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Misa en el día de san José Obrero 1 de mayo 2016

Catedral de la Santísima Concepción +Fernando Chomali G. Arzobispo de Concepción
Fecha: 01/05/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Concepción
Autor: Mons. Fernando Chomali Garib


Quisiera saludar en el día de hoy a todos los trabajadores de la Región del Bío-Bío. Gracias a su esfuerzo y abnegación todos quienes estamos aquí podemos procurarnos de los bienes y servicios que nos permiten vivir. Gracias sr. panadero. Gracias sra. vendedora. Gracias sr. obrero de la construcción y de los puertos. Gracias trabajador de los bosques y de mar adentro. Gracias sr. alfarero y pescador artesanal. Gracias minero que entrega todo para darnos de comer. Gracias a quienes se desvelan en los hospitales curando nuestras heridas. Gracias a los tipógrafos que permiten informarnos día a día. Gracias a los miles y miles de servidores públicos que nos proveen servicios para vivir. Gracias sr. profesor. Sra. Profesora por todo lo que enseñan día a día, con tantas dificultades pero con tanta abnegación.

No puedo dejar de agradecer a los empresarios que creen en la empresa como una comunidad de personas y promueven el bien de sus trabajadores y trabajadoras al interior de ella, de sus familias y el medio ambiente en el cual viven.

Gracias a esos miles de chilenos y chilenas que desde muy temprano, con su esfuerzo, superando muchas adversidades, de manera anónima y silenciosa van tejiendo la historia de este país maravilloso que Dios nos ha regalado y nos ha pedido que lo cuidemos y embellezcamos.

Juan Pablo II hoy Santo, estuvo en nuestra ciudad hace 27 años. Nos recordó que el trabajo es la clave de la cuestión social y que está indisolublemente unido al querer de Dios. El padre Carlos Puentes a tiempo y a destiempo, en los más variados campos de la vida laboral nos recordaba la dignidad del trabajador y la dignidad del trabajado. Hoy le hacemos a este apóstol de los trabajadores un especial reconocimiento.

Así, si queremos saber cómo está el país, cómo está la región, cómo es el futuro que nos espera, debemos mirar qué es lo que pasa con los trabajadores, qué es lo que pasa con los miles y miles de hombres y mujeres que día a día llevan el pan a sus casas con el sudor de su frente. Pero también no podemos de dejar de preguntarnos ¿qué pasa con quienes no tienen trabajo?

Las fuentes de trabajo de la región, verdaderos hitos y buques insignias de esta realidad se están desplomando. Pensemos en ENACAR y el drama de los cientos de trabajadores que llegaron jóvenes e ilusionados a trabajar a la mina y terminaron solos, pobres y enfermos, y que aún no han logrado ser adecuadamente tratados en sus justas demandas. Ya llevan 20 años. Muchos han fallecidos. Otros están enfermos y desencantados. 20 años es mucho tiempo para quien entregó lo mejor de sí para una empresa del Estado. Lo mismo con la fábrica de Ladrillos refractarios Lota Green. Una ciudad de 80 mil personas, un pulmón de trabajo y dignidad hoy con menos de 50 mil, llena de tristeza y de cesantía. Ese no es el Chile que queremos. Ese es el Chile que tenemos que cambiar entre todos. Todos podemos colaborar para que ello nunca más ocurra. El día del trabajador también es un día para ponernos con más fuerza manos a la obra para tener un país con más equidad, con más cohesión social, con más sentido de pertenencia, con más sentido de fraternidad. ¡¡¡¡Cuánta falta nos hace!!!! Ese es el llamado de la iglesia, ese es el llamado de Francisco. Ese es el llamado de los trabajadores.

Miremos CAP acero de Huachipato, una verdadera ciudad empresarial, ejemplo para el mundo, hoy con respirador artificial y con serias dificultades que puede terminar en despidos de cientos de trabajadores. Llegó a tener 5000 trabajadores contratados. Hoy no son 2000. Miremos bellavista Oveja Tomé y otras empresas del rubro textil. Un orgullo para Tomé y la región, hoy cerrando sus puertas y dejando trabajadores que dieron la vida por ella a la deriva. Lo mismo con Croswsbill, la industria del calzado, y tantas medianas empresas que ahogadas por el sistema económico imperante han quebrado. Sumado a ello, somos testigos de claros abusos con el trabajador. Los casos del Mall del centro y de la mina Santa Ana por todos ampliamente conocidos no nos pueden dejar indiferentes. Las dramáticas consecuencias de ello nos duelen y nos obligan a reflexionar acerca de la indefensión en la cual se encuentran miles de trabajadores, sus familias y sus sueños. ¿Cuántos han tenido que dejar la región en búsqueda de buenas oportunidades!! ¿Qué hacer frente a esto? Debemos promover un modelo económico que cuide y resguarde al trabajador y no lo abandone a su suerte, que promueva la vida familiar y no la destruya.

