/
/
/
/
/
/

Documentos

Chile, una misión que cumplir

Homilía Te Deum, 18 de septiembre de 2014 Catedral de Rancagua Textos bíblicos: Efesios 4, 17-24 San Mateo 25, 31-40
Fecha: 18/09/2014
Referencia: Te Deum
País: Chile
Ciudad: Rancagua
Autor: Mons. Alejandro Goic Karmelic


Sra. Intendenta de la Región de O’Higgins
Distinguidas autoridades
Hermanas y hermanos:

Chile, nuestra amada Patria, vive intensamente los días de su nacimiento como nación libre y soberana. Las Fiestas Patrias son un momento de alegría y de regocijo comunitario.

Desde los orígenes de Chile la fe cristiana nutrió su alma y su historia. La fe se entrelaza con la idiosincrasia de nuestro pueblo. El Evangelio de Jesucristo iluminó y orientó la vida personal y social del hombre y de la mujer de nuestra tierra.

Jesucristo se identifica con todas las realidades humanas, particularmente, con las diversas formas que toman las necesidades de los más sufrientes, como lo escuchamos recién en el Evangelio al hacerse uno con el hambriento, el sediento, el forastero, el carente de ropa, el enfermo, el encarcelado. “Les aseguro – nos dice – que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mt. 25,40)

San Pablo, gran evangelizador y apóstol, nos ha recordado que es necesario “revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad” (Efesios 4, 23-24).

La iglesia está inmersa en la realidad de la Patria. Su misión esencial es anunciar a Jesucristo y su Evangelio. Ayudar a los seres humanos al encuentro con Dios. De ahí que la acción de la Iglesia es eminentemente pastoral. Sin embargo, tal misión de ningún modo la puede llevar a eludir los problemas reales que afectan al conjunto del pueblo. Conceptos como la inalienable dignidad de la persona humana desde su origen en el vientre materno hasta su fin natural; la igualdad de todos en su naturaleza personal; el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de la persona humana; la convivencia social basada en la verdad, en la libertad, en la justicia, en el amor, en el perdón y la misericordia; la preocupación real y efectiva por los más pobres y desvalidos; el espíritu de servicio y la búsqueda del bien común, por parte de aquellos que tienen responsabilidades en el tejido social del país, etc. Todos estos grandes conceptos y otros presentan una dimensión ética y valórica, que no es ajena a la misión de la Iglesia.

A esta misión esencial – anunciar el Evangelio e iluminar la realidad con la ética del Evangelio – quiere ser fiel la Iglesia. La Iglesia no tiene otra pretensión. Sabe perfectamente que su misión es esencialmente religiosa, pero ligada fuertemente a la realidad histórica por el misterio de Jesucristo, el Dios hecho hombre. Desde entonces, nada de lo humano es ajeno a la Iglesia. Hay quienes quieren reducir a la Iglesia a lo íntimo, a lo privado, a excluir a Dios de la vida social.

Escuchemos la enseñanza del Papa Francisco, al respecto: “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos…Una auténtica fe – que nunca es cómoda e individualista – siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso en la tierra…la tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado, es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia” (Evangelii Gaudium, nro. 183)

El gran santo chileno Alberto Hurtado, llamado por un ex Presidente de la República “Padre de la Patria”, dijo en una ocasión similar a la que hoy nos congrega en esta Catedral:

“Una nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua, o sus tradiciones, es una misión que cumplir…. La misión de Chile queremos cumplirla, nos sacrificaremos por ella. Nuestros padres nos dieron una Patria libre, a nosotros nos toca hacerla grande, bella, humana, fraternal. Si ellos fueron grandes en el campo de batalla, a nosotros nos toca serlo en el esfuerzo constructor”.

Sí, hermanas y hermanos, hoy alabamos y bendecimos a Dios, “Te Deum laudamus”, por Chile, por su historia, por sus servidores de ayer y de hoy, que con amor y generosidad la construyeron y la siguen construyendo. Damos gracias a Dios por el fortalecimiento de nuestra democracia, por el progreso alcanzado, por los significativos avances en diversos campos de la vida nacional; por los caminos de paz y reencuentro entre los chilenos y la búsqueda de la verdad que libera; por todo el trabajo abnegado en los diferentes sectores de la vida nacional de miles y miles de chilenos, autoridades, políticos, empresarios, trabajadores, uniformados, confesiones religiosas; mujeres y hombres que dan lo mejor de sí cada día, por la grandeza de Chile.

Y queremos pedir, en palabras del P. Hurtado, continuar con el “esfuerzo constructor”. El país, actualmente experimenta cambios, algunos de enorme contenido social. Hay propuestas importantes y trascendentes que marcarán la vida del país por décadas. Temas tan relevantes como la reforma educacional, por ejemplo, nos exigen una gran capacidad de diálogo, de escucha, de respeto, por cuanto no sólo implica la aplicación de un programa sino la articulación de una propuesta con las sensibilidades y derechos de los diferentes actores sociales del país, que reconocen en este ámbito un elemento esencial de sus vidas. El Papa Francisco nos recuerda: “Al Estado compete, el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos. Este papel, en las circunstancias actuales exige una profunda humildad social”.

