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Vida con sentido para nuestra Patria

Homilia en Te Deum de Fiestas Patrias Catedral de Coyhaique, 18 de septiembre de 2015
Fecha: 18/09/2015
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Coyhaique
Autor: Mons. Luis Infanti de la Mora


Texto: LUCAS 19, 1-10 (Jesús encuentra a Zaqueo)


Muy distinguidos señor Intendente don Jorge Calderón Núñez, autoridades todas, hermanos y hermanas:

Fiestas Patrias nos permite reunirnos también en este momento religioso en que expresamos ser un pueblo agradecido.

Un pueblo también frecuentemente unido en el sufrimiento y el dolor cuando arrecian las desgracias y las pruebas, como las que están pasando nuestros hermanos del Norte de Chile en estos días y meses. Solidarizamos y oramos fraternalmente por ellos, para que se pongan de pié, luego, con valentía, gracias también a nuestra solidaridad.

Agradecemos el don de la vida, valoramos el ser “pueblo”, discernimos nuestra historia, vislumbramos nuestros problemas, celebramos nuestros logros, esbozamos nuestras búsquedas, tratamos de entender cual puede ser el rumbo de nuestra Patria en esta nueva Época de la humanidad, pero sobre todo nos animamos para asumir la responsabilidad de ser protagonistas en la construcción de un país más libre, más justo, más fraterno, más solidario, más pacífico y más próspero. Tareas no fáciles cuando hay visiones diferentes, intereses a veces contrapuestos, proyectos divergentes, ritmos y metodologías distintas para alcanzar las metas.

La historia nos enseña que por cuan valiosas sean nuestras intenciones y nuestras capacidades, con la sola sabiduría y potencialidad humana construimos sobre débiles cimientos de arena.

La grandeza y la nobleza de nuestra vida nos viene de Dios, quien nos ha creado, nos da la vida, ha inscrito un SENTIDO y un PROYECTO en cada uno de nosotros, como personas y como pueblo.

¡A ti, oh Dios, te alabamos, te bendecimos, te damos gracias!

No es un Dios de fabricación humana, un Dios que yo voy creando según mis intereses y necesidades. Es el Dios que reconocemos en JESUCRISTO, el Hombre y Dios en quien nos inspiramos y alimentamos nuestra sed de trascendencia, de divinidad.

El Evangelio que hoy proclamamos nos relata el encuentro de Jesús con Zaqueo. Bien puede reflejar el Chile de hoy. Jesús entra en la ciudad de Jericó. Ciudad floreciente que siglos antes había sufrido la destrucción de sus murallas perimetrales y humillada. Fue reconstruida, y en tiempos de Jesús era un pequeño paraíso en el árido valle del río Jordán.

Todo un símbolo de lo que pasará en el encuentro de Zaqueo, que es reconstruido en su dignidad, por Jesús.

Zaqueo, como toda persona, buscaba el SENTIDO DE SU VIDA y lo encontró en enriquecerse a costa de su pueblo. Era jefe de los recaudadores de impuestos para el imperio romano, y por ejercer esta función, era odiado por todo el pueblo, porque era reconocido por engañar y despojar a los pobres, era un corrupto, un pecador.

Sin embargo, la corrupción y el pecado no era lo único que anidaba en el corazón y en la mente de Zaqueo. Se sentía incómodo, molesto, avergonzado con ese rumbo que le había dado al sentido de su vida.

Al saber que Jesús iba a pasar por la ciudad, Zaqueo solo quería VER a Jesús, por curiosidad. Por ser pequeño de estatura sube a un árbol, quizás también para pasar desapercibido y esconder su vergüenza de pecador entre el ramaje del árbol.

Es el mismo Jesús que VE a Zaqueo, de abajo hacia arriba, y siente un deber: “Hoy tengo que quedarme en tu casa”. No es por un pedido de Zaqueo, ni por sus méritos. Es por un deseo de Jesús, un deseo de amar, de encontrarse, de rescatar al pecador, de devolverle el SENTIDO PROFUNDO DE SU VIDA a Zaqueo.

Zaqueo, el hombre odiado por su pueblo, baja del árbol y DE INMEDIATO, LLENO DE ALEGRÍA, recibe a Jesús en su casa. Jesús no lo juzga ni lo condena, sino que con su mirada y con su palabra remece la conciencia de Zaqueo y le desencadena una actitud de cambio profundo, de conversión, que lo lleva, conciente y libremente, a ser solidario, a darle a su vida un SENTIDO de justicia, de hermandad, desmoronando las actitudes de superioridad y de corrupción hacia los ciudadanos de su pueblo. Le dio un sentido de valoración, respeto y dignidad a los pobres, o mejor, a los que él empobrecía, de su mismo pueblo. Zaqueo devuelve los bienes que había robado y recobra para su vida la paz, la felicidad, la mirada fraterna y el corazón limpio: recobra su dignidad. Emprende una VIDA NUEVA.

Creo que Zaqueo refleja lo que somos y lo que deberíamos ser NOSOTROS, HOY, como personas y como pueblo.