La Iglesia a través de su Doctrina social promueve el Evangelio del trabajo. Su anuncio es parte de su misión evangelizadora. Faltaríamos a nuestras responsabilidades si no enseñáramos ni promoviéramos la doctrina social de la Iglesia y el valor sagrado del trabajador, como lo decía incansablemente el padre Carlos.

El trabajo es una bendición porque permite que el hombre y la mujer se desarrollen como persona, contribuyan al progreso de la sociedad, puedan formar una familia y ahorrar lo suficiente para su vejez y tener una pensión digna. Duele ver a los muchos trabajadores jubilados, pobres, enfermos y con pensiones miserables.

Es doloroso saber que muchos chilenos y chilenas a pesar del inmenso esfuerzo que realizan no tienen un trabajo digno. Es doloroso saber que hay personas que trabajan sin un contrato y en precarias condiciones. Duele también que las mujeres por el mismo trabajo reciban una remuneración inferior a la del hombre. Esas situaciones son contrarias al querer de Dios porque son contrarias a la dignidad del ser humano.

El valor del trabajo radica en que lo realiza una persona. La empresa ha de ser una comunidad de personas donde se respete a cada uno por el solo hecho de ser un ser humano. El hombre vale por lo que es y no por lo que tiene o hace. El trabajo está al servicio de la persona y su familia y no la persona y la familia al servicio del trabajo. Le corresponde a las distintas instancias del Estado mediante adecuadas políticas públicas promover un adecuado equilibrio entre el trabajo y la familia.

Muchos trabajadores desenvuelven sus obligaciones en malas condiciones laborales, con horarios extenuantes y poca remuneración. Ello se debe a que muchos comprenden el trabajo como una mera mercancía que entrega el trabajador. En el día de los trabajadores es bueno volver a repetir que el trabajo de cada ser humano no es una mercancía y por lo tanto no puede quedar a merced de los vaivenes del mercado ni transarse en él. Podremos decir que Chile será verdaderamente desarrollado cuando el trabajador sea dignificado a través de él y no humillado.
Sabemos que hay una estrecha relación entre los ingresos de una persona y por ende de su familia y el nivel educacional que poseen sus miembros. Ello ha de hacer recapacitar al Estado en el modo como colabora para que los hijos de los trabajadores de los sectores más pobres puedan recibir una educación tal que se acorte la brecha con los que más tienen, es decir una educación gratuita y de calidad. El lugar de nacimiento no puede determinar a una persona al punto de no poder desplegar los dones que el mismo Dios le ha dado ya que el Señor los distribuye a todos por igual.

Sería un signo de verdadero desarrollo que nadie se quede sin estudiar en una institución de calidad por su precaria situación socioeconómica. Es allí como promoveremos la tan deseada igualdad de oportunidades.

La doctrina de la Iglesia se fundamenta en una visión del hombre extraordinariamente hermosa que lo reconoce como el centro de la creación, creado a su imagen y semejanza y llamado a colaborar como co-creador en la obra de la creación y a trascender mediante su trabajo hasta que se encuentre con Dios.

La Iglesia invita a reconocer la prioridad de las personas por sobre las cosas, la prioridad de la ética por sobre la técnica, la prioridad del trabajo por sobre el capital porque la causa eficiente de todo cuanto se produce es el hombre y su trabajo. Ello implica que las empresas, que tanto bien hacen entregando bienes y servicios ennobleciendo la materia, debiesen procurar en primer lugar ennoblecer al que la realiza. Ello sólo será posible si la empresa reconoce que su rol no es sólo producir sino que también generar una cultura de igualdad. El hombre es el elemento decisivo y el principal protagonista de todo cuanto se produce y no el dinero.

Es contradictorio que muchos se beneficien de los bienes y servicios que la empresa produce y que quienes los han producido se vean ofuscados en su dignidad. Así no basta con procurar más puestos de trabajos sino que también buenos puestos de trabajo. Es por ello que la labor sindical es fundamental y jamás ha de ser mirada con desconfianza sino que como un aliado real del bienestar de todos. Duele ver como aún hay empresas con claras prácticas antisindicales. Como también hay empresas que discriminan de múltiples manera a las mujeres. Estimados todos aquí presente. Trabajemos incansablemente para que cada industria, cada empresa, cada pyme, cada repartición pública sea una oda a la dignidad del trabajador y la trabajadora y no una amenaza. Eso es lo mejor que le podemos dejar como herencia a las futuras generaciones.
Tenemos muchos desafíos por delante.

