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Documentos
Homilía Te Deum 2015

Unamos las manos para abrazar a Chile

Fecha: 17/09/2015
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Chillán
Autor: Mons. Carlos Pellegrin Barrera


En el nombre del Señor, nos congregamos esta tarde, como cada año, para alabar a Dios por la patria querida y pedirle por el alma de Chile. El simbolismo de la liturgia, los cantos, la oración, en nuestra hermosa Catedral, le regalan el contexto a esta ceremonia de Te Deum en el corazón de Ñuble; para pedirle a Dios que nos ayude a hacer de Chile una nación donde reine la justicia, la fraternidad, y el respeto mutuo, que son condiciones para alcanzar la auténtica libertad.

Ha llegado septiembre, el mes de la patria, en que la memoria histórica nos llena de recuerdos pero también nos invita comprometernos con el presente y el futuro, en un esfuerzo de construir un Chile reconciliado y en paz, embarcándonos en una tarea hermosa que nos conduce a leer nuestra historia pasada situando la dignidad de la persona humana al centro.

Este año, llegamos a los pies del Señor con el corazón intranquilo por la compleja realidad que enfrentamos en el mundo de la política, la economía, y las instituciones a todo nivel. Como pocas veces en nuestra historia patria, la crisis de credibilidad y confianza nos interpelan y amenazan las raíces de la identidad y convivencia nacional.

En este momento histórico se hace imperativo el ejercicio de la humildad para reconocer los errores cometidos, procurar la sanación de heridas, recomponer las confianzas perdidas y dar un nuevo paso que nos permita reconstruir unidos lo que hemos destruido con nuestra soberbia, falta de transparencia, egoísmo y abuso de poder.

• Inquieta constatar las relaciones impropias entre el dinero y la política, cuyos signos parecen cada día más incontenibles y se convierten en una vergüenza, porque no hacen más que agravar el persistente escándalo de la desigualdad social.
• Asustan los niveles de crispación en el debate público, con una agresión y descalificación sin límites. Da vergüenza ver como “se hace leña del árbol caído”, en una lógica de enemigos que creíamos superada, y que toma formas nuevas de violencia, maltrato y abuso, que no podemos tolerar.
• Desalienta que, después de tantos discursos y promesas, no se avance en resolver la deuda histórica con los pueblos originarios, perpetuando la injusticia que genera la inseguridad a todo nivel, y amenaza la institucionalidad de la patria.
• Perturba lo poco que aprendemos de nuestra historia, cuando el primero de los derechos humanos, el derecho a la vida, se pone en jaque en la agenda legislativa, amenazando las vidas de los inocentes sin nacer. O cuando la dignidad de las personas se atropella a diario a la merced de robos y asaltos, que quedan sin castigo ni reparación.
• Duele el alma la denigración de la mujer y de los inmigrantes, el abuso a los menores de edad, el maltrato al adulto mayor, y el concepto mercantilista del trabajo que reduce a la persona a producto y hace sucumbir la vida familiar.
• Por último, estremecen los negativos efectos que han producido situaciones que afectan la credibilidad de nuestra Iglesia, no solo por la baja aceptación que dan las encuestas de opinión, sino más bien porque contradicen la misión que hemos recibido del Señor; frente a ello, con sincera humildad y dolor, reconocemos que no siempre hemos hecho las cosas bien y pedimos perdón, reafirmando el compromiso asumido de trabajar con ímpetu renovado por la transparencia y la verdad.

A pesar de las vicisitudes del presente, como mensajeros de esperanza y constructores de la paz, debemos mirar la historia con ojos de futuro y reconocer agradecidos que Chile ha crecido, ha madurado y se proyecta con optimismo, en medio de las contradicciones y radicalización que tanto nos preocupa en este tiempo que nos toca vivir. Nuestra misión es unir las manos a las de todos los que desean el bien común y aportar con nuestra actitud positiva y con la súplica al Señor de la historia, para que asista a nuestros gobernantes, a nuestras autoridades, y a cada chileno, para que no descansemos de construir puentes de diálogo y encuentro, en un ambiente de respeto a la diversidad que nos enriquece como nación. Solo así, podremos prevenir que, disfrazados de oveja y con discursos dulces, nuevos poderes despóticos atropellen los inalienables derechos de las personas a vivir iluminados por los valores morales y trascendentes, que han hecho de Chile una gran nación.

