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Homilía Jueves Santo 17.04.2014. Jn 13,1-15.-

Fecha: 17/04/2014
Referencia: Homilía Jueves Santo
País: Chile
Ciudad: San Felipe
Autor: Mons. Cristián Enrique Contreras Molina O. de M.


El Señor Jesús, la noche en que fue entregado instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las palabras del apóstol Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la eucaristía. En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor.. No sólo lo evoca sino que perpetúa por los siglos.

En la celebración de la Ultima Cena, Jesús sabía lo que iba a ocurrir y que su muerte y resurrección eran inminentes, por eso sus palabras adquieren un tono especial de confidencia y amor hacia aquellos que dejaba en el mundo. Se trata de una cena afectuosa e inmensamente triste., al mismo tiempo que misteriosamente reveladoras de promesas divinas. Se echa encima la muerte, con inauditos presagios de traición, de abandono, de inmolación; la conversación se apaga enseguida, mientras la palabra de Jesús fluye extremadamente dulce y como llena de confidencias.

Lo que Cristo hizo por los suyos puede resumirse en la frase: “los amó hasta el fin”. Indica la intensidad del amor de Cristo que llega hasta dar su vida. Es más, ese amor no termina con su muerte porque El vive, y desde su resurrección gloriosa nos sigue amando infinitamente. Ningún hombre aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos.

En el lavatorio de los pies, el Señor se humilla realizando una tarea propia de los esclavos de la casa. El pasaje recuerda el himno de la carta a los Filipenses; Cristo Jesús, siendo de condición divina, se anonadó a si mismo tomando la forma de siervo. Lavar los pies a sus discípulos tenía un profundo significado que San pedro no podía entender entonces. Jesús, mediante aquel gesto expresaba de modo sencillo que no había venido a ser servido, sino a servir. Y que su servicio consistía en dar su vida en redención de muchos.. Así da a entender a los apóstoles, y en ellos a todos los que después formarían la Iglesia que el servicio humilde a los demás hace al discípulo semejante al maestro.

Toda la vida de Jesús fue ejemplo de servicio a los hombres, cumpliendo la voluntad del Padre hasta la muerte en la cruz. El mismo Jesús nos indica que en el servicio desinteresado está la verdadera felicidad, felicidad que nadie nos podrá arrebatar. Alejemos el corazón del orgullo, la ambición, los deseos de predominio y, junto a nosotros reinarán la paz y la alegría.

El Señor, en la Última Cena ofreció a Dios su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y de vino. El permanece para siempre en este pan y en este vino consagrados por aquellos que instituyó como sacerdotes de la nueva alianza. Jesucristo está presente en las especies de pan y de vino. Esta es la razón de las disposiciones de alma y cuerpo, necesarias para acercarse a la Eucaristía. Y de las graves consecuencias que tiene recibirlas indignamente. Las divisiones y las desavenencias son incompatibles con la recepción del Cuerpo de Cristo, pero también cualquier otro pecado grave.: Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar.

En esta noche santa, cuando hacemos memoria de la institución de la eucaristía, nos unimos a toda la iglesia universal en una plegaria de gratitud por la institución del sacerdocio. Es Jesús quien ha suscitado esta sublime vocación en incontables hombres especialmente consagrados para el ministerio de la proclamación de la palabra y la consagración del pan y el vino, como así mismo, en la potestad de perdonar en su nombre los pecados de quienes confiesan sus culpas. El sacerdote es sacado de en medio de los hombres, sujeto a las mismas limitaciones y virtudes de cualquier ser humano que lucha por ser consecuente con su vocación. La vocación sacerdotal solo se puede mantener con la gracia de Dios y la apertura a recibirla en cada instante de la vida. Que sublime y delicada misión es la de actuar en nombre de Cristo al momento de ofrecer el sacrificio eucarístico y de hacerlo presente y actuante en los sacramentos que transmiten la salvación. Ningún sacerdote puede permanecer en fidelidad a su ministerio sin el apoyo de su Señor, de su oración y la de sus hermanos sacerdotes y fieles. Hoy se hace urgente apoyar muy de cerca de los pastores que Dios nos ha regalado. A ellos los queremos y necesitamos sólidos en su fe , coherentes en su vocación y misión como así mismo dispuestos a servir en nombre de Cristo y de la iglesia a la comunidad que necesita de un apoyo espiritual , especialmente en los momentos de dolor.

El testamento de Jesús se abre en esta noche para recordarnos que no hay vida cristiana sin amor y sin perdón. “Ámense como yo los he amado” El amor de Jesús no está sujeto a los vaivenes de la vida. Su amor es incondicional, sobre todo cuando el pecado de la infidelidad asecha hasta pretender separarnos de él. No en vano entregó su vida en una muerte de cruz para darnos la vida que no muere. El mandamiento del amor incluyéndole amar a los enemigos se hace impracticable sin la virtud de la humildad. Perdonar a los enemigos, especialmente cuando estos se complacen en la mentira y se gozan desprestigiando al que creen adversario, es un acto de heroísmo propio de los santos.

Dios nos regala el perdón y nos facilita la penitencia al poner frente a nuestra conciencia a tanta gente que sufre y que clama ante la indigencia espiritual y material. Son miles los que sufren más que nosotros y que necesitan alimentar a sus hijos, tener sus remedios o ser considerados personas en un mundo individualista que no ve más allá de su realidad. En esta noche, te damos gracias Señor por permanecer unidos a ti, por creer que eres en único Señor de la vida y el que siempre permanece atento a las necesidades de tus hijos. Permítenos vivir estos días santos junto a ti para resucitar contigo en esta vida y en la vida eterna.

+ Cristián Contreras Molina
Obispo de San Felipe.