/
/
/
/
/
/

Documentos

Nueva Evangelización para Chile. \"Patria que amamos y servimos con el Evangelio del Señor \". Orientaciones Pastorales 1991-1994

Segunda parte
Fecha: 01/07/1990
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor:


(Viene de:
PRIMERA PARTE)

2.3. Hacer hoy creíble el rostro de la Iglesia

2.3.1. La Santidad

104. La Santidad, reflejo del misterio de Dios, es la mayor fuerza de atracción de la Iglesia. Una Iglesia verdaderamente evangelizada es la mejor evangelizadora. Sin despreciar los métodos y técnicas modernas, la comunidad cristiana sabe que su fuerza más grande está en la santidad que la asemeja a Dios y que es una vocación a la que el Señor la llama .

105. Pablo VI nos recuerda: “Paradójicamente, el mundo, que a pesar de los innumerables signos de rechazo de Dios, lo busca sin embargo por caminos insospechados y siente dolorosamente su necesidad, el mundo exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al Invisible ... El mundo exigen y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, especialmente para con los pequeños y los pobres; obediencia y humildad; desapego de sí mismos y renuncia. Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda” .

106. “En vuestras circunscripciones eclesiásticas debéis fomentar el camino de la santidad para vuestros sacerdotes, religiosos y laicos según la vocación peculiar de cada uno”, nos decía últimamente el Papa Juan Pablo II en el discurso de la Visita ad Límina . Este llamado confirma lo que decíamos en las últimas Orientaciones Pastorales: “Estamos convocando al Pueblo de Dios... para proponerle un camino de santidad. Creemos que de una opción decidida por el Dios de la vida parte un camino de santidad... La santidad no consiste en una mera repetición de los aprendido en el pasado. La gracia de la santidad consiste en recrear en cada época la experiencia de Jesús; en responder con los criterios del Señor a los desafíos que la vida y la historia nos plantean. A través de estos desafíos nos llama el Dios de la Vida en forma nueva y original. Los que escuchan su voz y siguen sus pasos encuentran los mismos caminos actuales de santidad. Escuchar al Señor y seguirlo es lo que han hecho los santos y santas de Dios. Cada uno de ellos fue santo para su época porque respondió con su vida al llamado del Señor en la historia de su tiempo” .
La experiencia espiritual de la Iglesia es rica en enseñanzas y en ejemplo para emprender hoy este camino de la santidad.

2.3.2. La unidad.

107. Más que nunca es elocuente el testimonio del amor fraternal. La unidad y comunión son profundamente misioneras. Desde el comienzo de la Iglesia ellas han sido irradiantes .

108. Amar como El nos ama, es el supremo mandamiento de Jesús y la señal que El nos dio para que los hombres crean. Siguiendo el llamado de Jesús es necesario contribuir a la unidad de la Iglesia que debe construirse siempre en comunión con los Pastores puestos por el mismo Señor. Esa unidad no es sólo un lazo jurídico, ni es una uniformidad impuesta por la costumbre o por la fuerza. Es la unidad que da el Espíritu Santo que, acentuando las legítimas diferencias y la sana pluralidad en lo opinable, se afirma en el amor mutuo indestructible. Es bueno recordar esto último porque, si es indispensable velar por la unidad de la fe con el apoyo del Magisterio, es también necesario dejar en claro que en los asuntos que pertenecen a la contingencia política, salvada la Doctrina Social de la Iglesia, hay amplio campo para lo opinable y para que los cristianos y propugnarlas. Esto no es sino el respeto a la libertad y a la legítima autonomía de los asuntos temporales .

109. “La fuerza de la evangelización quedará muy debilitada si los que anuncian el Evangelio están divididos entre sí por tantas clases de rupturas. Si el Evangelio que proclamamos aparece desgarrado por querellas doctrinales, por polarizaciones ideológicas o por condenas recíprocas entre cristianos, al antojo de sus diferentes teorías sobre Cristo y sobre la Iglesia e incluso a causa de sus distintas concepciones de la sociedad y de las instituciones humanas ¿cómo pretender que aquéllos a los que se dirige nuestra predicación no se muestren perturbados, desorientados, si no escandalizados?” .

110. “Evangelizadores: nosotros debemos ofrecer a los fieles de Cristo, no la imagen de hombres divididos y separados por las luchas que no sirven para construir nada, sino la de hombres adultos en la fe, capaces de encontrarse más allá de las tensiones reales gracias a la búsqueda común, sincera y desinteresada de la verdad” .

111. El Papa durante su visita a Chile y en la última Visita ad Límina nos recordó a los Obispos que hemos de “prestar ese primer servicio pastoral de la unidad” .

2.3.3. La solidaridad

112. Nacida del costado de Cristo, que se desgarró por amor a los hombres, nuestra Iglesia tiene como misión ser instrumento para hacer presente y operante ese amor sin límites.

113. En un mundo donde hay tanta discriminación, tanta pobreza, tanta desunión, tanta explotación de los débiles, tanta corrupción y donde la dignidad del hombre se ofende con frecuencia, pocas cosas son tan impactantes como ejercer una solidaridad sin distinciones.

114. La Iglesia no se mueve a la solidaridad por motivos partidistas o por tácticas políticas. Lo hace por caridad. No puede haber auténtica caridad que no se proyecte en solidaridad para con los que sufren . La caridad es el alma y apoyo de la solidaridad. Y esta última, como fruto de la verdadera caridad, está atenta a todas las necesidades del ser humano ... de un modo especial a la más profunda que es el desarrollo de su vida de fe.

a) Los Pobres.

115. La solidaridad se expresa ante todo en un muy claro amor de preferencia por los pobres. “Esta opción no puede ser excluyente pero tampoco puede ser deslavada” . El Maestro fue pobre y eligió libremente hacerse servidor de los demás. Iluminada por el ejemplo de Jesús, la Iglesia se siente llamada a evangelizar a los pobres, sabiendo que con eso realiza un signo de los tiempos mesiánicos . Ese amor preferente por los pobres y los que sufren se manifiesta, entre otras cosas, asumiendo evangélicamente su causa, compartiendo sus dolores y, en lo posible, su misma vida, haciendo respetar su dignidad, y contribuyendo a que ellos sean actores de su propia promoción y organización. Esta opción supone asimismo que se busquen caminos eficientes para llegar a una superación integral de todos aquellos aspectos de la pobreza que no son evangélicos.

