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\"Si conocieras el don de Dios\" (Jn 4, 10)

Orientaciones Pastorales 2001-2005 (Parte 1)

Presentación Introducción Cap. I: Nuestro caminar como pueblo de Dios Cap. II: Dios sale al encuentro de una mujer samaritana
Fecha: 24/09/2000
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Los Obispos de Chile


Un anuncio de esperanza en los inicios del III Milenio

Presentación

Con inmensa gratitud al Señor y a todas las personas e instituciones de Iglesia que han colaborado en la redacción de este documento, me es muy grato presentar las Orientaciones Pastorales 2001-2005. Ellas recogen el caminar de nuestra Iglesia en los últimos decenios, se inspiran en la Exhortación Post Sinodal \"Ecclesia in America\" y reciben las bendiciones de este año jubilar con que hemos celebrado los dos mil años de la Encarnación del Señor.

Los Obispos somos conscientes del nuevo milenio que se abre ante nuestros ojos y del profundo cambio cultural que lo acompaña. Con estas Orientaciones Pastorales deseamos aportar \"un anuncio de esperanza\" a nuestra Patria y por eso destacamos el encuentro de Jesús con una mujer samaritana. De él aprendemos a dialogar en profundidad con nuestros contemporáneos, haciendo nuestros sus búsquedas y anhelos, y a ponerlos en contacto con la fuente de agua viva que surge del encuentro personal y eclesial con Cristo Vivo.

Con mucho afecto ponemos este documento en manos de todos los hermanos que comparten con nosotros el ministerios pastoral. De una manera especial lo entregamos a los cristianos laicos y laicas, y a todos los que han consagrado sus vidas al Señor. Esperamos que cada uno de ellos, en sus comunidades de fe, encuentren el tiempo para meditarlo, para poner en práctica y para anunciar a todos nuestros hermanos y hermanas que \"si conocieran el don de Dios\"… la vida se les convertiría en Evangelio.

Los saluda y los bendice, en Jesús y en Nuestra Señora del Carmen,

† Manuel Camilo Vial Risopatrón
Obispo de San Felipe de Aconcagua
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile

Santiago, 24 de Septiembre de 2000
Día de Oración por Chile

Introducción

1. Las Orientaciones Pastorales (OO.PP) que ahora presentamos recogen el caminar de la Iglesia en Chile (cap. I), se sitúan en continuidad con las orientaciones anteriores e intentan proyectarlas creativamente hacia los inicios del Tercer Milenio, dejándose iluminar por la Exhortación Apostólica \"Ecclesia in America\"(1).

2. Los desafíos pastorales que nos presenta el cambio de época que estamos viviendo (cap III), nos llevan a escrutar el Evangelio y a invocar al Espíritu Santo para encontrar en El la inspiración y la \"fuente de agua viva\"(2) que nos permita vivir este tiempo de la historia con un genuino espíritu cristiano.

3. \"La singularidad y novedad de la situación en que se encuentran el mundo y la Iglesia a las puertas del Tercer Milenio, así como las exigencias que de ello se derivan, hacen que la misión evangelizadora requiera hoy de un programa también nuevo que pueda definirse en su conjunto como \'nueva evangelización\' \"(3).

4. Esta certeza pastoral se ha visto enriquecida y potenciada con la preparación, la celebración y los primeros frutos del Gran Jubileo de la Encarnación del Señor. Este nos ha ayudado a fijar nuestra mirada en Jesucristo, \"Evangelio de Dios, el primero y el más grande evangelizador\"(4). En este espíritu quisiéramos que el Evangelio leído, meditado y contemplado en oración, fuera la inspiración permanente de todos los agentes evangelizadores y de las comunidades de la Iglesia en Chile(5).

5. En estas OO.PP. hemos querido destacar una página particularmente significativa del Evangelio que nos permite comprender mejor el contenido, el estilo y la pedagogía evangelizadora de Jesús. Se trata de su encuentro con una mujer samaritana que a ella le cambia su vida y la transforma en anunciadora de la Buena Nueva (cap.II). Nos ha parecido también que este texto expresa adecuadamente la búsqueda de agua viva que hay en el mundo actual y que sólo encontrará sosiego cuando tengamos experiencia de Jesucristo, \"don de Dios\"(6) para la nueva humanidad.

6. Fruto de una atenta consideración de los signos de estos tiempos a la luz del Evangelio(7) son las líneas y prioridades pastorales que ofrecemos a las comunidades de Iglesia y a los agentes evangelizadores del país (Cap. IV). Estas se han elaborado a través de un largo proceso participativo en el cual han intervenido las diócesis, los organismos nacionales de la CECH y otras instituciones eclesiales.

7. Con todos estos aportes, los Obispos hemos redactado estas OO.PP. como un marco de referencia que puede servir en la preparación de los respectivos planes diocesanos de pastoral. La experiencia nos dice que las OO.PP. también ayudan a los agentes evangelizadores claves de nuestra Iglesia en Chile: sacerdotes, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos con responsabilidades pastorales en las diócesis del país. A ellos y ellas se las ofrecemos con especial afecto y gratitud, reconociendo la generosidad pastoral con que cada día se dan a la tarea entusiasmante de anunciar y celebrar a Jesucristo, el Señor.

