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El amor no viene en píldoras

Fecha: 06/09/2006
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Concepción
Autor: Mons. Antonio Moreno Casamitjana


Dirigiéndose a miembros del Partido Popular Europeo, el pasado mes de abril, el Papa Benedicto XVI les decía que, tratándose de defender y promover la dignidad de la persona, hay principios que no son negociables. Entre ellos, la protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, el reconocimiento de la estructura natural de la familia y la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.

La píldora en cuestión atenta contra esos tres principios. No sólo es anticonceptivo (lo que ya contribuye a fortalecer esa mentalidad antivida tan característica de la mentalidad hoy dominante) sino que hay razones muy fundadas de que es abortiva, lo cual hace de por sí inmoral su uso y su distribución. Atenta contra la familia, en cuanto promueve, por sí misma, la sexualidad desligada de cualquier compromiso definitivo abierto a la vida. Finalmente, en la modalidad adoptada por el Ministerio de Salud para su distribución (a niñas desde los 14 años sin intervención de sus padres) está violando el derecho natural y, en Chile, constitucional, que tienen los padres sobre la educación de sus hijos.

Es lamentable que alcaldes, que por su filiación se deben presumir cristianos, se declaren dispuestos a distribuir la píldora. Deben reconocer que están muy lejos del pensamiento del Magisterio de la Iglesia (Benedicto XVI, Juan Pablo, II, PabloVI, Pío XII, Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, etc). Pero también de lo que “piensa la gente” y de lo que espera de sus autoridades.

Hoy (5 de septiembre), dos señoras de un pueblo vecino a Concepción me detuvieron en la calle para saludarme. Estaban tratando de resolver un asunto para ellas importante y se lamentaban de la tramitación burocrática en las oficinas correspondientes. Y a una de ellas se le salió el comentario: “¡Claro, como están preocupados de darles la píldora a las chiquillas de 14 años!”.

La salida de esta señora coincide con las conclusiones del Biobarómetro publicadas en este diario. Las urgencias de la gente no están en la línea de la liberalización ética sino, entre otras, en la de una seria educación que dé valores de vida permanentes fundados en la naturaleza humana.

Ese es el camino que permitirá superar males sociales que hoy parecen sorprender a muchos, pero que no son sino las consecuencias del relativismo moral que está en la base de una agenda política que para ciertos sectores parece ser prioritaria: cambiar los fundamentos éticos de nuestra cultura.

Lo que los jóvenes necesitan no son píldoras, condones o técnicas para “hacer el amor”, sino una educación que les dé la sabiduría que enseña a conocer qué es el amor y los prepara a vivir en el amor.

† Antonio Moreno Casamitjana
Arzobispo de la Ssma. Concepción



Concepción, 6 de septiembre de 2006.