El primero es que cada chileno tenga un trabajo que le permita vivir conforme a su dignidad. Claman al cielo los 700 mil jóvenes entre 18 y 28 años que no estudian ni trabajan en Chile. En la región bordean los 120 mil. Y tantos otros que después de haber terminado una carrera terminan endeudados por años.

Invito a todos quienes tienen responsabilidades en la sociedad a que juntos hagamos un esfuerzo para darle a estos jóvenes espacios de desarrollo y así se sientan verdaderamente parte de la sociedad. La paz es fruto de la justicia y trabajar por la justicia es fruto del amor al que el Señor Jesús nos llama a todos. Aquí y ahora. No mañana. A ello los invito, a que el amor entre en nuestras categorías a la hora de tomar decisiones a todo nivel. Amor y solidaridad, que según el Papa Francisco, son un factor determinante en el desarrollo de los pueblos.
El segundo desafío es trabajar arduamente para que todo trabajador tenga un salario adecuado, justo, digno. Chile es un país que ha crecido mucho económicamente, ello es innegable, pero de la misma manera la brecha de los muchos que tienen muy poco y los pocos que tienen mucho se ha acrecentado como nunca y muchos hombres y mujeres de trabajos no pueden vivir adecuadamente con el fruto de su trabajo. Juan Pablo II planteaba que el salario es la verificación auténtica de la justicia de todo el sistema socio económico. No puede ser que después de toda una vida de trabajo los trabajadores tengan pensiones que no les alcanza para llevar una vida digna, tener prestaciones de salud deficientes, pensiones miserables, y mucha soledad y abandono.

Otro desafío que no podemos obviar es la relación que existe entre el trabajo y la mujer. No puede ser que las mujeres sean injustamente discriminadas por el hecho de ser potenciales madres y esposas. Una sociedad que no promueve la maternidad y la familia y que no genera facilidades para que las mujeres se desarrollen en ambos aspectos es una sociedad que ha perdido el rumbo. Y lo ha perdido porque ha hecho de la ganancia económica y el lucro el motor del desarrollo y no el bien común. El aporte que puede hacer y que hace la mujer desde los más variados campos del saber lo hace en cuánto mujer y en cuanto tal no puede renunciar a lo más propio, a lo más genuino, que es a su condición de esposa y madre. Me permitirán decirlo. Recorriendo la región en mi calidad de Arzobispo me emociona ver la abnegación de la mujer chilena, la que muchas veces maltratada a la luz de un machismo aún muy presente en Chile, saca adelante su vida y su familia con una dignidad admirable que merece mucho respeto. El machismo en Chile es una de las causas más grande de injusticias y maltrato en Chile, lo hemos de desterrar desde la más tierna infancia.

También hemos de abrir cauces nuevos en el mundo del trabajo para quienes tienen capacidades diferentes y que son, cuando se les da una oportunidad, un gran aporte a la sociedad.

Por último quisiera dirigirme a los empresarios sean estos creyentes o no creyentes. Les pido que cuiden a sus trabajadores. Ellos son la mayor riqueza de la empresa. No lo son ni las máquinas, ni la marca, ni el capital, sino que las personas que allí trabajan. Vean y conviertan a cada trabajador en un socio. A eso debe tender la empresa. Vean en el sindicato un aliado y no una amenaza. El sindicalismo es apreciado por la Iglesia. Es una buena forma de asociación para contribuir al desarrollo de la empresa y de la sociedad. No olviden que cada trabajador es un ser humano que tiene derechos y deberes, pero antes que todo es un ser humano con una dignidad inalienable que ustedes han de cuidar y promover. Les pido también que tengan presente que la iglesia reconoce el derecho a la propiedad privada como medio válido para administrar los bienes que tienen un destino universal, es decir que son para todos. Pero al mismo tiempo reconoce que sobre la propiedad privada grava una hipoteca social puesto que su fin último es el bien común. Por eso les pido que se abran de corazón a las reformas que promueve el gobierno y no la descalifiquen a priori. Es el diálogo constructivo e inteligente el modo de abordar los cambios que Chile necesita para avanzar en lograr mayor equidad entre todos los chilenos.

Sólo en esta nueva perspectiva de trato y de claridad respecto de que el hombre de trabajo es un fin en sí mismo y no un mero medio se generarán las confianzas que tanto necesitamos. Confianza que redundará en una sociedad más fraterna, más justa, más a la altura de su creador y del hombre, razón de ser de todo cuanto existe. Confianza que redundará en justicia y la justicia redundará en paz.

+ Fernando Chomali Garib
Arzobispo de Concepción