116. Es necesario que la perspectiva de los pobres esté presente en el tono del anuncio que la Iglesia hace al mundo, y determine su estilo, sobre todo en este continente. Entre el Evangelio y la actitud del pobre que sólo tiene a Dios por tesoro hay una íntima unión que puede imprimirle a la Palabra un sello de verdad y libertad inconfundibles, sobre todo en estas latitudes.

b) Los Derechos Humanos

117. La solidaridad se expresa también en la promoción y defensa de los derechos de la Persona Humana. El hombre, que es imagen e hijo de Dios, es digno de respeto sagrado. Que se respete la dignidad del hombre es un derecho de Dios.

118. La Iglesia hace labor profética defendiendo el derecho a la vida desde que ella es engendrada y hasta la muerte. La preocupación por los derechos de la persona humana “resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y frontal, condición de todos los otros derechos de la persona” .

119. La Iglesia ha experimentado en estos años su obligación de denunciar evangélicamente los atropellos y defender al hombre. Múltiples formas adquieren hoy las violaciones a los derechos de la persona. Así lo entendió el Concilio Vaticano II: “Cuanto atenta contra la vida –homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador” . En estos tiempos es necesario añadir la lacra del terrorismo en sus diversas formas que siega vidas inocentes y destruye los bienes destinados para servir al hombre.

c) La Sociedad Organizada

120. La Solidaridad se expresa de un modo especial contribuyendo al conjunto de la sociedad organizada políticamente. Todos, sin excepción, tenemos en esto una responsabilidad. Pero los laicos, con el carácter secular que les es propio, tendrán que hacer desde dentro un aporte en la vida política promoviendo el bien común, ejercitando la justicia; siendo servidores de todos, en especial de los más débiles; buscando el verdadero desarrollo humano; incitando al diálogo y al respeto; favoreciendo la participación de todos, y creando las condiciones de la Paz . El Papa Juan Pablo II nos recuerda que el “fruto de la actividad política solidaria es la paz” .

121. Finalmente, sin olvidar que su misión tiene una finalidad última que va más allá de este mundo y sin reducirla a lo puramente temporal, la Iglesia, por solidaridad, se preocupa de la promoción humana y ayuda al hombre a ser sujeto de su propio crecimiento. La naturaleza compleja del hombre, la coherencia del Plan de Dios y la íntima unión que existe entre la Creación y la Redención obligan al evangelizador a preocuparse por todo lo que atañe a la justicia, al desarrollo, a la paz y a la genuina liberación . Presentar una visión equilibrada de la promoción humana, dándole su verdadero valor y proyectándola en una visión trascendente, es una forma de ser solidarios con el hombre de hoy. En esta promoción humana, la Iglesia debe ayudar a hacer comprender que todo ha sido creado para el hombre y que todo debe servir al hombre... y el hombre debe adorar a Dios. La vida de Cristo abarca toda la realidad del hombre y se proyecta sobre su entorno social. Ella comienza acá “durante nuestra peregrinación... y adquiere su dimensión última y definitiva en la vida eterna” .

2.3.4. Capacidad de dar sentido a la vida humana

122. El hombre contemporáneo, que ha logrado progresos increíbles, ha perdido el rumbo de su marcha. A tientas busca y muchas veces acalla sus anhelos.

123. La Iglesia tiene el poder de ofrecerle humildemente a la humanidad lo que, por gracia, Ella tiene. En la vida, en la muerte y resurrección de Jesucristo, Ella sabe hacia dónde va el hombre.

124. Si hemos sido llamados a ser como un sacramento, un signo para el hombre de hoy, es fundamental que nos atrevamos a mostrar la trascendencia de la vida que es eterna y el modo cómo se llega a la verdadera meta .
El hombre de estos días, que desprecia las preguntas últimas y por eso mismo rechaza las respuestas, tarde o temprano, se volverá sediento a la fuente de donde brota el agua viva .

125. Todos andamos sedientos de sentido para nuestras vidas. Esto lo notamos especialmente entre los jóvenes. Las principales ideologías no parecen tener fuerza movilizadora. La Nueva Evangelización debe responder a esa sed profunda.

126. Poder dar sentido a la vida es hoy tal vez un signo elocuente de la verdad del Evangelio de Jesús y es una necesidad pastoral: “Se puede pensar con razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar” .


IV Principales Líneas Pastorales

127. Los desafíos que presenta la misión evangelizadora para los próximos años nos llevan a proponer líneas prioritarias para nuestra acción pastoral en continuidad con las establecidas en las anteriores Orientaciones Pastorales (1986-89), enriquecidas con una nueva línea referida a la vida espiritual y a la Sagrada Liturgia. Coherentes con la Nueva Evangelización queremos dar relevancia a la Evangelización de la Cultura.

1. Formación de Personas

128. La Iglesia sabe que nada es tan necesario e importante para el hombre contemporáneo como el anuncio de la Buena Nueva de Salvación . Esta Nueva suscita la fe que conduce a la santidad y se expresa en una vida coherente. En consecuencia “nada, absolutamente nada, en la vida del hombre puede escapar a la valoración moral que procede de la fe. Pretender que un solo elemento de la vida humana sea autónomo respecto de la ley de Dios es una forma de idolatría (cf. Gál 4, 20)” .

129. Estas expresiones del Papa en la Visita ad Límina del año 1989, confirman nuestra insistencia en la formación de personas, establecida desde hace años en nuestras Orientaciones Pastorales. Urge formar cristianos integrales que basen su fe en un encuentro personal con el Señor, vivido en el seno de la comunidad eclesial. Urge formar discípulos y testigos que asuman los criterios del Reino y procuren impregnar con ellos su vida personal, familiar y social y cuya mayor ambición sea alcanzar la madurez de la vida en el Espíritu. Al hacer esta afirmación pensamos que esta prioridad nos alcanza a todos: laicos, religiosos y ministros que debemos progresar constantemente en el conocimiento del Señor y del mundo en que habitamos.

Desde esta perspectiva creemos necesario:

130.
1.1. Formar pastores y laicos capaces de llevar adelante la Nueva Evangelización. Es decir, formar agentes mutiplicadores en el anuncio del Evangelio que renueven su entusiasmo por Jesús y su Reinado. Deseamos que se abran a los nuevos métodos que el mundo ofrece para comunicarse, a aquéllos que florecen en la experiencia espiritual de comunidades y movimientos de Iglesia. Que estén atentos a estas nuevas iniciativas eclesiales para responder creativamente a las inquietudes del hombre contemporáneo. Pastores y laicos capaces de animar, acompañar, discernir y practicar la “dirección espiritual” y de renovarse permanentemente en el ejercicio de su misión particular. Pastores que, compartiendo con su pueblo la vida, gozos, esperanzas, tristezas y angustias, sean testigos de la novedad del Evangelio.

