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Bienvenida a Monseñor Ricardo Ezzati Andrello

Fecha: 15/01/2011
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Monseñor Cristián Precht Bañados


Muy querido Don Ricardo,

Hace cuatro años, una Iglesia Catedral repleta de gente, con una significativa presencia de presbíteros y diáconos permanentes, junto a sus esposas, lo despedía con el gran afecto que Ud. mismo se granjeó mientras fue Obispo Auxiliar del Cardenal Francisco Javier Errázuriz. Hoy esta misma Iglesia Catedral se viste de fiesta, con la presencia de la mayoría de los Obispos del país, para darle la bienvenida en su calidad de Arzobispo de Santiago.

Sea nuestra primera palabra para agradecer a Dios y al Santo Padre por haberlo elegido para este ministerio pastoral, y a Ud. por haber aceptado generosamente este encargo. Muchos sabemos que para Ud. ha sido un sacrificio dejar la sede de la Santísima Concepción a la cual sirvió con toda el alma, dejando una huella en su organización pastoral y dando un testimonio de fortaleza y abnegación, acompañando con su presencia, oración y empuje, a las víctimas del terremoto del 27 de febrero. Por esta razón, también quisiera agradecer a los fieles de esa querida Iglesia, en la persona de los sacerdotes, consagradas y laicos que han viajado a Santiago para acompañarlo en este inicio de su ministerio pastoral.

Nuestra gratitud también quiere ser muy explícita para bendecir al Señor por la historia de nuestra diócesis que, en junio del presente año, cumple 450 años desde su fundación, y por los últimos sesenta años de vida pastoral que conocemos más de cerca. Gracias a Dios, y al ministerio pastoral de sus obispos, hemos podido crecer en gracia, en organización y en ímpetu misionero, de una manera armónica y progresiva, en que cada uno de sus pastores ha acogido el camino trazado por su antecesor, aportando con sus dones a la construcción de esta Iglesia. No han faltado los conflictos y los momentos de dolor dentro y fuera de la Iglesia, muy propios de los tiempos que ha vivido el mundo y el país. Es un signo preclaro de una Iglesia atenta a los signos de los tiempos. Sin embargo, en el corazón de esta enorme Arquidiócesis ha habido un admirable ánimo constructivo que se ha dejado iluminar por el ministerio papal y por las Conferencias Generales del Episcopado de América Latina y el Caribe. ¡ Una gran bendición !

En estos años nos hemos enriquecido con la sabiduría campesina y la opción por los pobres del Cardenal José María Caro Rodríguez y con los primeros pasos de la pastoral orgánica y de conjunto inaugurada en el breve tiempo de Mons. Emilio Tagle Covarrubias como Obispo Auxiliar y Administrador Apostólico de Santiago. Recibimos el impulso conciliar, la primera misión general, un significativo crecimiento de la pastoral especializada, la refundación del Seminario, la firmeza en su gobierno y la bondad de corazón, del Cardenal Raúl Silva Henríquez, salesiano como Ud. y Buen Samaritano de los heridos del camino en sus 22 años de episcopado entre nosotros.

Mientras el país se agitaba por la conmoción social de los años ochenta el Señor nos envío a un Pastor que, aceptando con dificultad este encargo que preveía muy pesado, confirmó la obra solidaria del Cardenal Raúl y, guiado por su característica bonhomía supo hacer converger las voluntades en torno a un Acuerdo Nacional que fue clave para la transición pacífica a la plena democracia. Eran los tiempos de la Nueva Evangelización. Esa obra del Cardenal Juan Francisco Fresno Larraín fue confirmada personalmente por el Papa Juan Pablo II en su providencial visita a Chile, marcando a fuego nuestros deseos de reencuentro y reconciliación. Junto con la democracia llegó a Santiago el Cardenal Carlos Oviedo Cavada, quien continuó con la Nueva Evangelización inaugurada por su antecesor, fundó las Vicarías de la Esperanza Joven y de Pastoral familiar, y puso lo mejor de sí mismo en la preparación y realización del IX Sínodo de Santiago que quiso promulgar personalmente antes de renunciar por motivos de salud. Don Carlos multiplicó su presencia, sobre todo en las cárceles de Chile y en los países que visitaba, haciendo honor a su vocación mercedaria.

En ese estado de cosas el Señor nos envía desde Valparaíso al Cardenal Francisco Javier Errázuriz quien pone en práctica el Sínodo de Don Carlos, anima el Gran Jubileo del 2000 y tiene la misión, por cierto muy lograda, de preparar, realizar y poner en práctica la Conferencia Episcopal de Aparecida. Con ese buen espíritu nos ha guiado hasta completar la celebración del bicentenario de nuestra Independencia Nacional.

No sería completa nuestra memoria si no incluimos en ella Don Sergio Valech Aldunate, leal colaborador de la mayoría de estos obispos y Administrador Apostólico por pocos meses entre la renuncia de Don Carlos Oviedo y la Asunción e Don Francisco Javier. Ahí estuvo Don Sergio, silencioso para hacer el bien, dispuesto en todo momento a servir, derrochando generosidad, muy atento en el trato y firme para defender los derechos humanos.

Querido Don Ricardo,
Hoy lo recibe su Iglesia, con el corazón y los oídos muy abiertos, para seguir su peregrinación, atenta a su pastoreo. Para ello comprometemos desde ya nuestra oración. Sabemos que Ud. viene “para evangelizar”, como reza su lema episcopal, y que dará un nuevo impulso a la Misión Continental. Conocemos su preocupación por el clero, los presbíteros y los diáconos permanentes, y esperamos su acompañamiento y su corrección fraterna. Hemos llevado adelante el Plan de Formación de Laicos y el proyecto vocacional que Ud. inició junto a Don Francisco Javier. Unidos a las familias, a los jóvenes, a los migrantes y a la pastoral educativa nos aprestamos a vivir un año de comunión misionera, en torno a la Mesa de la Eucaristía. Con este espíritu queremos afrontar junto a Ud. los problemas que nos tensionan y los nuevos desafíos que nos imponen los tiempos. En todo caso, con humildad podemos decirle que es enorme y atrayente la vitalidad cotidiana de esta Iglesia que camina bajo la protección materna de la Virgen Inmaculada del Cerro San Cristóbal y que hoy renueva su obediencia al Señor Jesús en la persona del Pastor que El mismo ha tenido la bondad de invitarlo a presidir.

Don Ricardo, bienvenido a su casa, la de siempre. Cuente con nosotros así como nosotros contamos con Ud.

P. Cristián Precht Bañados
Vicario General de Santiago
Santiago, 15 de enero de 2011