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“Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles”.

Fecha: 18/09/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Calama
Autor: Mons. Óscar Blanco Martínez


Nos hemos reunido en este hermoso templo “El Salvador” de la Iglesia diocesana San Juan Bautista de Calama, provincia del Loa. Y desde esta tierra de sol y cobre nos unimos a todos los chilenos, para orar por nuestra Patria.

Hoy queremos hacer memoria agradecida, por los hombres y mujeres, que se transformaron en verdaderos héroes y nos dejaron esta patria libre y soberana. Héroes en la guerra, en la justicia, en la fe, y héroes de la caridad.

Rezar y reflexionar por nuestro presente, gobernantes y gobernados y mirar con esperanza el futuro. “Para vivir tranquilos y serenos con toda piedad y dignidad. Esto es lo que agrada a Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad”. (1Tim. 2, 1-4).

El sentimiento que llevamos por nuestra patria es un sentimiento muy profundo: es como el sentimiento que tenemos por nuestra familia, en la que hemos nacido, crecido y educado. La patria es una comunidad de personas con su historia, con su cultura, sus instituciones, su orden jurídico, que tiene una fe religiosa que le proporciona una visión del mundo y la guía a lo largo de su historia.

En el Evangelio que se ha proclamado y que acabamos de escuchar, vemos esa escena en que Jesús amó profundamente a su patria. Hizo todo lo posible por salvarla. “La quiso cobijar bajo sus alas como la gallina cobija a sus polluelos y los cubre con sus plumas”, (Mt.23,37). Al verla desde la colina la amó y lloró por ella. Cristo lloró por su patria, por su pueblo, por su comunidad, por su gente. Él sabe que allí están todos los elementos necesarios para realizar el plan de Dios, pero la verdad es que la ciudad se convirtió en el símbolo del rechazo a todo lo que tuviera que ver con la voluntad de Dios, y esto le traerá graves consecuencias. “no te dejaran piedra sobre piedra”. (Lc. 19, 44)

En nuestra patria hay preocupación, esperanza y compromiso

Con la hermosa imagen del Cristo del desierto, que contempla con misericordia nuestra ciudad de Calama y desde aquí a nuestra Patria, también nosotros, hoy al mirar a Chile, sentimos preocupación.
También nosotros, como Jesús, amamos a nuestra patria y creemos que en nuestro país están todos los elementos para que nuestra patria sea grande y prospera, pero algo pasa que nuestros ojos no lo ven. El conocido refrán “a guatita llena, corazón contento”, en muchos compatriotas no se da. Es decir, en muchos hermanos nuestros las necesidades más básicas no están cubiertas, como son: la alimentación, la casa, el trabajo, la educación, la salud y si estas necesidades no están, no puede el corazón estar contento, ni tener el ánimo para dedicarse a las actividades cotidianas que conducen a alcanzar los anhelos más profundos del ser humano, la felicidad. Los bienes de nuestra tierra y los frutos del trabajo del hombre ¿Dónde están? ¿Por qué hay tantos enfermos esperando por años una hora para ser atendido en un centro de salud? y ¿cuántos de ellos han muerto por no tener los recursos para acceder a una salud a tiempo y de calidad? ¿Por qué los abuelos, hombres y mujeres, que se desgastaron por nuestra patria, hoy están abandonados en un albergue o casa de reposo? Nos duele ver a compatriotas que en pleno siglo XXI están en situación de calle, es decir, viven en la calle y se alimentan de un “té y pan con queso”. Nos preocupa y nos debería dar vergüenza, cuando vemos a los migrantes deambular de un lugar a otro sin encontrar acogida en políticas favorables para vivir y trabajar. Pareciera que en Chile “no” se quiere al amigo cuando es forastero. Dan ganas de llorar, cuando se ponen todos los esfuerzos y conocimientos para legalizar el aborto, es decir, mandar a matar al inocente, violando así el primer derecho natural del ser humano, la vida. ¿Qué nos está pasando? ¿Serán estas cosas las que llevan a jóvenes y adultos, trabajadores y jubilaos, religiosos y hasta enfermos a salir a las calles de nuestras ciudades a manifestar su descontento y a veces, hasta con violencia, destruyendo lo que con tanto esfuerzo otros construyeron? Algunos podrían pensar que es fruto de la crisis económica, otros echarles la culpa a los políticos y por qué no también culpar a la Iglesia. La verdad es que todos somos responsables de los destinos de nuestra patria, así como cuando Chile gana, todos ganamos, así también, cuando chile pierde todos perdimos.

La desconfianza que se ha instalado en nuestro país es responsabilidad de todos, grandes y chicos, pobres y ricos, creyentes y no creyentes, somos nosotros las personas que defraudamos, que no respondemos a nuestros compromisos, que no cuidamos del otro, que no amamos y no somos capaces de perdonar. Retomemos el mandamiento del amor.