Y continúa el Papa Francisco: “ En el diálogo con el Estado y la sociedad, la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones particulares. Pero junto con las diversas fuerzas sociales, acompaña las propuestas que mejor respondan a la dignidad de la persona humana y al bien común. Al hacerlo, siempre propone con claridad los valores fundamentales de la existencia humana, para transmitir convicciones que luego puedan traducirse en acciones políticas” (Evagelii Gaudium, nr. 240 – 241)

El texto evangélico proclamado hoy nos ha hablado del amor y la cercanía a todas las situaciones humanas, especialmente las que afectan a los más débiles. Como señala el Papa Francisco entre estos están “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana” (Evangelii Gaudium 213). Hoy vemos, con preocupación, como la verdad sobre la vida humana y la familia se ponen en cuestión. Los creyentes jamás podremos soslayar que la promoción y defensa de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural, no es por un afán meramente religioso, ideológico o de otro orden, sino que es un clamor de humanidad que brota de la misma naturaleza.

En este “esfuerzo constructor”, todos los creyentes y personas de buena voluntad tenemos un fuerte compromiso por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad. Hemos de servir, con más empeño y ahínco a la gran causa de una mayor justicia social, a una más equitativa distribución de los bienes para superar las escandalosas diferencias aún existentes en nuestro país y que afectan a miles de chilenos. ¡Es posible superar esta brecha!. ¡Es necesario superar esta dolorosa situación!. “Pero queremos más todavía, nuestro sueño vuela más alto. No hablamos sólo de asegurar a todos la comida, o un decoroso sustento, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre y creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común” (Evangelii Gaudium nr. 192).

Finalmente quisiera señalar mi preocupación por algunos temas más particulares, que considero indispensables abordar y buscar soluciones dignas y coherentes con los principios y valores enunciados. Son desafíos a nuestra conciencia de chilenos y de creyentes.

- El sistema privado de pensiones: he escuchado, tantas veces de personas jubiladas, que reciben pensiones que no les alcanzan para vivir con la mínima dignidad. Con los años llegan más enfermedades, a veces, situaciones muy complejas y los ingresos disminuyen considerablemente, en relación a los ingresos que se percibían cuando se estaba activo y con trabajo. El porcentaje de adultos mayores ha crecido fuertemente en Chile.

La dignidad de la vida debe ser el fundamento de la seguridad social y de todos los otros derechos humanos esenciales. En un verdadero sistema de seguridad social debe existir el principio de solidaridad en que la persona aporta según sus posibilidades y recibe según sus necesidades.

Urge una profunda revisión del sistema de pensiones para lograr pensiones suficientes, dignas, decentes, como las que exigen los compromisos jurídicos asumidos por Chile. Urge, aquí como en tantos otros temas, ponernos en el lugar de los más pobres.

- El drama de las cárceles: los Obispos de Chile hace poco más de cuatro años hicimos un análisis de la realidad de los Internos en las Cárceles de Chile y en el contexto del bi-centenario pedimos - bajo una serie de condiciones – la posibilidad de un indulto para algunos internos adultos mayores y de penas próximas a cumplirse, lo mismo pedimos para los enfermos terminales. Lamentablemente no se nos escuchó. Un país crece en grandeza cuando muestra rasgos de misericordia.

- Hoy en nuestra región ha salido en evidencia el drama injusto de atentados contra la vida y dignidad de un grupo de internos del penal. El Capellán de Gendarmería de Rancagua oportunamente hizo la denuncia, pero no tuyo mayor eco. Incluso ha recibido amenazas por cumplir con su deber de chileno y de sacerdote. La publicación en T.V. provocó la atención y la condena de los abusos. Sabemos de lo compleja y difícil que es la tarea de Gendarmería de Chile. La gran mayoría de sus servidores, con sacrificio y esfuerzo cumplen sus obligaciones, pero algunos - los menos – han abusado gravemente de los internos. El esclarecimiento de estos dolorosos episodios es imprescindible y las sanciones correspondientes para la sanidad del país. Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a atentar contra la dignidad del ser humano. Nuestra dolorosa historia reciente nos muestra a qué extremos se puede llegar cuando se ofende a un ser humano en sus derechos esenciales.

- La delincuencia y violencia juvenil: los últimos gobiernos y el actual han hecho y hacen esfuerzos enormes por enfrentar este drama que atemoriza y que han vivido en carne propia miles de chilenos. Estos últimos días hemos sido testigos de los crueles atentados terroristas, con víctimas inocentes, el ataque cobarde y violento a periodistas en cumplimiento de su misión. Especial preocupación nos muestra el índice de muertes de adolescentes y jóvenes que resuelven sus reyertas y conflictos eliminando físicamente jóvenes vidas o asaltándolas quitándoles la vida para robarles un teléfono celular, una mochila, etc. Volvemos a afirmar: la violencia, en cualquiera de sus formas, engendra odio y daña hondamente el alma de Chile. ¡No podemos acostumbrarnos a estas muertes violentas! ¡No podemos aceptar la cultura de la muerte, menos entre nuestros jóvenes!. ¡Ha llegado el momento de unir fuerzas de todos los grandes actores sociales, para analizar las causas de este drama y buscar soluciones justas y adecuadas y que especialmente den esperanzas a los jóvenes y ganas de vivir y no destruir!.

Enormes desafíos. Forman parte del “esfuerzo constructor” del que nos habló Alberto Hurtado.

También la anunciada creación de una Universidad para la Región del Libertador constituye un desafío grande de este “esfuerzo constructor”. El gobierno, a través de su máxima autoridad regional, nos ha invitado a un diálogo constructivo y positivo para pensar esta Universidad. Desafío maravilloso, desafío no fácil. Confiamos que pueda concretarse este proyecto en el sentido más pleno de una realidad universal, pluralista, abierta, buscadora de la verdad, servidora, comprometida con la excelencia académica, con la investigación y la extensión.

El canto y la oración suplicante al Señor de la Vida y de la Misericordia agradecen a Dios los dones recibidos, pide por las grandes tareas de la hora presente y por los desafíos que nos presentan los tiempos actuales.

A Jesucristo Salvador, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

+ Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua