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Homilía Te Deum 18 de septiembre de 2016

Fecha: 18/09/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: San Felipe
Autor: Mons. Cristián Contreras Molina


La bandera tricolor que simboliza la libertad, flamea mirando hacia el cielo mientras los hijos de Chile cantan con orgullo el himno que transciende la cordillera de los Andes para permanecer como una sinfonía que se prolonga en la eternidad.

En el día de la patria damos gracias a Dios entonando el Te Deum, himno de gratitud y alabanza que hunde sus raíces en los orígenes de nuestra independencia. Nosotros somos hoy los que revivimos esta y tantas tradiciones que nos traen a la memoria los ideales de quienes soñaron con un Chile creyente, republicano y democrático.

Chile no sería hoy lo que es, sin los padres de la patria. Están vivos los miles de soldados que inmolaron su vida hasta lograr la libertad. Fue la participación valiente y comprometida de la mujer chilena dedicada al cuidado y formación de los futuros ciudadanos. Chile no sería lo que es sin el aporte de sus educadores, trabajadores, políticos, servidores públicos, empresarios, líderes espirituales y de cuantos han llegado a este país en búsqueda de una tierra generosa que les acoja desde el corazón de sus habitantes. Estas y tantas otras instituciones y personas, han formado parte del crecimiento y desarrollo de la nación chilena.

Con el ánimo de valorar y reconocer el desarrollo de Chile a lo largo de su historia, recuerdo no sin dolor, la pobreza en que vivían los campesinos 50 años atrás. En mi niñez supe lo que era bañarse con agua fría, calentarse alrededor de un brasero, comer queso de caritas y llevar como colación un membrillo al colegio. Como niño, me preguntaba si yo tendría la oportunidad de continuar estudiando después de las preparatorias. No recuerdo si alguien me fue a buscar en auto a la salida de mis clases, lo que sí recuerdo es que nunca mi madre fue citada para recibir una queja. Quiero que mis huesos descansen en la cercanía de esos pedregosos caminos del ayer, ellos forman parte del Chile que me vio nacer.

Para el mundial del 62 yo tenía 16 años y estaba iniciándome en la formación para sacerdote. Nuestros formadores nos sorteaban para ir a una casa de una familia buena y pudiente que tenía un televisor en blanco y negro para ver un partido de fúltbol. 60 años después, los televisores son tantos que hasta impiden la comunicación en la familia. Cuando transito de norte a sur por excelentes carreteras y cuando me muevo por todos los rincones de la esta diócesis por caminos pavimentados, doy gracias a Dios porque no solo me concede deslizarme con comodidad, sino por permitirme ver el campo sembrado de flores y los cerros cubiertos de paltos, madarinas y limones. Esta simple experiencia me permite reconocer los avances que Chile ha experimentado en los últimos decenios. Hoy, son miles los chilenos que se movilizan dentro y fuera del país. Hasta hace pocos años, era un privilegio subirse a un avión. Es motivo de orgullo el que el 70 % de los actuales universitarios sean hijos de padres que no conocieron las aulas universitarias, como así mismo, constatar que un sinnúmero de estudiantes realiza post grados en famosas universidades norteamericanas y europeas. Podría seguir contrastando el ayer con el hoy que mira el futuro. Chile está viviendo un cambio profundo y esta es una oportunidad que no debiéramos desaprovechar. Volver a nuestras raíces nos hace bien pues ellas nos recuerdan que la vida es sagrada y es que un don que debemos agradecer. La vida no solo se destruye con el aborto, se destruye también con el comercio de armas, el tráfico de niños y mujeres, el comercio y consumo de drogas. La vida se destruye con la contaminación del eco sistema, el mal uso de los recursos naturales y la toxicidad de los ambientes impregnados de discriminación, envidias y calumnias. Se destruye la vida cuando se condena antes de ser sometido a un proceso, cuando se omite y descalifica al que piensa distinto, cuando la ideología es capaz de totalizar el pensamiento impidiendo con ello la búsqueda de la verdad.

