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Homilía Te Deum de Fiestas Patrias

Fecha: 18/09/2015
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Talca
Autor: Mons. Horacio Valenzuela Abarca


Queridas autoridades, queridos hermanos y hermanas

En un día 18 de septiembre como hoy se inició, con la primera Junta Nacional de Gobierno, el período de la Patria Vieja que concluiría a pocos pasos de nuestra Catedral con la firma del Acta de nuestra Independencia Nacional. En este día de oración venimos juntos a agradecer estos 205 años de historia y a pedirle a Dios por la paz y el bien de nuestra patria.

Estamos aquí para orar juntos a nuestro Padre Dios. Queremos pedirle su compañía para que juntos avancemos hacia un Chile más amable; un Chile inspirado en todo por la búsqueda del bien común. Rezamos en forma especial por nuestras autoridades porque el Estado es siempre el primer llamado a promover este bien común de la sociedad civil y velar para que se realice en la comunidad política (CEC 1906).

Ese clima benéfico y saludable que se llama bien común es lo que más necesitamos para progresar con justicia y saldar deudas sociales que son heridas abiertas. Estas deudas son una fuente permanente de irritación, tristeza y marginación. Dos heridas que se han vuelto crónicas y duelen especialmente tienen que ver con la salud y la previsión. Enfermarse y envejecer es aún para muchos hermanos y hermanas, motivo de inquietud y honda preocupación.

Todos queremos avanzar hacia un país mejor y necesitamos saber cuál es el camino. El Papa Francisco nos enseña en su última Carta Laudato si’ que el orden y la armonía del comportamiento de la sociedad necesita tener como eje el bien común, ese «… conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (LS 156).

Dios es el origen de todo bien. Y todos los bienes, porque vienen de Dios, tienen un sentido común; todo lo que nos da el Señor quiere, de una u otra manera, que sea para todos. Él es la fuente inagotable y generosa del bien para todos. Este principio esencial es fuente de esperanza y punto de apoyo para edificar a Chile en armonía, como una casa de todos y para todos.

Este día de oración nos encuentra, sin embargo, inquietos y preocupados. Nuestra sociedad chilena navega en medio de un torbellino de situaciones dolorosas y complejas. Se oye por todas partes el ruido de una sociedad consumista, rabiosa, impaciente e intolerante que combate y se escandaliza por lo que ella misma produce. Las instituciones en general, no hemos estado a la altura y hemos sido interpelados en una crisis de credibilidad y confianza que está resquebrajando nuestra convivencia social.

Con serenidad y sin apasionamientos que nos enceguezcan, deberíamos preguntarnos y buscar el origen principal de los males que nos aquejan. Si no tenemos diagnóstico cualquier remedio nos puede empeorar la salud. Si hacemos un examen honesto y humilde, aunque nos duela, podremos intentar identificar el foco de infección que nos debilita, nos cansa y nos detiene como sociedad chilena.

Al mirar con atención las situaciones dolorosas que hemos venido pasando y que han ido erosionando nuestras instituciones, en todas ellas nos encontramos a poco andar con la avaricia, que es ese afán desordenado de tener riqueza y guardarla. De una u otra manera ella es actriz en todas nuestras tragedias…es hija del egoísmo y amiga del poder. La avaricia se queda a vivir en el alma humana cuando está deshabitada de Dios o de los valores que Él inspira.

Para San Pablo es ésta la raíz de todos los males (1 Tim 6, 10), es la matriz principal del egoísmo social y la injusticia. El mismo Pablo nos enseña que en sentido contrario a la avaricia camina el verdadero amor que es la raíz de la paz y la justicia; el amor cuando es auténtico nos enseña el Apóstol, “…no procede con bajeza, no busca su propio interés…no se alegra de la injusticia” (1 Cor 13, 4-5). El amor solidario es la fuerza capaz de poner el bien de todos por encima del provecho propio. Amar, finalmente, no es otra cosa que encontrar la grandeza poniendo todo lo que soy y tengo al servicio de los demás.

Nuestra patria gracias a Dios está sembrada por todas partes de esas semillas de amor y bien común; sabemos que la cizaña es menos que el trigo y que lo que deseamos para nuestra patria, Dios ya lo está haciendo germinar en medio de nosotros. La esperanza ya está aquí sembrada y creciendo en la vida de tantos.

Hay un enorme tesoro de bondad solidaria que adorna la vida corriente de nuestro pueblo, especialmente en la familia chilena… allí están los artesanos de la patria; los que la elaboran a mano y pacientemente. Son los autores de las artesanías que embellecen nuestra convivencia y expresan nuestra identidad más profunda. ¿Cuáles son esas artesanías?… son las innumerables expresiones de fe , los gestos de amor en los vecindarios, la compañía en los velorios y tragedias, las palabras sencillas de humanidad, las organizaciones de ayuda solidaria, la compañía y la compasión. Es el Chile más real, el más sufrido y curiosamente el más feliz, aunque no tenga resueltos muchos de sus problemas… es nuestra otra geografía hermosa, acogedora y alegre. En ese Chile de todos los días se mantiene en alto, siempre flameando la bandera de la esperanza.

En nuestro pueblo están también los lirios del campo y las aves del cielo que Jesús nos invita hoy a contemplar para aprender a vivir. Allí, por los corazones de los hijos, pasa su Providencia, su cuidado, su premura para que a nadie le falte lo necesario.

La presencia del Señor en todos los corazones de buena voluntad poco a poco llenará nuestra patria de hermosas flores y de aves libres. Flores con raíces firmes, sostenidas y alimentadas en la tierra firme por valores profundos y nobles. Aves que sepan usar el viento para volar y mantener ideales altos de libertad y trascendencia. Hombres y mujeres firmes, esenciales y libres.

Hacemos en este día una oración especial por la familia chilena tan agredida; en ella comienza la vida; ella es la primera escuela en que se aprende a amar a los distintos, a vivir y a crecer con otros, a considerar que todo es para todos, a poner siempre las personas por sobre las cosas.

Oramos por nuestras familias y por las familias del mundo a la luz de tres acontecimientos recientes protagonizados por niños muy distintos; muestran dramáticamente la agresión a la familia en casi todos los ámbitos…. Elián, el primero de ellos fue encontrado muerto y solo en una playa de Turquía; su familia había sido desplazada por la persecución y la barbarie fundamentalista en Siria. El segundo niño es Adrián que fue encontrado desnudo en un garaje de Arica, con desnutrición severa y amamantado por una perra…víctima de la miseria material y espiritual. El tercer niño es Ángel, de cuatro años, que murió muy cerca de aquí víctima de una historia de maltrato y desamor.

Oremos y trabajemos por una patria más familia, donde todo poder esté al servicio del amor y el respeto irrestricto de la vida humana. Ponemos nuestro camino bajo el manto amable y seguro de la Madre del Señor Nuestra Señora del Carmen.

+ Horacio Valenzuela Abarca
Obispo de Talca