes ni el progreso económico. Se requiere un nuevo espíritu de fraternidad, solidaridad, amistad cívica, sentido de patria común. Se requieren cambios de mentalidad, de comportamientos, de actitudes, lo que en lenguaje cristiano se llama la “conversión”, que es volverse a Dios: Verdad, Vida y Amor. Cambiar el corazón para erradicar de nosotros el reino de la trampa, de la doble vida, del cinismo. Necesitamos restaurar las confianzas, cumplir la palabra empeñada, hacer converger los esfuerzos, tener un solo corazón y una sola alma.

6. A la Virgen del Carmen, Madre y Reina de esta Patria nuestra, Señora de esperanza y misericordia, le pedimos que nos enseñe a “conquistar el verdadero progreso que es construir una gran nación de hermanos, donde cada uno tenga pan, respeto y alegría”.
Amén

+Cristián Caro Cordero
Arzobispo de Puerto Montt