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100 años de la muerte de Mons. José Fagnano

Te Deum de Fiestas Patrias

“Esperando cuando ya no había ninguna esperanza” (Rom. 4,18)
Fecha: 18/09/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Punta Arenas
Autor: Mons. Bernardo Bastres Florence


Estamos hoy reunidos en esta Iglesia Catedral para orar por nuestra Patria, con gratitud y esperanza. También hoy, hacemos memoria de la vida y obra del gran misionero salesiano Mons. José Fagnano, Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas, quien falleciera hace 100 años, el 18 de Septiembre de 1916, en Santiago de Chile.

Al orar por nuestra Patria entonamos el himno del Te Deum, una alabanza de gratitud a Dios por todos sus beneficios y poniendo en las manos del Señor la vida de todos los hijos e hijas de esta tierra, que anhelan hacer de Chile “una copia feliz del Edén”.

Nuestra oración es un acto de humildad y de reconocimiento a Dios por sus beneficios, y estar aquí reunidos es un gesto que honra nuestra cultura cívica, de la misma manera que enaltece a quienes no comparten nuestra fe y participan con nosotros en esta celebración. Hay algo muy profundo que nos une, como es la búsqueda del bien común de Chile. Nos unimos para trabajar en construir un país mejor, más justo, más feliz y en paz. Nadie sobra. Compartimos una historia común y juntos debemos renovar la esperanza para seguir aportando en la construcción del país.

Mons. Fagnano, luchando contra adversidades y hostilidades, arriesgando inversiones y –también- equivocándose otras veces, fundó colegios, levantó Iglesias, abrió escuelas y oratorios para los niños y jóvenes. Con el apoyo del P. Juan Bernabé, arquitecto, produjo los primeros ladrillos con barro de esta tierra para la construcción de este templo Catedral que nos cobija; este aporte permitió cambiar rápidamente el rostro de las construcciones de la ciudad. También construyó el primer puente que unió nuestra ciudad, dividida por el Río las Minas, el cual fue conocido por mucho tiempo como el “puente de los padres”. Su amor por la naturaleza de este lugar lo movió a fundar el Museo que lleva el nombre de otro gran misionero y pionero: MaggiorinoBorgatello. Desde su llegada en 1887, Mons. Fagnano hizo traer los primeros instrumentos para el Observatorio Meteorológico, para estudiar científicamente el clima de Magallanes, siendo hoy el observatorio meteorológico más antiguo de Chile. Para mantener informada a la comunidad cristiana, Mons. Fagnano fundó el 19 de Enero de 1908, el semanario “El Amigo de la Familia”, que ininterrumpidamente, desde aquella fecha, llega cada domingo a miles de hogares magallánicos.

Mons. Fagnano trabajó con esperanza y aunando los esfuerzos de muchos para que la vida fuera mejor para todos los habitantes de nuestra tierra austral. Su testimonio de misionero esperanzado y ciudadano responsable ilumina nuestro presente, tan distinto a esos tiempos pioneros.

Nuestra Patria, desde hace algunos años está viviendo profundos cambios en diversos ámbitos. Cambios que algunos ven con preocupación y pesimismo. Nosotros creemos que son una gran oportunidad que no podemos desaprovechar; creemos que son una ocasión para mirar nuestra situación con realismo y honestidad, buscando superar los límites y corrigiendo nuestros errores, para construir -con esperanza- hoy un verdadero progreso.

La esperanza no es una virtud que adormece y no consiste en pensar sólo en el más allá despreocupándose del presente. La esperanza nos invita a levantar la mirada, a no detener la marcha y nos da horizontes trascendentes en el trabajo por construir aquí y ahora un mundo mejor, más fraternal y más humano. Este día de fiesta nos recuerda que la patria libre tiene raíces, tiene una larga historia de éxitos y fracasos, de dolores y alegrías que debemos asumir para mejorar lo bueno y corregir nuestras falencias. Esto es lo que llamamos “el alma de Chile”, el “alma de la magallanidad”. Es la savia vital que nos hizo y nos hace crecer como personas y como nación; por ello, debemos ser conocedores de nuestra historia y de sus tradiciones, las cuales debemos siempre aprender a amar y respetar.

Este aniversario Patrio, es una nueva ocasión para tomar conciencia de lo bueno que tenemos y expresar nuestra gratitud por lo que Dios nos ha regalado. Son muchos hermanos nuestros que a lo largo del tiempo han derramaron su sudor y su sangre trabajando en las minas, en los campos y en el mar, en la construcción de ciudades y caminos para que Chile sea lo que hoy somos. Muchos políticos honestos, profesionales serios y mujeres esforzadas en la educación de sus hijos, son héroes anónimos a los que en este día rendimos homenaje.