131.
1.2. Formar laicos que sean formadores de laicos. Mucho se ha hecho a través de la Catequesis Presacramental, los Colegios y las Universidades Católicas, las Escuelas de la Fe, los Movimientos, etc. Sin embargo, es mucho más lo que queda por hacer. Es imperioso dedicarse con más empeño a la tarea de formar formadores, ya que la Nueva Evangelización requiere un decidido protagonismo laical , tanto para anunciar el Reino en los diversos sectores culturales como para suscitar y acompañar la fe de los laicos.

132.
1.3. Valorar la experiencia y el testimonio de los consagrados religiosos en la obra evangelizadora. Hoy se requiere una renovación espiritual profunda en la vida religiosa. También en los Institutos Seculares, para que su testimonio pueda expresarse en nuevas experiencias consagradas en medio del mundo. Hay nuevas urgencias en la educación formal e informal, en la salud (enfermos de Sida, alcohólicos, drogadictos, marginados), en el campo de la familia (separaciones, abortos, divorcios, ausencia, paterna, abandonos), en el campo social (moral pública, etc.), que debieran despertar nuevos compromisos de amor consagrado en quienes están llamados por el Señor a vivir su bautismo de manera más radical .

133.
1.4. Finalmente, todos debemos formarnos, renovarnos o capacitarnos en:
el conocimiento del Misterio de Jesucristo;
la oración y la celebración de la fe;
la vida en comunidad, en sus diversas formas;
el conocimiento y la valoración de la Doctrina Social de la Iglesia;
el servicio caritativo y solidario;
la valoración y el uso de los Medios de Comunicación Social así como una mayor presencia evangelizadora a través de la radio y la TV, y el interés por formar y acompañar a los cristianos laicos con vocación de comunicadores;
el espíritu ecuménico y en la actitud de diálogo con la religión judía y el islam, y la capacidad de asumir los nuevos desafíos que plantean las sectas a nuestra acción pastoral.

2. La vida Litúrgica y Espiritual

134. La Iglesia ha tenido en gran estima la dimensión contemplativa de la vida. Hay muchos hermanos y hermanas nuestros que consagran la suya a la contemplación del Misterio de Dios y a mirar la historia con sus ojos, cantando con un corazón agradecido todas sus maravillas. Hoy sentimos la necesidad de animar esta dimensión de la vida cristiana en todos los creyentes, ya que en nosotros hay una sed muy profunda de Dios y de comprender la trascendencia de la vida. Esto no lo podremos lograr sin profundizar la vida de oración, sin cultivar la vida en el Espíritu, sin desarrollar nuestro amor por la liturgia.

135. El Concilio Vaticano II nos recordó que la liturgia es “cumbre y fuente” de toda la actividad eclesial . El Santo Padre, por su parte, nos ha dicho recientemente que “la Sagrada Liturgia debe ser siempre el centro de la vida de la Iglesia” y que “ninguna otra acción pastoral –puede desplazar a la Liturgia de su lugar central” . En verdad, los sacramentos constituyen el elemento más dinámico de la vida espiritual: cada uno de ellos manifiesta y produce lo que significa y los cristianos los celebramos, por gracia a Dios, para insertarnos activamente en el Misterio Pascual de Jesucristo. En nuestra vida cotidiana nos beneficiamos de la fuerza renovadora de la Penitencia y de la eficacia poderosa de la Santa Eucaristía.

136. No hay verdadera formación en la fe que no conduzca y se alimente de la celebración litúrgica. Este es el medio ordinario de formación y santificación de la Iglesia. Por otra parte, la celebración litúrgica no alcanza toda su eficacia si no nos impulsa a vivir lo que celebramos. La fe sin celebración y sin misión arriesga a reducirse a una especie de ideología cristiana o a un simple moralismo. En cambio, la fe celebrada y la celebración vivida en la fuente desde donde mana y se alimenta la vida según el Espíritu.
137. La liturgia debe crecer en dignidad, ser más atractiva y participada, siguiendo las normas establecidas por la Sede Apostólica . Esta debe expresar y alimentar el culto en espíritu y en verdad , que implica la ofrenda de la propia existencia “como sacrificio vivo, consagrado y agradable a Dios”, y que se traduce en una vida realizada según los criterios de Jesucristo. El nos hace “capaces de discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo acabado” .

En consecuencia, recomendamos especialmente:

138.
2.1. Profundizar la formación litúrgica de los agentes de pastoral, laicos y consagrados. Fieles al Concilio Vaticano II deseamos que ellos conozcan, amen y celebren mejor la liturgia renovada de la Iglesia de acuerdo a los criterios y las normas establecidas por el Magisterio.

139.
2.2. Actualizar la formación de los sacerdotes para que presidan mejor la celebración de los Misterios de la fe, y sepan adaptarla siguiendo los criterios y orientaciones entregadas en los Libros Litúrgicos así como las alternativas que allí se les ofrecen.

140.
2.3. Formar Ministros de la Palabra y de la Eucaristía para que desempeñen esos ministerios específicos y puedan, eventualmente, presidir la liturgia en ausencia de presbíteros y diáconos.

141.
2.4. Renovar la catequesis y la celebración del Domingo, Día del Señor, fiesta primordial de la liturgia cristiana. Fomentar, de un modo especial, la celebración de la Palabra cuando no haya sacerdote ni diácono, y que comúnmente se llama “Culto dominical sin sacerdote”.

142.
2.5. Estimular las celebraciones de la Palabra que permiten asumir el lenguaje y los signos de los diversos ambientes culturales, de la manera como lo realizó el Santo Padre en su visita a Chile.

143.
2.6. Reforzar en todos los fieles cristianos la dimensión contemplativa estimulándolos a mirar la vida y sus acontecimientos con los ojos del Señor y ayudándoles a desarrollar el espíritu de oración que les permita acoger la Palabra de Dios y su obra en la vida.

144.
2.7. Tener especial preocupación por las diversas expresiones de la religiosidad popular o piedad popular del pueblo cristiano (santuarios, peregrinaciones, mandas, funerales, visitas a los cementerios, animitas, etc.) procurando descubrir y destacar sus valores así como purificarlas de toda clase de superstición o sincretismo, para que sean vividas con el verdadero sentido cristiano y contribuyan más a la evangelización. Preocuparse de que, por medio de la evangelización. Preocuparse de que, por medio de la evangelización de la religiosidad popular, muchos cristianos lleguen a participar de la liturgia que, como ya lo señalamos, es “fuente y cumbre de la vida cristiana”.

