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Mensaje de Mons. Pellegrin en el Día del Trabajo 2009

Fecha: 01/05/2009
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Chillán
Autor: Mons. Carlos Pellegrin Barrera


Queridos hermanos y hermanas:

Con mucha alegría les extiendo mi afectuoso saludo este Primero de Mayo, con motivo de la celebración de la Fiesta de San José Obrero y la conmemoración del Día Internacional del Trabajo.

San José Obrero

Como cada año, hoy nos reunimos para confiarnos a la intercesión de San José, el humilde obrero de Nazareth, que además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad de quien se gana la vida con el esfuerzo propio, es también el reconocido protector de todos los trabajadores y de sus familias. José es el símbolo de la prudencia, del silencio, de la generosidad, de la dignidad y de la aplicación en el trabajo; también lo es de los derechos y de los deberes respecto del trabajo. San José fue un auténtico obrero en el pleno sentido de la palabra, y como padre adoptivo de Jesús, fue el único hombre que compartió con el Hijo de Dios la tarea de todos los días.

Es por eso que hoy la Iglesia le recuerda, y en su persona, reconoce a todos los trabajadores de nuestra patria y del mundo, pidiendo al cielo para que sean instrumento de paz, de evangelización, de serena inteligencia, de valor, de confianza, y de perseverancia. Así mismo, pedimos al Señor por quienes han perdido sus ocupaciones laborales, o no han conseguido alguna, para que les cobije y anime a encontrar una oportunidad para el desarrollo de sus dones. Del mismo modo oramos por los empresarios, para que sepan destinar sus talentos para promover iniciativas de bien común, procurando el desarrollo económico a la par con la dignificación humana. Oramos también por los hombres y mujeres que, por razones sociales, económicas o políticas están llamados a afrontar y a tratar de resolver los problemas decisivos del empleo, de su equitativa distribución y de su justa retribución.

El trabajo dignifica a las personas

En esta Fiesta de San José Obrero, contemplando la buena nueva del trabajo, alabemos a nuestro Dios “porque en la belleza de la creación, que es obra de sus manos, resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas” (DA 120).

Recordemos que “Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador y, que Él nos recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”, por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos” (DA 120).

Por eso decimos que el trabajo es una vocación primordial que nos asemeja a Dios creador; es un llamado a construir la sociedad fraterna y un servicio que se ofrece a los hermanos; es una dimensión tan esencial, que sin trabajo, y más aún sin trabajo digno y decente, la propia vocación humana del varón y la mujer no puede encontrar su plena realización. Trabajar no es sólo producir: trabajar es vivir.

Alabemos hoy “a Dios por los talentos, el estudio y la decisión de hombres y mujeres para promover iniciativas y proyectos generadores de trabajo y producción, que elevan la condición humana y el bienestar de la sociedad” (DA 122). En cuanto a la actividad empresarial “es buena y necesaria cuando respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena al bien común. Se pervierte cuando, buscando sólo el lucro, atenta contra los derechos de los trabajadores y la justicia” (DA 122).

Llamado a los actores del trabajo en tiempos de crisis

Quiero unirme hoy, en un fraternal saludo a todos quienes hacen del trabajo un aporte al gran proyecto de Dios, participando de su obra creadora y redentora. La Iglesia, maestra de humanidad, nos enseña que el trabajo no es por sí un fin último y definitivo en la vida, y aunque es muy importante para la realización del hombre y para el desarrollo de la sociedad, es necesario que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común.

Lo anterior, es muy importante tenerlo presente especialmente en este tiempo de crisis económica mundial, donde la desesperanza parece golpear a la puerta de muchos hogares. El Papa Benedicto XVI muy bien lo decía: “cuando el afán del lucro y la acción especulativa sin límites se imponen en los mercados, la persona humana está construyendo su casa sobre arena. Quien construye su vida sobre estas realidades, sobre la materia, sobre el éxito, sobre todo lo que es apariencia, construye sobre arena. Únicamente la Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad, es estable como el cielo y más que el cielo; es la realidad”.

La crisis afecta fundamentalmente a la familia chilena, trayéndole cesantía, un desconcertante conflicto emocional, la forzada congelación de estudios superiores, un sentimiento de incertidumbre; todas ellas expresiones de una negación a la dignidad humana. Solamente la creatividad del Estado, de los empresarios, y de los mismos trabajadores, en un esfuerzo de trabajar por la unidad y la colaboración, nos llevarán por el camino de la equidad, la justica, y el bien común.

Tradicionalmente, una crisis económica afecta con mayor profundidad a los grupos más vulnerables de la sociedad. Es por ello que los esfuerzos de todos los actores del trabajo, debe ir principalmente en la línea de la valoración, el cuidado y la promoción de las fuentes de empleo, y la dignificación del trabajo, a través del reconocimiento de derechos y deberes, tanto de los trabajadores como de los empresarios.

Paralelamente, los cristianos estamos llamados a promover la solidaridad y la justicia como virtudes urgentes en nuestra sociedad. El Padre Hurtado decía: “sin justicia social no puede existir democracia integral”. Vayan nuestras oraciones para Chile alcance hacia el bicentenario una verdadera equidad, y para que podamos hacer de esta nación un adelanto del Reino de Dios.

Que la Virgen María nos proteja y guíe siempre hacia Jesús, el hijo del carpintero.

† Mons. Carlos Pellegrin Barrera
Obispo de Chillán


Fiesta de San José Obrero, 1° mayo de 2009.