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Homilía Te Deum 2016, Catedral de Copiapó

"Construir un Chile mejor amando a Dios y amándonos unos a otros".

Fecha: 18/09/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Copiapó
Autor: Mons. Celestino Aós Braco


Hoy, en el Año de la Misericordia y en este 206 aniversario de la Independencia de Chile, los católicos nos reunimos ante el altar. Las palabras de Moisés que entonces convocaron a los israelitas hoy nos convocan a nosotros: \"Todos vosotros os habéis colocado hoy en presencia del Señor, vuestro Dios, para entrar en la alianza del Señor, alianza que tu Dios concierta hoy contigo, a fin de constituirte hoy su pueblo, y ser él tu Dios. No sólo con vosotros concierto Yo esta alianza, sino también con el que está hoy aquí con nosotros, en presencia del Señor, y con el que hoy no está aquí con nosotros\".

La expresión “con el que hoy no está aquí con nosotros” se refiere a los descendientes, a los que nacerán; o sea a nosotros. Dios concierta esta alianza con nosotros en el bautismo que nos hace cristianos. Y la alianza de nuestro bautismo es la que cada uno de nosotros debiera vivir. Pero nuestra historia es como la del pueblo de Israel: se llena de fervor en la alianza en el Horeb cuando el Señor le regala los diez mandamientos pero luego quebranta esa alianza, peca, y Dios tiene que manifestar su misericordia perdonándole. Moisés ha rezado una y otra vez suplicando la misericordia y el perdón. Ahora en el Horeb, en esta ocasión solemne van a renovar la alianza. Renovar la alianza es comprometerse a mejorar, fortalecer la esperanza. Una esperanza que no se sostiene en los deseos y propósitos, en las palabras y planes de los hombres sino en el amor, la misericordia y la fidelidad de Dios.

Hacer alianza es ejercitar el don maravilloso de la libertad. Allí están los que pretendían excusar su falta de compromiso diciendo “fueron nuestros padres los que hicieron la alianza, a mí no me pidieron parecer”, allí están los que dicen “ahora son tiempos distintos y los otros países viven con estos otros criterios y costumbres”… Dios respeta nuestra libertad, pero nos exige definirnos: hoy pongo delante de ti la vida y el bien y la bendición, la muerte y el mal y la maldición. Elige tú, elige la vida.

Que cada uno, usted, elija: elegir es optar, es comprometerse personalmente, es comprometerse grupalmente… Ustedes que se comprometieron con las tinieblas y el mal y la muerte elijan la vida y la virtud. O sea ¿cómo puedo ser mejor persona, mejor ciudadano? ¿Cómo puedo colaborar para construir el Chile nuevo de la honradez y la justicia, de la familia y la solidaridad, de la vida y la esperanza?… ¡Elegir a Jesucristo!: pensar como Jesucristo, sentir como Jesucristo, actuar como Jesucristo. ¿Qué haría Cristo en mi lugar?

Jesucristo sella la alianza definitiva, el pacto indestructible, con su sangre derramada en la cruz. A cada uno nos dice Jesucristo: Yo te he elegido para que vayas y des fruto, y tu fruto permanezca. Jesús nos indica el camino de la misericordia y de la vida: yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él ese da fruto abundante... Esto les mando, que se amen unos a otros como Yo los he amado; yo los he amado como el Padre me ha amado a mí. Si permanecen en mi amor, guardarán mis mandamientos. Si no nos comportamos según los mandamientos del Señor, si no nos esforzamos en ser misericordiosos como el Padre del cielo ¡no somos de Cristo!

Moisés sabía bien las dificultades, las deficiencias y los pecados del pueblo de Israel, pero los invita a la alianza, al compromiso, a la esperanza: pongo ante ti la vida y la muerte, elige: yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar su preceptos, y mandamientos; ama al Señor, escucha su voz, camina en su presencia pues Dios es tu vida. Tú debes esforzarte, tú debes mirar como te comportas en tu familia, en el trabajo etc. Dios te hará su pueblo, Dios será tu Dios.

Sabía bien Jesús las dificultades, las deficiencias y los pecados de nosotros; pero nos invita a la alianza, al compromiso, a la esperanza: porgo ante ti la vida y el amor.

Sabemos bien nosotros las dificultades, las deficiencias y los pecados que cargamos y que son elecciones de muerte, que nos frenan, que nos hacen sufrir, que nos dañan: la violencia que nos produce inseguridad, la corrupción que nos envenena la convivencia, el alcohol y las drogas que destruyen personas y familias, la injusta distribución de los bienes y recursos que genera malestar y conflicto social, el abuso de los menores y el abandono o el maltrato a los ancianos con situaciones de pobreza y pensiones insuficientes, los ataques a la familia, las quemas de capillas y la profanación de imágenes y templos, la cesantía y los bajos sueldos, la mala atención en salud, la desigualdad y baja calidad de la enseñanza y la educación, el maltrato a la naturaleza con la contaminación y explotación irracional, etc. Estamos al borde del abismo retrocediendo y tratando de borrar aquel “nunca más” que nuestros labios corearon con fuerza y nuestros corazones hicieron compromiso emocionado: nunca más desaparecidos ni torturados ni asesinados en Chile y por ningún motivo. Ahora se pretenden validar asesinatos con motivos que se revisten de humanismo y piedad. O como mal menor:

El aborto no es un mal menor: es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra (en el mejor de los casos) o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. Después, evidentemente, como es un mal humano cada asesinato es condenado.

Estos problemas, estos desafíos, no se resuelven ni solucionan con promesas electorales o discusiones académicas o filosóficas o de opinólogos radiotelevisivos; ni siquiera con más recursos económicos. Urge que cada uno de nosotros quiera cambiar, mejorar ¡todos tenemos que mejorar! Quiero una Patria libre, sana, solidaria para afrontar los desafíos. Vivimos un gran momento; vivimos un momento donde todos y cada uno debemos ejercitar nuestra libertad y elegir: porgo ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición.

Vivimos un gran momento donde cada uno debemos dialogar y colaborar porque la tarea no la pueden hacer solo los gobernantes o los políticos (ellos deben poner su parte y a ellos les pedimos que nos den ejemplo).

Aquí ante el altar cada uno de nosotros tiene que decidir: no se viene a la Iglesia, no se reza, para salir igual que como entramos; estar con Dios y ante Él, compartir con los hermanos en la fe debe hacer que algo cambie y mejore en nuestro interior.

Porque hoy, en este año de la misericordia, hoy en estas Fiestas Patrias, hay tantas chilenas y chilenos que se reúnen junto al altar para ejercitar su libertad, y para elegir la vida y el bien yo tengo esperanza: si tenemos los graves problemas ya citados, si somos débiles y pecadores, Dios no nos deja abandonados: Yo seré vuestra vida, Yo seré vuestro Dios.

Jesús nos dice: les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud. Bajo el amparo de la Virgen del Carmen colocamos a Chile y colocamos nuestro compromiso y alianza: queremos construir un Chile mejor amando a Dios y amándonos unos a otros.

+ Celestino Aós Braco
Obispo de Copiapó