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Matrimonio y Familia. Una buena noticia para la humanidad

Versión Periodística de la Carta Pastoral a las Familias
Fecha: 25/11/2005
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Comité Permanente


1. La Canonización del Padre Alberto Hurtado SJ ha sido motivo de alegría para todos los chilenos, ya que se trata del reconocimiento oficial de la Iglesia a la santidad de este sacerdote que realizó hermosas obras para ayudar a las personas pobres y sufrientes del país.

El Padre Hurtado también vio la importancia de la familia. Habló de la preponderancia de la generosidad del amor mutuo y afirmó que “el derecho de educar en la familia no es sólo un derecho, es una obligación estricta”. A los legisladores se dirigió para recordar el especial sitio que debían tener las familias en las sociedades, ya que de lo contrario “todo nuestro esfuerzo está condenado al fracaso, como lo vemos constantemente”.

2. Con ocasión del inicio del tiempo litúrgico del Adviento, habiendo entrado en vigencia los Tribunales de Familia y luego de un año de regir la nueva ley de “Matrimonio Civil”, la Iglesia Católica consideró oportuno dirigir una Carta Pastoral para recordar que la unión matrimonial y la familia que se fundan en la naturaleza del ser humano y llegan a su plenitud en el Sacramento, son una buena noticia para la sociedad.

El interés central es orientar a los miembros de la Iglesia y a quienes comparten la visión humanista y cristiana del matrimonio y la familia acerca de la responsabilidad e importancia de ser fieles a los grandes valores de amor, unidad, fidelidad, indisolubilidad y fecundidad que han dado sentido y consistencia a nuestra sociedad. Es una invitación a crecer en el amor, en la entrega y en la fidelidad en medio de las circunstancias cambiantes de la vida. La oración en familia, la participación en la Misa dominical serán la garantía de la presencia de Jesús en medio del hogar.

En los inicios de este nuevo milenio y cambio de época, el Episcopado chileno quiere ser fiel a la enseñanza que, en distintas circunstancias históricas, sociales y culturales, ha reiterado sobre el matrimonio y la familia. ¿De qué serviría a una sociedad tener un gran desarrollo económico si las personas dejaran de orientarse por auténticos valores por los cuales vivir y luchar, y que dan un sentido verdadero a su vida?

3. Como pastores, los obispos hemos querido invitar a los jóvenes y a todas las personas a descubrir el matrimonio como una buena nueva, una hermosa vocación. La sociedad cuenta con el apoyo del Episcopado para descubrir el don y el gozo que hay en compartir y no sólo en competir; en complementarse y no sólo en destacarse.

Uno de los puntos que se destacan en la carta es que hacer del matrimonio un bien en sí mismo y un Evangelio para la sociedad, requiere necesariamente de decisiones políticas y sociales que favorezcan, respalden y estimulen la vida matrimonial y la vida familiar, en el campo de la vivienda, la educación, el apoyo a la maternidad, etc.

Preocupados también por contribuir a que, entre otros aspectos, los matrimonios y las familias puedan desarrollarse sobre bases sólidas, los Obispos de Chile hemos propuesto el año pasado un documento de trabajo titulado “En camino al Bicentenario”, donde se invita a los constructores de la sociedad a realizar un proceso de reflexión y de diálogo para proyectar la mirada hacia el futuro, revitalizando la Patria, a partir de la fecundidad de los valores esenciales que la sustentan.

4. También se consigna que el Episcopado está consciente de que, por muchas razones, no todos consiguen mantenerse fieles en su compromiso de alianza matrimonial.

"Todas éstas son situaciones, que suelen ir acompañadas de mucho sufrimiento y requieren de nuestra cercanía. Debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte por evitarlas y, si es posible, por repararlas. Por eso la Iglesia no se queda sólo en estas constataciones. Queremos acompañar muy de cerca a las parejas que viven crisis en sus matrimonios, y no abandonarlas en sus rupturas”.

En consecuencia se exhorta a todos los sacerdotes, diáconos permanentes y consagrados, así como a los laicos que trabajan en la pastoral familiar, a desarrollar también una pastoral dirigida a los separados. Y cuando se trate de personas separadas que han sellado una segunda unión, y que no pueden por eso participar plenamente en la mesa de la Eucaristía, se realiza un llamado a abrirles las puertas de la comunidad.

El texto afirma que “queremos que, como hijos de Dios, sigan participando en todo aquello en que legítimamente pueden hacerlo, se alimenten con la oración y la Palabra de Dios, y presten servicios caritativos y solidarios”.

5. En definitiva, en este mensaje el Episcopado chileno quiere animar y orientar a todos los que se esfuerzan por fortalecer el matrimonio y la familia en las actuales circunstancias respecto del matrimonio civil y de la cultura, lo que es ocasión de testimonio cristiano y un gran desafío para la fe. Queremos apoyar decididamente todo lo que ayude al matrimonio y la familia.

Asimismo, exhortamos a mantenerse vigilantes de modo que el divorcio vincular no se transforme en “una invitación a menospreciar el ideal del matrimonio indisoluble y la estabilidad de los hogares, ni a descuidar nuestros más sagrados deberes familiares”.

Muy por el contrario, “vemos en este hecho una buena ocasión para que todos promuevan decididamente el matrimonio y la familia, también aquéllas que se formen entre no cristianos a través del vínculo civil que el Código Civil considera “indisoluble y para toda la vida”. Con esta actitud estaremos contribuyendo al bienestar más importante de todos los chilenos y a solidificar los cimientos más profundos de nuestra sociedad”.

6. La carta “Matrimonio y Familia” invita a toda la sociedad, y en especial a las instituciones educativas, a generar instancias que permitan crecer en virtudes humanas como el verdadero amor, la auténtica comprensión de la sexualidad y el valor sagrado de la vida humana, y valorar el matrimonio y la familia. Se invita al Estado a desarrollar políticas eficaces en bien de la familia, destinando recursos a viviendas dignas, a valorar el matrimonio y la fecundidad, a fortalecer familias ya constituidas, a contribuir en la solución de crisis matrimoniales, a regular adecuadamente el trabajo, el salario y el descanso dominical de manera de favorecer una fecunda convivencia en el hogar.

7. Concluye la carta mostrando a Dios Uno y Trino y a la Familia de Nazaret como íconos de la familia. Se citan los párrafos finales de la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, escrita por el Papa Juan Pablo II en 1981:

Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa identificar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado: Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo.

El Comité Permanente, por mandato de la
Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile


Punta de Tralca, 25 de Noviembre de 2005