En un ambiente enrarecido que tiende al pesimismo y en donde muchos piensan que todo anda mal, valoro los avances legales en torno al financiamiento de la política, el castigo a las colusiones económicas, la reforma al binominal, y la anhelada la reforma educacional. Concuerdo con cuantos opinan especialmente con relación a esta última, que debió ser mejor pensada y con el tiempo necesario para ser estudiada y luego de ser aprobada, llevadas a la práctica. Dada su importancia y complejidad, nunca imaginé que vería la luz en dos o tres años. Sin ser economista pienso que ni con dos reformas tributarias ni con el cobre a 4 centavos de dólar la libra se podría lograr un cambio estructural que diera como resultado un proceso educativo de calidad y de gratuidad para todos. Chile necesita mejorar las atenciones de salud, reformar el sistema de pensiones, seguir implementando políticas de prevención del delito, dar mejor protección a los menores y procurar urgentes reformas al sistema penitenciario. Difícilmente un ser humano cambia su conducta desde la indigencia. El cumplimiento de una pena en un ambiente deshumanizado provoca odio y rencor.

La pregunta que debemos hacernos hoy es ¿qué ha pasado con nuestra convivencia? ¿De donde viene tanta intolerancia y en algunos casos, hasta actitudes odiosas? Es una riqueza, para algunos difícil de aceptar que nuestra patria se haya convertido en una tierra para albergar a emigrantes y refugiados. Es un don que los jóvenes se movilicen por tener propuestas que nos desinstalan. Pero, ¿Por qué hacerlo destruyendo lo que otros han construido con esfuerzo?. ¿ Por qué tener que derribar los símbolos de la fe y la devoción de miles, como sucedió con las imágenes de la Gratitud Nacional y que sigue sucediendo con las que ponen los creyentes en las tumbas de sus seres queridos en los cementerios?.

No creo equivocarme al afirmar que hemos entrado en la peor crisis que puede afectar a un país. No es ni política ni económica, tampoco de crecimiento productivo. Es la crisis de confianza que lleva a desconfiar de todo tipo de autoridad económica, política, religiosa y social. Si llega hasta creer que todos se enriquecen con lo que nos pertenece. Sería muy triste que quienes se postulan a un cargo de representatividad popular usen en sus campañas un slogan que destruya lo más valioso que tenemos como es la convivencia. Sin confianza se destruyen las relaciones de amistad y de compañerismo y las más sagradas, como la de los hijos con sus padres o las de los cónyuges entre sí. Las personas de fe tenemos un desafío aún mayor porque la fe es un acto de confianza. En nombre de Dios no tenemos derecho a propagar la desconfianza. Los delitos de corrupción cometidos en Chile y por chilenos son una realidad, pero Chile no es un país corrupto.

En este año de la misericordia, con toda sencillez les propongo una campaña que está a la altura de todos, varones y mujeres, grandes, jóvenes y niños. Rechacemos los pelambres. Se puede tener críticas y propuestas, pero evitando el “dicen que”. No aceptemos ningún cuento, ningún rumor y obliguemos a quien lo proponga a dar la fuente y a hacerse responsable de sus afirmaciones. Acostumbrémonos, con Jesús y como Jesús, a dar la cara por lo que creemos y pensamos, sin miedos ni complejos, en vez de entendernos desde identidades falsas en las redes sociales, con comentarios anónimos o panfletos infamantes.

Amigos y hermanos. La vida eterna no es una esperanza solamente futura. Comienza en el aquí y ahora de la historia que nos toca vivir. Las palabras de San Pablo son elocuentes. “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba”; Busquen y trabajen por los verdaderos valores humanos y cristianos. No busquen el dinero ni el poder. Pidamos a Dios que nos permita hacer de Chile una mesa para todos.

Les invito a poner nuestros buenos deseos e intenciones bajo la protección de Teresa de los Andes y de aquella mujer que acompañó a los padres de la patria. Que la Virgen del Carmen nos ayude a seguir construyendo una patria libre, justa, solidaria, creyente y democrática. Que así sea.

+ Cristián Contreras Molina OdeM.
Obispo de San Felipe