Delante de Dios, es necesario reconocer agradecidos lo que nos ha legado nuestra historia patria. Hace 50 años muchos niños andaban a pie descalzo por nuestras ciudades, en muchas poblaciones no había agua potable, había niños y jóvenes que no podían ir a la escuela y la educación superior estaba reservada a unos pocos; también había hambre en sectores de la población y apenas había posibilidades para el sueño de una casa propia; en el campo, el inquilinaje ofrecía un panorama indigno del trabajador campesino. Aunque algunos de esos problemas -en parte- subsisten y deben seguir preocupándonos, es un hecho que niños y jóvenes hoy pueden ir a la escuela, pueden cubrir sus pies que antes -como dijo Gabriela Mistral- estaban “azulosos de frío”. Pasamos de una endémica y grave desnutrición infantil a un país donde muchos niños padecen obesidad por una alimentación mal equilibrada. Pasamos de una situación donde la población y sobre todo los pobres aceptaban sumisos su condición marginal a una toma de conciencia general de la injusticia y a un reclamo justo por los derechos fundamentales. Sin embargo ese reclamo necesario no puede transformarse en amargura violenta y desesperanza. Chile es hoy el segundo país de toda América en esperanza de vida -por sobre los Estados Unidos-, pero es nuestro deber trabajar para que esa vida sea digna de ser vivida, profundamente humana y feliz.

Es necesario renovar en todos los chilenos un corazón cargado de esperanza y de responsabilidad. Para eso, ciertamente, necesitamos renovar nuestras leyes que perfeccionen nuestra convivencia. Pero no bastan las leyes. Sin un cambio en la mente y el corazón de los chilenos no podremos erradicar de nosotros la corrupción, la doble vida y el aprovechamiento de algunos. Necesitamos un país capaz de restaurar sus confianzas, donde la palabra empeñada se cumpla, donde haya transparencia, donde la ley no se transgreda y, si es transgredida, que haya adecuada sanción.

En este tiempo, hemos visto los intentos por enfrentar algunos desafíos, lo cual va en beneficio de todos. Hay una creciente conciencia de mejorar la acción política, separándola de interés particulares, para que sea una real función pública e independiente que vele por el bien común. También, crece cada vez más la conciencia de la transparencia en todas las actividades e instituciones públicas y privadas.

Hace algunos días, en nuestra Semana Social, reflexionamos a partir de la Enciclica “Laudato Si”, del Papa Francisco: “la ciudad que queremos vivir”, en ella participaron diferentes sectores que componen nuestra ciudad, y también los candidatos para Alcaldes. Fueron tres días de ejercicio republicano, donde el ambiente reinante fue de respeto, de escuchar, de exponer y de esfuerzo por buscar los mejor caminos para nuestra casa común. Esto deseamos para este tiempo de campaña electoral, que nadie sea descalificado “a priori” y todos se les respete en sus respectivos proyectos políticos y sociales.

La Iglesia no está al margen de estos procesos, de ahí nuestra preocupación por animar a la participación activa y responsable de todos sus miembros. Así, a pesar que fue escasa la participación en la consulta del proceso constituyente, desde el inicio valoramos esta iniciativa e impulsamos a nuestras comunidades a asumirla y dar su aporte, pues la intervención de todos es valiosa y puede permitir un amplio consenso en la redacción de nuestra carta fundamental.

Sabemos que hay problemas pendientes que preocupan a todos los chilenos y esperamos que ellos sean tratados con profundidad y altura de miras, con la mayor participación de todos. Quisiera destacar tres de esas situaciones:

1. La reforma de la Educación Superior. La cual, por una parte, no puede dañar los avances obtenidos hasta ahora en dar más oportunidades a los estudiantes más carenciados, pero también debe mirar su crecimiento en calidad y cuidar de no limitar la legítima autonomía de las instituciones para que hagan su aporte propio a la investigación y formación de profesionales con perfiles específicos.

2. El mundo laboral y de los pensionados. Es necesario un esfuerzo muy grande para aumentar el empleo y que éste sea de calidad; procurando seriamente aumentar el salario mínimo para que alcance un monto ético. Es bueno para el país que aumente la participación sindical y que en las organizaciones sindicales haya la máxima transparencia y libertad para ejercer su importante tarea en bien de los trabajadores. Unido al tema laboral está la situación de los jubilados y los problemas del sistema previsional: nuestros adultos mayores necesitan más que nadie, poder pasar sus últimos años de vida en condiciones más humanas, con buena atención en salud, vivienda y jubilación.

3. Se discute hoy una ley sobre la despenalización del aborto. Dada la importancia del tema de la vida y las distintas sensibilidades, es fundamental que su discusión sea seria y profunda, midiendo todas las consecuencias que de ella pueden desprenderse, y respetando la objeción de conciencia a las personas y a las instituciones.

