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Mensaje en el Te Deum del 18 de septiembre de 2015

Fecha: 18/09/2015
Referencia: Te Deum Iquique
País: Chile
Ciudad: Iquique
Autor: Mons. Guillermo Vera Soto


Muy queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría y renovada esperanza, en esta luminosa mañana de septiembre y en el cumpleaños de nuestra Patria, nos reunimos en este templo Catedral a rezar.

Aquí, Autoridades, pueblo creyente, familias, jóvenes, sacerdotes y consagrados, elevamos nuestra mirada al Señor, de quien procede todo bien y le decimos:” Alabado seas Señor, por esta tierra hermosa que nos has dado, por los hombres y mujeres que la habitan, alabado seas porque en la construcción de su historia en momentos de paz y adversidad hemos sentido tu presencia guiando, acompañando, sanando nuestras heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, Alabado seas, Señor”.

Cuando Chile cumple 205 años de su caminar independiente, hemos de reconocer con humildad agradecida su progreso, que hace de esta tierra un lugar agradable donde vivir y desarrollarse realidad que han entendido también tantos que de lejos han llegado a vivir en esta tierra, faro de esperanza para ellos y que el poeta llama: copia feliz del Edén.

Con todo, delante nuestro hay desafíos, la Patria y su grandeza hay que seguir construyéndola; la hidalguía y generosidad de los héroes, el trabajo abnegado de generaciones de hombres y mujeres han de motivarnos a ello.

Si hay algo que debemos trabajar siempre por la grandeza de Chile, es la fraternidad. Los que hemos nacido en este suelo somos hermanos y de los hermanos se espera unidad, respeto, preocupación de unos para con otros, no olvidar el legado de los mayores, cuidar lo que se nos ha confiado. Creo que todos estamos de acuerdo que aquí hay tareas por cumplir.

Hemos escuchado en este último tiempo, que entre nosotros hay crisis de confianza, aquellos que de alguna manera nos corresponde hacer de cabeza en las distintas instituciones quizá no siempre hemos cumplido con toda la entrega y transparencia nuestra misión, y esto ha resentido el alma de Chile.

En el legítimo buscar del desarrollo y progreso hemos ido creciendo en actitudes egoístas que nos impiden mirar alrededor o comenzamos a temer unos de otros, a encerrarnos.

El hecho de que algunos quizá no se sienten que van en el carro del progreso o que no cuentan con las oportunidades para ello, ha hecho crecer la violencia, robo e inseguridad.

Lo que he nombrado se podría decir en cada ciudad de Chile, pero aterrizándolo en el hoy de nuestra querida ciudad de Iquique y de toda la región constatamos lo mismo.

A nuestras Autoridades a quien les reconocemos su sentido de servicio a la gente de toda esta región, las vemos hoy preocupantemente distantes entre ellas, no pocas veces con palabras agresivas o incapaces de dar pasos para un buscar juntos el progreso de toda una ciudadanía que espera mucho de ellos. Aquí en este lugar de oración y donde invocamos al Señor que nos invita a dar frutos que perduren. Ante el Señor que nos regala la preciosa ocasión de servir, les animo a deponer los enojos que por distintos motivos se pueden dar, les recuerdo lo que dice san Pablo: “Si se enojan no pequen, que la puesta del sol no los encuentra enojados”, no demos rienda suelta a nuestras pasiones. No temamos a las disputas o enojos temamos el no saber manejarlos y solucionarlos, esto último engendra rivalidades y odiosidades difíciles de sanar. No nos olvidemos que como autoridades hemos sido puestos en alto, para iluminar, no pidamos entonces a nuestra gente respeto, tolerancia, si entre nosotros no se dan estos atributos. Iquique necesita de todos; sin duda cada uno con su mirada competente y escuchando a sus bases tiene mucho que aportar, Iquique ha de seguir surcando el mar de la historia contando con toda su gente. Les pido en el nombre del Señor y de todos los iquiqueños que hoy nos podamos dar la mano como un signo de que luego nos podremos sentar a soñar, conversar y trabajar por el Iquique que queremos. Dios y nuestra gente lo demanda. Si estamos unidos, mucho podremos lograr haciendo que esta ciudad y región tan heroica sea más escuchada y valorada. Iquique es tarea y responsabilidad de todos.

Hermanos y hermanas, todos quienes ocupamos cargos de responsabilidad en nuestra región, no olvidemos lo que hoy nos ha dicho San Pablo y que vuelvo a recordar: “Dios nos ha dado diferentes dones… si nos ha dado el don de servir a otros, sirvámoslos bien; el que ha recibido un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con cuidado;…ámense sinceramente unos a otros… no sean orgullosos, pónganse al nivel de los humildes…procuren hacer lo bueno delante de todos… no te dejes vencer por el mal. Al contrario vence con el bien el mal”. “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de palabras mentirosas”, nos enseñaba el salmo.