3. La Reconciliación

145. En el corazón de todos los chilenos el Papa Juan Pablo dejó una frase grabada: “el amor es más fuerte”, e insistió diciendo: “el amor puede más; siempre puede más”. Estas palabras, inspiradas y programáticas, calaron muy hondo y han pasado a ser el legado de su Visita Apostólico a un pueblo que tiene “vocación de entendimiento y no de enfrentamiento” . Es justo y grato reconocer los progresos que ha habido en esta materia.
El pueblo de Chile ha demostrado que sabe enfrentar en paz los conflictos por agudos que éstos sean. Sin embargo, aún hay que asumir con verdad y justicia, caridad y realismo, los problemas pendientes en derechos humanos y en la distribución de la riqueza. Y hay que seguir trabajando para que cada persona y cada hogar puedan llevar una existencia reconciliada.

Para realizar esta tarea es importante tener en cuenta los siguientes criterios:

146.
3.1. Es necesario manifestar con claridad que Dios es la clave, el origen y la fuente de la reconciliación, porque la enemistad es fruto del pecado que no se puede vencer con las solas fuerzas humanas. El mismo Dios ha asumido nuestra condición humana para vencer en el árbol de la Cruz al que había vencido en el árbol de la ciencia del bien y del mal. En consecuencia, la reconciliación es un don y una actitud que, ante todo, se realiza con Dios, y en el amor que acoge y que perdona al hermano en los pactos y los acuerdos sociales, y hasta en el respeto y el reencuentro con la naturaleza de la cual formamos parte. Una actitud que produce gozo y paz en el corazón reconciliado.

147.
3.2. Continuar ofreciendo a los fieles la gracia del Sacramento de la Reconciliación será necesario, tanto en el plano personal como comunitario. Mucho queda por hacer para aprovechar mejor la riqueza de este sacramento de la fe que nos devuelve a las fuentes de la gracia bautismal. Para lograrlo hay que insistir en la necesidad de estudiar y aplicar el Ritual vigente, tanto en sus ritos como en los criterios aportados en su introducción (Prenotanda). Es oportuno recordar el valor paradigmático que, según la tradición secular de la Iglesia, incluye el reconocimiento de la culpa, el dolor por el mal causado y la adecuada satisfacción.

148.
3.3. Debemos cultivar la reconciliación en la vida familiar si queremos entrar en lo profundo de su misterio. Allí se aprende a convivir, a amar, a aceptarse mutuamente. Normalmente es el lugar donde se tiene la primera experiencia de perdón y reconciliación. Hoy es claro que hay una crisis que afecta la vida de los esposos. Es realmente alarmante el número de separaciones y aun de nulidades obtenidas con engaño. Creemos sinceramente que, en la base de esta crisis, está la carencia profunda de la práctica de la reconciliación, que no sólo repara el daño del pasado sino que abre nuevas fuentes de vida para la pareja y para su prole.

149.
3.4 En el campo social la Iglesia también está llamada a aportar la orientación de sus pastores y el trabajo secular del laicado que ofrece a la sociedad el servicio propio de su vocación laical. Es importante que en ese aporte se ofrezcan criterios para superar los problemas, que podrían dificultar una reconciliación en la verdad, en la justicia, en la caridad, como son, por ejemplo, situaciones de injusticia en la relación entre empresarios y obreros y de violación de los derechos humanos a nuestros semejantes.

150.
3.4.1. Reconciliarse no equivale a decir “borrón y cuenta nueva” y nada tiene que ver con aquello de “ni perdón ni olvido”. Ambas actitudes conducen a caminos sin salida. Por eso, hay que recurrir a los criterios evangélicos que introducen en la vida una mirada diferente, capaz de cortar el ciclo de la violencia, despertando las mejores capacidades humanas. “Pero yo les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, oren por los que los persiguen y calumnian para que sean hijos del Padre Celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos y llover sobre justos y pecadores” . Sólo por este camino llegamos a amar la verdad, a buscar la justicia y a dar lugar a la reparación y al perdón.

151.
3.4.2. Reconciliarse también significa dar cabida al otro en el propio corazón. Incluso más, la reconciliación lleva a sentir con el otro, y cuando está fundada en Dios, lleva a mirar la vida con los ojos del más débil . Este es el espíritu que quisiéramos imperase en las relaciones laborales y, en general, en el campo de la justicia distributiva. Chile no debería ser un país de grandes diferencias económicas y sociales. El Señor ha formado este pueblo con grandes valores en común y con un singular sentido de acogida ¿No podría esto verse reflejado en el campo de las relaciones sociales?

152.
3.4.3. En fin, es imprescindible superar las formas de violencia que impidan una convivencia justa y pacífica. Debe ser tal la manera de organizar la sociedad que la calidad de nuestra vida sea el mejor argumento para desarmar los espíritus y las manos. Y, al hablar de violencia, no sólo nos referimos a la violencia armada. Pensamos también en los que se dedican al tráfico de drogas, - los “traficantes de la muerte” que causan daño, a veces irreparable, en los jóvenes- y también nos referimos a la violencia verbal que difama o descalifica a las personas. Así enseña Jesús el mandamiento “no matarás”, que radicaliza el precepto en el Sermón de la Montaña .

153.
3.5. La Nueva Evangelización será una ocasión para actualizar el contenido del amor cristiano, que incluye la reconciliación y el perdón en todos los niveles de la vida. De esa manera nos acercamos a la locura de la Cruz que seguirá siendo escándalo para algunos y una estupidez para otros, pero “poder y sabiduría de Dios para los que El ha llamado”. “Pues lo que en Dios parece una tontería, es mucho más sabio que toda
Sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda la fuerza humana” .

154. La Cruz nos llevará a comprender el desgarro de la enemistad y nos introducirá en el gozo sin fin del reencuentro y de la reconciliación, que son anticipos de nuestra resurrección definitiva.

155.
3.6. Nuestra mejor predicación de la reconciliación se logrará cuando tengamos esa misma actitud en nuestras relaciones intraeclesiales, a menudo afectadas por los acontecimientos sociales y políticos, así como por las diversas visiones y prácticas que hay al interior de la Iglesia. En ese sentido tenemos mucho que aprender de la primera comunidad de Jerusalén que perseveraba unida en la oración y en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles, compartiendo sus bienes para que nadie sufriera privación. Ella supo poner en común sus carismas y ministerios para edificar la Iglesia del Señor, ya que en ella “la multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma” .