No podemos dejar de escucharlas palabras del Papa Francisco, en torno a la ecología humana y preocuparnos del cuidado de la naturaleza. “La explotación abusiva de nuestros mares y de nuestra riqueza mineral, el descuido del medio ambiente puede producir un daño irreparable y cerrar el futuro de las nuevas generaciones”. Si alguien, piensa que esto no se da en nuestro país, es porque no vive en Chile, o por lo menos en Calama…

Pero en nuestro país hay esperanza

La esperanza no es una virtud que nos adormece, ella no consiste en pensar sólo en el más allá, despreocupándose del presente. Ella nos ayuda a levantar la mirada, a no detener la marcha en la búsqueda de nuevos horizontes, en la lucha por construir aquí y ahora un mundo mejor, más fraterno y más humano.

Chile tiene esperanza en las “reservas espirituales de su pueblo”. Chile tiene vocación de ser un país generoso y solidario. Tiene capacidad de reaccionar frente a las catástrofes naturales que a menudo han azotado nuestros territorios. Hay ciudadanos honestos con ganas de hacer las cosas bien y construir una patria mejor. Familias que son verdaderas pilares donde se levanta y sostiene nuestra sociedad. Profesores con vocación de formadores de los futuros constructores de nuestra patria, políticos con vocación de servicio, médicos que fieles a su profesión viven y practican su arte de manera santa y pura, jueces que practican y reclaman justicia igual para todos, empresarios que buscan generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad, trabajadores mineros, campesinos y pescadores que son verdaderos “artesanos del futuro” de nuestra patria. Esperanza en que las velas nocturnas, el trabajo cotidiano, los pequeños y grandes esfuerzos de la vida, cuentan con la presencia del Señor, como nos los recuerda el Salmo. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”. Una sociedad sólida nace, del compromiso de todos, pero también tiene necesidad de la bendición y apoyo de Dios. Él es el constructor de la casa y el centinela de la ciudad. El hombre sale de mañana para empeñarse en el trabajo para el sustento de la familia y para el desarrollo de la sociedad, es un trabajo que provoca el sudor de su frente. El salmista no duda en afirmar que este trabajo es inútil si Dios no está al lado del que se esfuerza. Solo Dios da consistencia y valor a la acción humana. Pongamos nuestra confianza en el Señor para que sea él el que nos ayude a construir una patria más, justa, fraterna y solidaria.

La patria es tarea de todos

La patria no comienza hoy con nosotros; pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Recibimos la patria como una tarea inacabada. Y nos toca a nosotros seguir recreando y construyendo la patria.

Debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo hoy por mi Patria? ¿Qué puedo hacer para que “¡Viva Chile!”? Todos podemos y debemos hacer algo. Cada uno de nosotros ocupa un lugar importante en la patria. En la escuela, en la universidad, en el comercio, en la fábrica, en las fuerzas Armadas, en la policía, en el campo, en la industria, en la empresa, en la política, en la justicia, en los centros de salud, en la Iglesia, en los medios de comunicación. Trabajar en conciencia, es decir, ante Dios, fielmente, no anteponer intereses personales, ideológicos o partidistas, sino buscar siempre el bien común, es trabajar por la grandeza de la Patria. Hemos de aspirar a ser ciudadanos responsables de cumplir los propios deberes antes de salir a reclamar los derechos. El que exista una desconfianza en la política, no debe ser motivo para dejar de ejercer un deber cívico y un derecho que hemos ganado. Votar siempre será una forma de participación y responsabilidad ciudadana. Es signo de irresponsabilidad, cuando lo que se promete no se cumple. Hay muchos hoy en cargos públicos que no han cumplido lo que prometieron, esto no contribuye a una sociedad sana y responsable. Pedimos a los candidatos a alcaldes y concejales, ser responsables en sus promesas y programas de trabajo. Recuerden que quien llega a un cargo público, no ha de olvidar que está ahí por la gente y para la gente y debe trabajar por el bien común y no de unos pocos.
Las celebraciones por este nuevo aniversario de nuestra patria serán mucho más significativas si se convierten para todos los chilenos, en el campo y la ciudad, en un momento especial para reunir y aunar fuerzas, con el fin de promover un desarrollo civil y social del País, justo e inclusivo.

Al terminar, pedimos a nuestros hermanos mayores, en la fe, San Alberto Hurtado, Santa Teresa de los Andes y la Beata Laura Vicuña, que nos iluminen con su ejemplo de Santidad para ser “buenos cristianos y honestos ciudadanos” (S.J. Bosco), y un día alcanzar el cielo. Virgen María, madre del Norte y del Sur, Sra. del Mar y la cordillera, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, AMEN.

+ Óscar Blanco Martínez
Obispo de Calama