Esta nueva actitud nos lleva a comprender que Chile requiere, más allá de los bienes materiales y el justo desarrollo integral, de una profunda vivencia de valores que conduzcan a la vida plena. En palabras del Papa Francisco, “a veces somos duros de corazón y de mente, nos olvidamos, nos entretenemos, nos extasiamos con las inmensas posibilidades de consumo y distracción que ofrece esta sociedad” (EG 196). Proveer nuevas oportunidades, mayor equidad y justicia en el campo de la educación, la salud, el trabajo, son caminos a la plenitud humana y no fines en sí mismos.

La hermosa tarea de humanizar, más allá de una utopía, es posible con el esfuerzo y compromiso de todos y de todas. La patria sigue contando con gente noble y generosa que se entrega al servicio de los demás, con alegría y pasión, en un sincero esfuerzo por construir una sociedad más fraterna y justa. Chilenos y chilenas que desbordan energía, bondad y fortaleza, encontramos en todos nuestros ambientes. La vocación política, noble e indispensable para la construcción de una sociedad justa y solidaria, aun motiva los corazones de muchos jóvenes que creen en el proyecto de justicia, paz y libertad, que motivaron a los padres de la patria, en el pasado, y que hoy requiere de un renovado entusiasmo de construir en la esperanza el futuro.

A pesar del desaliento que se respira frecuentemente, son muchos los que no se desaniman ante las crisis, no desesperan en las tormentas, perseveran en una esperanza que vence al pesimismo y al fatalismo. Dejémonos contagiar por esos compatriotas que irradian valores positivos en sus vidas. Que su testimonio nos anime a ser mejores, a relacionarnos mejor, a ser un país cimentado en valores, que es una sana medida de un humano desarrollo, para que también en nuestros días “florezca la justicia y abunde la paz”.

Para nosotros, en Ñuble, ad portas de ser Región, la exigencia de procurar el buen trato, el respeto, y la búsqueda de la unidad, son tareas que requieren de una atención especial. Más que una meta a alcanzar, Ñuble Región requiere de todos un gran esfuerzo de unidad, en medio de la diversidad que nos enriquece. Como lo hemos dicho en otras ocasiones, el sueño podría convertirse en una pesadilla si no cultivamos actitudes de escucha, tolerancia y encuentro. Desde el gozoso momento de la firma del proyecto de ley por parte de la Presidenta, no son pocos corazones los que ya han sido tentados por los apetitos de poder, tan humanos y difíciles de controlar, que se manifestarán en la medida que se vaya consolidando la nueva Región.

El complejo escenario local y nacional actual exige que todos asumamos la responsabilidad personal e inexcusable de ser proactivos en la creación de espacios de encuentro, siendo ejemplares en el trato y en el respeto que nos debemos.

Como creyentes, desde nuestra Iglesia, unimos corazones para pedir al Señor por la Sra. Presidenta de la República, y su gobierno. De manera especial elevamos la súplica para que reciban de Dios la inspiración cierta en la conducción de la patria durante los años que restan de gobierno. Más allá de las diferencias, hago un llamado a sumar actitudes de colaboración, más que cultivar la oposición ciega que de nada ayuda al bien común.

Frente al pesimismo cultivemos la ilusión, la esperanza y el vigor positivo, dejando atrás toda palabra y actitud negativa que solo destruye. Fijémonos en nuestra historia y renovemos la adhesión a los valores trascendentes, resistiendo la ideología de un falso progreso sin ellos, pues ahí se encuentran las raíces culturales cristianas más hondas del alma de la patria, que le dan sentido y plenitud.

Que la santísima Virgen María, nuestra señora del Carmen, Reina y Patrona de Chile, interceda por nosotros y nos asista en esta nueva encrucijada histórica que nos desafía. Amén.

+ Carlos Pelllegrin Barrera
Obispo de Chillán