4. La Opción Preferencial por los Pobres

156. Es oportuno recordar que la evangelización de los pobres constituye uno de los signos mesiánicos del Reino y que la opción preferencial por los pobres es la forma original y novedosa que Dios tiene para realizar la Historia y para llamar a la salvación de todos los hombres . Así lo comprendió la Santísima Virgen, como lo escuchamos de sus labios en la proclamación del Magníficat. Por todo esto afirmamos “con nuevo ardor” que nuestra opción por los pobres es expresión de nuestro amor por Cristo Jesús. Los Obispos quisiéramos que se expresase la opción preferencial por los pobres en términos claramente evangélicos, de manera que se evite todo posible reduccionismo o exclusivismo. Como asimismo se evite toda posible anulación o pérdida de la urgencia y prioridad que esta opción conlleva.

157.
4.1. Consecuente con esta visión, la Iglesia quiere animar la fe de los pobres, impedida por múltiples factores, a través de:

158.
4.1.1. Un amor de preferencia a favor de los que sufren cualquier forma de pobreza o privación, cualquiera sea su condición. Es una manera de poner en práctica las actitudes del Buen Samaritano, es decir. Lo que Jesús realiza a favor de los enfermos, y en su amor concreto y efectivo por los más pobres y marginados. En nuestro caso, queremos tener presentes:
a los enfermos incurables, a alcohólicos y drogadictos;
a los marginados sociales, especialmente los enfermos de Sida, las prostitutas, los encarcelados;
a los sin casa;
a los temporeros campesinos de algunas regiones;
a los pueblos indígenas;
a quienes están más desatendidos, incluso por nuestra pastoral, como son los enfermos de los hospitales, los niños, trabajadores, las madres solteras o abandonadas.

159.
4.1.2. Una percepción evangélica que lleve a comprender el valor espiritual de la pobreza, como libertad con respecto de los bienes transitorios, actitud necesaria para construir el Reino y que debe proyectarse en los modos de actuar y en estilos de vida sobrios, sencillos y austeros.

160.
4.1.3. Una opción preferencial por los pecadores, como la que tiene el Padre de los Cielos , que procure conducir a una sincera conversión a los que se encuentran más alejados del Señor y les ayude en el camino de regreso a la casa paterna, valorando y acogiendo con afecto a los que reconocen y lloran sus pecados.
161.
4.1.4. Una opción preferencial que nos invite “a mirar la vida desde la perspectiva de los pobres. Es decir, mirarla desde donde se sitúa el Señor para darnos la salvación” .
162.
4.2. La opción preferencial por los pobres así concebida nos adentra en el corazón de Dios y es un criterio esencial para ayudar a superar la brecha existente entre ricos y pobres, y para dar a los más ricos una posibilidad efectiva de asumir la causa y los dolores de los pobres, así como a compartir sus bienes con ellos.
Para llevarla a cabo queremos recomendar especialmente:

163.
4.2.1. La práctica de las obras espirituales y corporales de misericordia, que traducen en forma concreta la preocupación del Señor por los que sufren cualquier forma de pobreza. No debemos olvidar que la formación cristiana debe incluir siempre el contacto concreto con el dolor humano para poder ensanchar nuestro corazón y amar con los mismos sentimientos de Jesús.

164.
4.2.2. Una efectiva formación de laicos, religiosos y pastores en la Doctrina Social de la Iglesia. En ella se encuentran las enseñanzas derivadas del Evangelio para la vida social y política. Esta es aún más necesaria para los laicos que, por vocación, están llamados a trabajar en medio de las estructuras que forman la trama de la sociedad, juzgándolas con referencia a los valores que nos presenta la fe, y esforzándose con competencia por introducir los cambios que sean necesarios a fin de que sea más humana la convivencia social.

165.
4.2.3. Un empeño perseverante de la Iglesia para ayudar a gestar una cultura solidaria, en la que los pobres puedan ser protagonistas de su propio desarrollo y la sociedad se esmere por incrementar y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, aumentando con su trabajo la producción de bienes y servicios. Es necesario buscar todos los medios para superar la situación aflictiva que afecta a los más pobres.

5. Evangelización y Cultura

166. A las líneas antes señaladas queremos agregar nuestra preocupación por la Evangelización de la Cultura, que es mucho más que una línea pastoral: es una perspectiva por tener en cuenta en todas ellas. Por eso la hemos puesto al concluir la exposición de las líneas. Lo que deseamos es asumir el llamado del Santo Padre a la Nueva Evangelización, el legado de S.S. Pablo VI en Evangelii Nuntiandi y las valiosas orientaciones de la Exhortación Apostólica Christifideles Laici. La Evangelización de la cultura nos lleva a realizar una pastoral ambiental con sentido misionero.
Para esto se requiere:

167.
5.1. Conocer y valorar la cultura chilena y las culturas o subculturas que en ella existen.

168.
5.2. Profundizar el significado de “Evangelización de la Cultura” de acuerdo con la formulación hecha por Evangelii Nuntiandi, recogida por la Conferencia de Puebla: “La Iglesia evangeliza cuando por la sola fuerza del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en que ellos están comprometidos, su vida y ambientes concretos” . Esta obra implica, por cierto, un decisivo protagonismo laical, y una actitud abierta y dialogal para escuchar y aprender del desarrollo de la “nueva cultura”.

169.
5.3. Formar y acompañar a los laicos de diversos sectores culturales como, por ejemplo, pueblos indígenas, campesinos, dirigentes laborales, profesionales y universitarios, miembros de las FF.AA., comunicadores sociales, etc. Obviamente es necesario hacer un discernimiento pastoral y decidir cuáles de estos grupos requieren una atención prioritaria y señalar qué aspectos de su cultura y vida necesitan más una renovación por el Evangelio.

170.
5.4. Tener presente que esta evangelización de la cultura se realiza en una sociedad pluralista con sus ventajas y dificultades. En la nuestra es necesario profundizar en ciertos fenómenos tales como: el agnosticismo, el secularismo y la inmoralidad (o amoralidad), que se dan en la vida pública, familiar y privada. También es necesario asumir el problema que significan las sectas y las “nuevas religiones” y conocer la estrategia que hay tras su presencia y acción en Latinoamérica.