No quisiéramos terminar sin hacer un especial hincapié en dos temas actuales de máxima importancia para el país: los inmigrantes y los pueblos originarios:

a.- la situación de los numerosos inmigrantes que están llegando a Chile y a nuestra región. Se necesita con urgencia una nueva ley de migración, que asegure sus derechos y deberes. Por otra parte, necesitamos crecer en nuestra capacidad de acogida hacia ellos, que puedan sentirse rápidamente parte de nuestra vida, que tengan un trabajo digno, acceso a la vivienda, la salud y la educación. Somos una región que ha nacido de la inmigración de varios pueblos y culturas que han construido nuestro ser magallánico, por ello nos deberíamos destacar por facilitarles e integrarles en nuestra comunidad.

b.- Como país vivimos la compleja situación del pueblo mapuche y, con ellos, de los otros pueblos originarios. Tenemos una deuda histórica con esos pueblos cuya cultura fue gravemente agredida forzándolos a entrar en nuestra cultura y tradiciones. Aquí, es interesante destacar la figura de Mons. Fagnano y conocer su gran obra en beneficio de los indígenas que se encontraban en esta tierra. Al poco tiempo de llegar Fagnano a la región constató, que existían, hechos de violencia contra los pueblos originarios de esta tierra austral. Ante esta situación escribió: “tenemos necesidad de recorrer todas las islas… ubicarlos en un solo lugar para atender mejor sus necesidades espirituales y materiales… si no se lo proveemos nosotros, ellos serán sometidos a pequeños grupos y obligados a cambiar, cada día, de morada, para poder encontrar el alimento diario”. Así en la Misión de San Rafael en la Isla Dawson, trato de salvar -con los medios y posibilidades de esos tiempos- a las etnias locales, pero las enfermedades traídas desde el exterior de la región, comenzaron inexorablemente a provocar su muerte, sin poder poner término a tales males. Nuestra tarea hoy, es buscar los caminos del diálogo con los pueblos originarios, en el respeto mutuo, el reconocimiento de los errores, la reparación por el mal causado y devolverles su dignidad e identidad. Esto alejará la tentación de la violencia que no conducirá a nada bueno en nuestro país.

La Iglesia Católica y los fieles que a ella pertenecemos, tenemos la obligación de corregir nuestras propias faltas, delitos, escándalos, prepotencia y errores. Hemos pedido perdón por el mal que causado a través de aquellos ministros y consagrados que han cometido delitos sexuales contra menores, y lo haremos las veces que sea necesario. También, como una manera de hacernos cargo y prevenirlo a futuro, hemos implementado cursos y seminarios, obligatorios para todos los agentes pastorales, que ayuden a crear ambientes sanos y serenos. Por otra parte, el centro de nuestra atención son las víctimas, a las cuales las escuchamos, acogemos y hacemos todo nuestro esfuerzo para reparar el mal causado. Siguiendo las orientaciones de los últimos Papas, aplicamos el principio que “no hay espacio en el sacerdocio para aquellos que abusan de los niños y de los jóvenes”. Queremos prestar un servicio creíble, honesto y coherente al anuncio del Evangelio y al pueblo de Chile.

Los cristianos estamos llamados a contribuir con todas nuestras fuerzas a colaborar en las soluciones a los problemas de nuestra patria y, especialmente, a recrear la esperanza necesaria en el futuro. Sin esperanza no hay futuro humano. Somos discípulos de un Maestro y Señor que con su muerte y resurrección nos permite transformar la cruz y el fracaso en esperanza de vida plena.

Ciertamente, la figura de Mons. Fagnano, presente en la historia de nuestra región, nos puede ayudar a mantener viva la esperanza en nuestro porvenir. Él a pesar de todos los problemas de esos tiempos pioneros y de la oposición que encontró en el desarrollo de su obra, no bajó los brazos y supo ser creativo frente a cada desafío que le tocó enfrentar. Este es el llamado que el Señor nos hace en la hora presente de nuestra historia presente.

Deseo terminar con unos hermosos versos de nuestro premio nobel de literatura, Pablo Neruda que se refiere a la Esperanza.

Donde
estés, donde vivas,
en la última
soledad de este mundo
en el azote
de la furia terrestre,
en el rincón
de las humillaciones,
hermano, hermana,
espera!....
Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera
estoy seguro:
no nos olvidará la primavera


La profunda y sencilla piedad popular a María Santísima es garantía de humanidad y de servicio. A Ella, que es madre de la Misericordia y de la Esperanza, le pedimos ayuda y le encomendamos nuestra Patria.

¡Te Deumlaudamus… te alabamos, Señor! Amén

+ Bernardo Bastres Florence
Obispo de Punta Arenas