Anhelamos ser un pueblo con independencia y libertad, anhelamos que el “alma de Chile” sea henchida del SENTIDO DE VIDA, donde brillen la justicia, la equidad, la confianza, la dignidad, la solidaridad, la seguridad, la participación, el bien común, la paz social en TODO nuestro pueblo y con los países vecinos hermanos de la Patria Grande.

Sin embargo, como Zaqueo, nos escondemos con vergüenza en los frondosos ramajes:

- de la corrupción del dinero y del poder;

- de ideologías y antropologías ateas que quieren marginar a Dios de nuestra sociedad y recluirlo a la esfera privada, para que así unos pocos se endiosen con el poder de la superioridad, hasta el extremo de robarle a los pobres los bienes comunes, esenciales para su vida, negándoles la dignidad, el futuro, marginándolos a la humillante esclavitud de la pobreza, y ejerciendo sobre ellos una violencia social, e incluso legal, de imprevisibles consecuencias;

- de lo que el papa Francisco llama la “cultura del descarte”, creándonos necesidades superfluas y dejándonos atrapar por un desmedido consumismo, donde desechamos todo lo que no es útil a nuestros intereses, considerando incluso a las personas como mercancía, sometidos al poder del dinero y de ideologías, objetos a descartar, incluso desde el vientre materno, pasando por los niños vulnerados, por la familia desintegrada, por la poca acogida a los migrantes y refugiados, por los jóvenes sin oportunidades, por la marginación de los ancianos, por el ninguneo a los pueblos originarios, por el silenciamiento de los indignados que buscan justicia y dignidad, por la descalificación de las opiniones y visiones críticas del ACTUAL SISTEMA;

- y de este “descarte” aflora incluso el clamor de la gran descartada, la hermana madre tierra, al ser gravemente ofendida y empobrecida por el trato que le damos al degradarla, al depredarla, al contaminarla, al saquearla, al privatizarla y mercantilizarla;

- de algunos medios de comunicación que, también en palabras del papa, nos quieren concientizar imponiéndonos la dictadura ideológica del materialismo, del consumismo, del relativismo, del éxito fácil, del gozo ilimitado y sin restricciones, de la descalificación pública, violando incluso la privacidad de la vida personal;

- de una tecnología, tan potente y necesaria, fruto de la sabiduría humana, pero que frecuentemente endiosamos y así nos atrapa, nos manipula y nos niega las relaciones humanas.

Este SISTEMA que nos está destruyendo “ya no lo aguantamos más”, nos dice el hermano papa Francisco.

Necesitamos un CAMBIO, un encuentro humano, profundo y sincero con Jesús, como lo fue para Zaqueo, para encontrar el SENTIDO PROFUNDO DE NUESTRA VIDA
, que nos lleve a una conversión de nuestras actitudes, relaciones y estilos de vida, y así tener mayor comunión, cuidado, respeto y valoración de los demás y de la naturaleza.

Eso es “hacer Patria”, ese es el patrimonio o el alma que Chile necesita, y así no hayan excluidos de la mesa común de los bienes materiales, sociales, culturales, humanos, éticos, morales y espirituales que han hecho fecunda nuestra Patria en el pasado y que han motivado la generosa y valiosa entrega de tantas personas ejemplares, héroes y santos, algunos conocidos y muchísimos anónimos, en la larga historia de nuestras tierras.

Nosotros que vivimos en la Patagonia tenemos ciertos privilegios y tesoros que nos pueden proteger del envenenamiento del alma y podemos ser ejemplo de “reserva moral” para nuestra Patria.

Aysén es tierra de integración entre varias culturas, es tierra de espíritu fraterno y solidario, es tierra de indignación frente a la injusticia, a la inequidad, a la moderna colonización depredadora, es tierra de conciencia en el cuidado de la creación. Y así como Jesús entró en casa de Zaqueo para abrirlo a una vida nueva y entró en nuestra casa común de Aysén, quiere entrar en cada hogar de los pueblos y ciudades de nuestra Patria, para que su mirada y su palabra NOS ABRA A UNA VIDA NUEVA en que:

- valoremos la vida en todas sus dimensiones, de cada creatura de Dios;

- proyectemos las metas y proyectos país con participación, respeto y diálogo en que los pobres sean dignificados;

- los delitos de corrupción sean desterrados;

- las leyes puedan ser legítimas y por lo tanto obedecidas;

- la fe sea inspiradora de actitudes, estilos de vida y decisiones que favorezcan la vida, el amor y la paz;

- la alegría y la esperanza recobren su resplandor en cada persona;

- la ciudadanía sienta y experimente el poder de la responsabilidad en la construcción del bien común;

- la confianza renazca entre la ciudadanía y las élites del poder político, económico, cultural, religioso y social.

Pedimos a Dios que nos ilumine con su Espíritu, a todos, autoridades, instituciones, familias y todo nuestro pueblo, nos conceda el don de la misericordia, fortalezca nuestra fe para derrotar todo mal y luchar para darle SENTIDO A LA VIDA Y A LA HISTORIA de una Patria que pueda celebrar la fiesta de un pueblo glorioso y fecundo.


+Luis Infanti de la Mora, osm
Obispo Vicario Apostólico de Aysén


Coyhaique, 18 de septiembre de 2015