171.
5.5. Aportar la orientación teológica, antropológica y ética de la Iglesia a la “nueva cultura”, a la problemática juvenil y a la vocación de la mujer cuyo aporte es esencial en la sociedad contemporánea. Para esto se requiere una sólida formación en Doctrina Social de la Iglesia que debe ser aportada en la predicación habitual, en la educación escolar, técnica y universitaria, así como en los diversos modos de educación formal e informal.

V. Sectores Prioritarios de Nuestra Pastoral

172. Las líneas pastorales que hemos enumerado se aplican a toda la vida de la Iglesia. No hay actividad pastoral que pueda dejar de lado la formación de personas, el amor preferencial por los pobres, el trabajo por la reconciliación, la vida espiritual y litúrgica o la preocupación por evangelizar la cultura. Sin embargo, hay algunos sectores sociales o grupos humanos que requieren nuestra atención preferente: nos referimos a los jóvenes, a la familia y a las comunidades eclesiales de base.

173. Corresponde al Obispo diocesano de cada Iglesia particular -y a los Obispos de la Provincia Eclesiástica, cuando lo estimen conveniente- dar su aprobación al plan pastoral concreto de la Diócesis o Provincia. En este capítulo sólo aportaremos la justificación de estos “sectores prioritarios” en nuestra acción pastoral.

1. Los jóvenes

174. Esta es una prioridad permanente de nuestra pastoral. Sin embargo, en estos tiempos se vuelve particularmente urgente porque los jóvenes son quienes reciben el mayor impacto de la nueva cultura que se está gestando. Por el dinamismo propio de su edad y la generosidad de su corazón, ellos pueden hacer muchísimo para ayudar a gestar una sociedad y una cultura impregnadas de los valores del Evangelio.

175. El Santo Padre nos ha recordado que “existe un diálogo muy importante entre la Iglesia y los jóvenes: la Iglesia tiene tantas cosas que decir a los jóvenes y los jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia. Este recíproco diálogo –que se ha de llevar a cabo con gran cordialidad, claridad, valentía- será fuente de riqueza y de juventud para la Iglesia” .

176. En su nuevo esfuerzo evangelizador, la Iglesia “necesita especialmente” de los jóvenes: de su dinamismo, de la autenticidad de su fe, de su apasionado deseo de servir. Por eso el Papa los llama a ocupar su lugar en la Iglesia “que no es sólo el de ser destinatarios de la solicitud pastoral, sino el del ser protagonistas activos de su misión” .

177. A su vez, la Iglesia tiene mucho que ofrecer a los jóvenes ya que “muchos jóvenes la están descubriendo como guía segura y fiel, como lugar indispensable para la comunión con Dios y con los hermanos, como ámbito de crecimiento espiritual y de compromiso” .

178. “Esta es la hora magnífica y dramática de la historia; y la hora providencial de los jóvenes. La hora decisiva de una Nueva Evangelización para construir en Cristo una sociedad justa, libre y reconciliada. La hora para construir juntos la Nueva Civilización del Amor” .

179. Lo que hemos dicho cobra especial vigencia en nuestro país que vive hoy cambios de importancia y cuya población está formada mayoritariamente por personas menores de 30 años de edad, que deben prepararse y capacitarse para ejercer el papel que les corresponde en la sociedad. Para ello la Iglesia puede ofrecerles el tesoro del Evangelio y el amor inagotable de Jesucristo, el Señor, que hará de ellos testigos y apóstoles del Evangelio y promotores de una nueva sociedad.

180. La acción pastoral a favor de los jóvenes se concretiza en estos años en el proyecto de la Nueva Evangelización de los Jóvenes, que se realizará entre Pentecostés de 1990 y Cristo Rey de 1991, de acuerdo al plan de cada Diócesis.

Dicha acción pastoral debe:

181.
1.1. Procurar una sólida formación integral basada en una experiencia profunda de Jesucristo y de su Iglesia, a través de un proceso comunitario que permita a los jóvenes tener una participación real y asumir sus compromisos en la Iglesia y en la sociedad.

182.
1.2. Trabajar por una adecuada pastoral vocacional que permita “hacer frente a la crónica y aguda escasez de vocaciones sacerdotales que nos aqueja .

183.
1.3. Revisar las instituciones educacionales de Iglesia (Escuelas, Liceos, Colegios, Universidades) en orden a que se tomen en la debida consideración, y dentro del plan pastoral diocesano, estas Orientaciones Pastorales y se vinculen mejor a la pastoral ordinaria.

184.
1.4. Promover el espíritu misionero entre los jóvenes de Iglesia, especialmente de la pastoral juvenil, llamándolos a su tarea de evangelizar a los miles de jóvenes que aún no han tenido una experiencia de Jesucristo.

185.
1.5. Ayudar a incorporar al seno de la sociedad a los jóvenes marginados que, por carencia de afecto, de trabajo, de orientación, son víctimas del alcohol, de las drogas, de la prostitución y de otras formas, siempre nocivas, de evasión.

186.
1.6. Convocarlos a vivir acontecimientos eclesiales o a asumir servicios sociales de acuerdo a su edad y a sus posibilidades.

187. Todas estas preocupaciones pueden ser sintetizadas en el urgente llamado que nos hizo el Santo Padre en la última Visita al Límina, invitándonos a “desplegar un intenso apostolado entre la juventud”. El pide “que se comunique a los jóvenes un amor entusiasta y ardiente por Cristo, como lo tuvieron las Beatas Teresa de los Andes y Laurita Vicuña... que los jóvenes -bien instruídos en los contenidos esenciales de la fe- aprendan a mirar todas las cosas desde la perspectiva del Evangelio; que se formen en las virtudes humanas de la reciedumbre, la responsabilidad, la laboriosidad, la sinceridad y generosidad. Que aprendan a amar la virtud de la pureza y luchen con denuedo contra los medios que comercializan el sexo y exaltan el erotismo con el falso espejismo de ser más libres” .

2. La Familia

188. Es imposible trabajar a favor de los jóvenes sin abarcar la pastoral familiar en su conjunto. La familia y los jóvenes son dos aspectos inseparables de una misma pastoral. Por otra parte, el impacto de la cultura adveniente cae de lleno en el núcleo familiar. Este se ve afectado por la distancia generacional que se ha agrandado desproporcionadamente, debido a la aceleración de los cambios, a la influencia de los medios de comunicación social, -en especial a la Televisión-, por la relativización de valores esenciales como la fidelidad conyugal y la indisolubilidad del vínculo matrimonial. En efecto, los Obispos vemos con grave preocupación la dificultad de comunicación en el seno de la familia, el aumento de separaciones contrarias a la moral familiar o a la gestación de la vida.