Desde esta catedral miramos no sólo a nuestra ciudad, es la región entera nuestra preocupación y a la cual tenemos presente en esta oración. Aquí estando presentes las más altas autoridades, es la ocasión propicia para desde la playa mirar a la altura hacia donde surge una ciudad pujante como es Alto Hospicio y que necesita de todos aquellos servicios que hagan más tranquila y segura la vida de su gente. Las comunas de Pozo Almonte, Pica, Huara, Colchane, Camiña, aquí las recordamos, son la pampa, la montaña y la quebrada, cada una ha aportado lo mejor de sí para la grandeza de Chile, ayer salitre, hoy cobre y todavía agricultura.

La aparente e inhóspita naturaleza que nos cobija, ha sido pródiga en riquezas. Nuestra misión hoy es mirar nuestra región hacia adelante pero pensando los niños y jóvenes de hoy. El Papa Francisco en su última encíclica nos invita a contemplar la creación y nos recuerda que: “para el creyente contemplar lo creado es también escuchar un mensaje, oír una voz paradójica y silenciosa”, si Dios nos habla en la creación: “el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos”. Ese mensaje nos advierte que la creación se nos ha dado en administración y que hemos de cuidarla para las próximas generaciones. Hoy aquí hay jóvenes a los cuales hemos de mirar y preguntarnos qué país, qué región, que ciudad les vamos a dejar.

Cuidar nuestro entorno natural ha de ser una preocupación fundamental. El hecho de conjugar como hacer sustentable la minería y el respeto del entorno, especialmente de las personas que han habitado desde siempre esos lugares, son temas que las autoridades no pueden dejar de velar y abordar. El tema del cuidado del agua es fundamental, los oasis y quebradas la necesitan tanto como la necesitamos nosotros en la ciudad, el cuidado y buen uso de este recurso ha de involucrar a todos, autoridades, minería, industrias, ciudadanos; del cuidado del agua y de todo el medio ambiente nadie puede ser ignorante, o sentir que no le incumbe; todos hemos de cuidar la casa de todos.

El hermoso himno de nuestra ciudad nos habla de que la riqueza nos viene del pródigo mar. El Papa nos recuerda: “los océanos, no solo contienen la mayor parte del agua del planeta, sino también la mayor parte de la vasta variedad de seres vivientes…la vida en los ríos, mares y océanos, que alimentan gran parte de la población mundial, se ve afectada por el descontrol en la extracción de los recursos pesqueros, que provoca disminuciones drásticas de algunas especies… están especialmente amenazados organismos marinos que no tenemos en cuenta, como ciertas formas de plancton que constituyen un componente muy importante en la cadena alimentaria marina, y de las cuales dependen, en definitiva, especies que utilizamos para alimentarnos”. La gran industria pesquera, los pescadores artesanales, los recolectores de algas, son grupos de personas que han de sentarse junto a las autoridades competentes a ver cómo cuidar que el mar siga siendo, pródiga fuente de riquezas no solo para nosotros sino también para los que vienen tras nosotros.

En todos estos temas medioambientales, agua, mar, sustentabilidad, creo que nuestras universidades tiene una gran palabra que decir, estudios que realizar, y así enseñar a la comunidad y dar esperanza.

El mar ha sido pródigo no sólo por lo que nos regala de sus entrañas, sino porque ha sido también camino de integración, de comercio, de trabajo y progreso. Esta realidad ha de llevarnos a cuidar nuestro puerto, a colocarlo a la altura que merece el tiempo y las circunstancias que vivimos, para que este importante hito de nuestra ciudad y su economía se mantenga pujante, continúe siendo importante fuente de trabajo y progreso y siga siendo faro seguro de encuentro de países y sus productos y mercados.

Autoridades, hermanos y hermanas todas: Chile se nos ha dado como tarea, hemos de velar por la ecología del alma, es decir por nuestra sana convivencia, por el cultivo y cuidado de los grandes valores como es el cuidado de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, del valor de la familia, del trabajo digno, temas todos centrales para nuestra sana convivencia y que como Iglesia no cejaremos de proclamar y defender; pero hemos de cuidar también donde esta vida se desarrolla por lo tanto de la ecología ambiental, hemos de cuidar nuestra casa común.

Nuestra fe en el Señor nos invita a confiar, a trabajar, a poner lo que esté de nuestra parte, no toda está perdido, porque los seres humanos somos capaces de sobreponernos, de volver a optar por el bien, somos capaces de volver a mirarnos a los ojos con honestidad, de iniciar caminos nuevos. Dios sigue alentando en lo profundo de nuestros corazones.

Queridos hermanos y hermanas les invito a que miremos nuestro Chile con ojos de esperanza, lo hagamos mirando cara a cara a los jóvenes que hoy nos acompañan y comprometámonos a colocar lo que esté de nuestra parte para que ellos puedan lograr su justas aspiraciones y puedan encontrar mañana, en Chile su patria, una tierra donde desarrollarlas.

A la Virgen Santa, Nuestra Señora del Carmen, Reina y Madre de nuestra Patria, le pedimos cobije en su materno manto a los hijos e hijas de esta tierra y que Ella con su intercesión poderosa ante Jesús nuestro único salvador implore que Chile sea la gran nación de hermanos, donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.
Dios sea bendito.

+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Iquique