189. Junto a estos problemas que hieren la unidad familiar y afectan profundamente el crecimiento de los hijos, hay que considerar los problemas económicos que han afectado especialmente a los sectores populares y campesinos. Estos son causa de separaciones temporales para buscar trabajo, de dificultades muy serias para comer el pan de cada día, de carencia de viviendas o de uso de viviendas muy estrechas en que las familias no tienen el espacio vital que la dignidad humana requiere.

190. Gracias a Dios, la pastoral familiar es un campo apostólico en que se ha progresado mucho. La catequesis presacramental, especialmente la de la primera comunión, los aportes realizados por diversos movimientos interesados en la familia, así como los esfuerzos del Episcopado y de las diócesis en crear Departamentos de Pastoral Familiar han dado su fruto. Sin embargo, hay la impresión generalizada de que aún falta una pastoral más orgánica a favor de la familia.

191. A ello nos insta también el Papa Juan Pablo II. En la última Visita ad Límina, después de reconocer los esfuerzos realizados, nos alienta a continuarlos: “¡Qué grato es al Señor ver que la familia cristiana es verdaderamente una ´Iglesia doméstica´ un lugar de oración, de transmisión de la fe, de aprendizaje, a través del ejemplo de los mayores, de actitudes cristianas sólidas que se conservarán a través de toda la vida como el más precioso legado! .

192. Para lograr una pastoral más orgánica a favor de la familia se sugiere:

193.
2.1. Enfatizar la importancia de la primera catequesis que realizan los padres de familia para ir ayudando a los niños a conocer, amar y servir al Señor; las primeras oraciones, las oraciones en familia, las imágenes, etc.

194.
2.2. Conservar y enriquecer la Catequesis Presacramental (bautismal, de primera comunión, matrimonial); crear y difundir una catequesis de iniciación con los infantes a la vida de fe y amor al Señor.

195.
2.3. Orientar en los asuntos morales que afectan la vida de pareja y la vida familiar; la paternidad responsable, la soledad de muchos de sus miembros, el rol pedagógico de los padres, el divorcio, el aborto, etc.

196.
2.4. Realizar signos eclesiales que manifiesten y apoyen esta prioridad pastoral, como por ejemplo, en la celebración de las Bodas de Plata y de las Bodas de Oro matrimoniales, en la fiesta de Navidad, en las bendiciones que el nuevo ritual entrega a los padres de familia y en la:
- Semana de la familia
- Oración en familia (Rosario, Mes de María, Bendición de la Mesa)
- Consagración de la Familia al Sagrado Corazón y Bendición de los nuevos esposos
- Misa del primer Domingo de Adveniento para bendecir a las parejas que están esperando un hijo.

3. Las Comunidades Eclesiales de Base.

197.
3.1. La dimensión comunitaria de la vida es especialmente querida para los cristianos que sabemos que “fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un Pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente . Somos miembros de una Iglesia. No somos creyentes aislados a pesar de que el pecado nos disgregue y nos tiente con el individualismo, el relativismo, el sectarismo.

198. Desde la creación de la pareja original, el Señor Dios nos ha llamado a vivir en comunidad. Definitivamente no es bueno que el hombre esté solo. Y por eso el Señor quiere que todos nazcamos y crezcamos en el seno de un hogar y nos vinculemos estrechamente por los lazos de la sangre y del espíritu parentesco y la amistad.

199. En el seno de la Iglesia se dan múltiples formas de comunidad de vida, de trabajo, de referencia, que valoramos y animamos:
- la familia, comunidad básica;
- la comunidad cristiana de base;
- la comunidad eclesial de base;
- la parroquia, comunidad de comunidades;
- las comunidades de vida religiosa y monástica;
- los movimientos apostólicos y de espiritualidad;
- la comunidad educativa (Colegios de Iglesia), etc.
Entre ellas, hemos dada prioridad especial, durante 20 años, a las Comunidades Eclesiales de Base, que están llamadas a ser una pequeña iglesia donde se vive la fe en una dimensión cercana. Sabemos que éstas han prendido especialmente en el campo y en los sectores más populares de nuestra Iglesia, más acostumbrados a compartir su vida y a necesitar de los demás para vivir .

200. Recordamos aquí lo que nos dijo el Santo Padre en su visita a nuestros país. En su discurso a los pobladores en la Bandera señaló al referirse a las CEBs.:

201. “Para que el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base sea una fuerza revitalizadora del auténtico dinamismo de la Iglesia en Chile, es necesario que mantengan siempre una clara identidad eclesial. Esto supone, ante todo, estar en íntima comunión con el Obispo diocesano y sus colaboradores; supone desarrollar y hacer propias las enseñanzas del Magisterio auténtico de la Iglesia, del Papa y de los Obispos; y supone evitar cuidadosamente toda tentación de encerrarse en sí mismas, lo que las llevaría fatalmente a renunciar a algo tan esencial como es la proyección universalista y misionera que debe caracterizar a cualquier iniciativa que se precie de ser católica. Esta identidad eclesial requiere, finalmente, que las Comunidades Eclesiales de Base eviten la tentación de identificarse con partidos o posiciones políticas que pueden ser muy respetables, pero que no pueden pretender ser la única expresión válida de la proyección evangélica sobre la vida y opciones políticas del país”.

“Dichas Comunidades son auténticamente eclesiales, cuando la Palabra de Dios es la que congrega a los fieles y les impulsa a reflexionar sobre ella para proyectarla; cuando la maduración de la fe se hace a partir de una catequesis seria y vivencial; cuando la Eucaristía es el centro de la vida y la comunión de sus miembros, cuando las relaciones interpersonales se dan en la fe, la esperanza y el amor; cuando la comunión con los pastores es inquebrantable; cuando el compromiso por la justicia está presente en la realidad de sus ambientes; cuando sus miembros son sensibles a la acción del Espíritu que suscita permanentemente carismas y servicios en el interior de la Comunidad y para la Iglesia Universal” .

202. Hoy se hace necesario insistir en esta prioridad para tener comunidades que sean un verdadero santuario de la presencia del Señor, comunidades misioneras, samaritanas y proféticas que sean signo de la Iglesia en los sectores rurales apartados y en los barrios y poblaciones de pueblos y ciudades. Comunidades que así como pueden multiplicar la Palabra en la catequesis y la celebración de la fe, pueden también ser animadoras de la vocación laical de sus miembros, que se alimentan en ellas del Pan de la Palabra y del testimonio de sus hermanos, de la oración, y la vida compartida. La primera comunidad de Jerusalén sigue siendo el ideal de estas pequeñas comunidades en que se experimenta cercana la presencia del Señor.

203. El desarrollo de las Comunidades Eclesiales de Base depende, en gran medida, de la calidad de vida cristiana y compromiso eclesial de sus animadores y ministros. Es necesario organizar programas serios de formación, tanto por parte de las parroquias como por parte de los servicios diocesanos.

204. Sin embargo, la vida comunitaria no se agota en estas comunidades. Su desarrollo pide que estén íntimamente unidad a sus Párrocos y que cada Parroquia sea una verdadera comunidad de comunidades. Por otra parte, junto con alentar las CEB también alentamos la pertenencia a los movimientos y asociaciones debidamente aprobados que hoy surgen en la Iglesia como verdaderos signos de los tiempos. Unas y otras deben estar en íntima comunión de fe y de afecto con los Pastores que el Señor pone para regir la Iglesia.

205.
3.2. En íntima vinculación con esta prioridad pastoral así como con la evangelización de la cultura se encuentra la preocupación eclesial por el laicado. Para animar y servir la vocación de los laicos en la Iglesia y en el mundo recomendamos en particular:

206.
- Promover el estudio y la aplicación de la Exhortación Apostólica Christifideles Laici.
- Asumir esta prioridad en la forma señalada al referirnos a la evangelización de la cultura.
- Formar cristianos laicos en el conocimiento y la práctica de la Doctrina Social de la Iglesia.
- Alentar una efectiva preocupación de los pastores por las instancias de formación que tiene la Iglesia: Universidades, Colegios católicos, Parroquias, Movimientos, Escuelas de Fe, Catequesis presacramental, Pastoral de Confirmación, etc.

[bVI. ]Conclusiones[/b]

207. Al concluir estas Orientaciones Pastorales creemos oportuno recordar que, a través de ellas, deseamos presentar los caminos de servicio que la Iglesia quiere recorrer en nuestra Patria. Deseamos que ellas sean un instrumento de comunión que nos una de Norte a Sur, en un lenguaje común y en algunas visiones también comunes sobre las personas y las comunidades a quienes queremos servir. Hemos empleado mucho tiempo en redactarlas, después de escuchar a comunidades y agentes de pastoral. Por eso, podemos decir que son el fruto maduro en nuestro discernimiento eclesial. Más que un programa cuadrienal, nos asiste el deseo de estas Orientaciones sean un instrumento de santidad: una forma concreta de poner en práctica la voluntad de Dios en esta Patria que amamos y servimos con el Evangelio del Señor.


NOTAS A PIE

(89) Cf. Concilio Vaticano II, L.G., 39 y ss.
(90) Cf. Hebreos 11,27.
(91) Pablo VI, E.N., 76.
(92) Juan pablo II, Discurso Visita ad Limina, agosto 1989, 6.
(93) Iglesia Servidora de la Vida, 8-10.
(94) Cf. Juan Pablo II, C.L., 41.
(95) Cf. Concilio Vaticano II, G.S., 43.
(96) Pablo VI, E.N., 77.
(97) Ibid.
(98) Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Chile, Seminario de Santiago, 3 y ss. (106 y ss.); cf. Discursp Visita ad Limina, marzo 1989, 2.
(99) Cf. Romanos 12,15 (llorar con los que lloran).
(100) Cf. Juan Pablo II, C.L., 41.
(101) Iglesia Servidora de la Vida, 102.
(102) Cf. Lucas, 4,14-21.
(103) Juan Pablo II, C.L., 38.
(104) Concilio Vaticano II, G.S., 27.
(105) Cf. Concilio Vaticano II, Apostolicam Acuositatem, 7; L.G., 31.
(106) Juan Pablo II, C.L., 42.
(107) Cf. Pablo VI, E.N., 31 y 32.
(108) Cf. Juan Pablo II, Discurso Visita ad Limina, marzo 1989, 2.
(109) Cf. 2 Corintios 5,1-10.
(110) Cf. Juan 7,37-39.
(111) Concilio Vaticano II, G.S., 31.
(112) Cf. Juan Pablo II, Visita ad Limina, agosto 1989.
(113) Juan Pablo II, Ibid. 5.
(114) Cf. C.L., 34.
(115) Concilio Vaticano II, Sacrosantum Concilium, 10,1.
(116) Juan Pablo II, Visita ad Limina, marzo 1989, 3.
(117) Cf. Juan Pablo II, Visita ad Limina, marzo 1989.
(118) Cf. Juan 4,23.
(119) Romanos 12,1-2.
(120) Homilía Parque O\'Higgins, Santiago, 8 (376).
(121) Mateo 5,43 y ss.
(122) Cf. Mateo 7,12.
(123) Cf. Mateo 5,21-24.
(124) Cf. Corintios 1,22-25.
(125) Hechos de los Apóstoles 4,32.
(126) Cf. Lucas 4,16 y ss.
(127) Cf. Iglesia Servidora de la Vida, 99.
(128) Cf. Lucas 15,11-14.
(129) Iglesia Servidora de la Vida, 103.
(130) Ibid. 103 b.
(131) Pablo VI, E.N., 18-19.
(132) Mensaje a los Jóvenes con ocasión V Jornada Mundial de la Juventud, Domingo de Ramos, 1990, 1.
(133) Mensaje a los Jóvenes con ocasión V Jornada Mundial de la Juventud, Domingo de Ramos, 1990, 2.
(134) Ibid.
(135) Cardenal Pironio, santiago de Compostela, 15.08.89.
(136) Juan Pablo II, Discurso al CELAM, 1983, Haití, 1.
(137) Juan Pablo II, marzo 1989, 7.
(138) Juan Pablo II, marzo 1989, 7.
(139) Concilio Vaticano II, L.G., 9.
(140) Sobre las CEB se debe tener presente: Pablo VI, E.N., 58; Madellín, Pastoral de Conjunto, 10-12; Puebla, 617-657; Juan Pablo II, Discurso Población La Bandera, Santiago; CECH, Cartas a las Cebs, 1989.
(141) Cf. CECH, Carta a las Comunidades Eclesiales de Base, al cumplir 20 años como prioridad pastoral, 1989, 3.3.