8. Ponemos con alegría estos anhelos bajo el amparo de la Santa Madre de Dios, Estrella de la Nueva Evangelización, deseosos de que su intercesión nos ayude a entregarnos con mayor generosidad al servicio del Evangelio.



I. Nuestro caminar como pueblo de Dios

1. Para expresar la continuidad de estas OO.PP. con el camino pastoral de la Iglesia en Chile, nos parece oportuno hacer una breve reseña de lo que han sido las OO.PP. hasta el presente.

2. En 1962, los Obispos de Chile preparamos un primer \"Plan Nacional de Pastoral\", iniciando así un proceso orgánico de pastoral de conjunto que, hasta ahora, nunca se ha interrumpido. Las principales concepciones pastorales de ese Plan se prolongaron en las \"Orientaciones Pastorales\" del Episcopado, a partir de 1968. Éstas han sido fruto de “un episcopado atento a los signos de los tiempos que, con afecto colegial, se decide a escrutar y responder a los designios de Dios”(8).

3. La activa participación de los Obispos chilenos en el Concilio Vaticano II y la diligente aplicación de sus documentos, particularmente de las cuatro Constituciones conciliares, dieron origen a un gran proceso de \"puesta al día\" de nuestra Iglesia, enriquecido continuamente por el Magisterio Pontificio. Los Sínodos diocesanos realizados inmediatamente después del Concilio, y en fechas posteriores, han hecho posible que este proceso sea vivido sistemáticamente, en comunión y participación eclesial.

4. Inspirados en la Constitución \"Lumen Gentium\" se dio un impulso renovado a la participación de los laicos en la vida de la Iglesia. Así se pasó de la Acción Católica, que tantos frutos diera en el pasado, a otras formas de participación laical. Estas se han dado en mayor consonancia con la concepción de Iglesia – Pueblo de Dios y con la índole secular de la vocación laical. Mayor desarrollo han tenido los laicos en su participación eclesial. En ella han recibido una formación integral, una catequesis renovada y su organización en diversas comunidades de Iglesia como son, por ejemplo, los Movimientos Apostólicos y de Espiritualidad, las Comunidades escolares, los Institutos Seculares y las Comunidades Eclesiales de Base que han sido una prioridad pastoral. Estas han permitido una evangelización más profunda en los sectores rurales y poblacionales así como el surgimiento de variados servicios o ministerios laicales, aunque todavía no hayamos podido estructurar una verdadera “Pastoral de Comunidades y Ministerios”. Por su parte, los Movimientos Apostólicos, con su especial insistencia en la evangelización de los ambientes, han sido otro canal fecundo de participación laical en la vida y misión de nuestra Iglesia, y plantean nuevos desafíos a la comunión orgánica en la Iglesia.

5. La Constitución sobre la Liturgia, “Sacrosanctum Concilium” ha promovido la participación activa y consciente en la celebración de la fe, particularmente en la Eucaristía. La publicación de los libros litúrgicos y leccionarios renovados así como la variedad de servicios litúrgicos en nuestras celebraciones han permitido enriquecer la vida cristiana con el patrimonio litúrgico de la Iglesia y su inagotable contenido espiritual. A ello se añaden las expresiones de inculturación de la liturgia, todavía en sus inicios, en el mundo popular, juvenil, mapuche, pascuense y aymará. Aún queda mucho por hacer en el campo de la predicación, en la mayor utilización de las alternativas propuestas por los rituales y en materias de animación litúrgica. Así podremos tener celebraciones aún más vivas y expresivas en consonancia con el sentido de la liturgia, con el alma de nuestro pueblo y con las riquezas de la religiosidad popular.

6. La Constitución \"Dei Verbum\", unida a la reforma litúrgica ya mencionada, ha hecho posible que el Pueblo de Dios accediera más asiduamente a la Palabra y ésta se transformara poco a poco en la fuente principal de sus procesos formativos y catequéticos, de su vida espiritual y de sus compromisos dentro y fuera de la comunidad eclesial. Han facilitado este proceso las diversas traducciones existentes y la publicación de ediciones más asequibles y menos costosas. Sin embargo, aún nos falta mucho para organizar e impulsar una verdadera “pastoral bíblica” y para que la “lectura orante” de las Sagradas Escrituras (lectio divina) sea más conocida, valorada y practicada.

7. La Constitución \"Gaudium et Spes\" invitó a la Iglesia a tener una relación más fecunda y dialogante con el mundo e hizo madurar el concepto de ‘signo de los tiempos’. De esta manera nuestra Iglesia ha aprendido a mirar con más simpatía al mundo y a dejarse interpelar por Dios en los acontecimientos de la vida. Así se da mayor relevancia histórica al Evangelio que predicamos y se facilita el camino para que nuestros contemporáneos puedan abrirse a la acción salvadora del Señor. También nos ha ayudado a poner a la Iglesia en el lugar de servicio que le corresponde para aportar, desde allí, la inspiración del Evangelio a nuestra sociedad y que, en estos años, ha atravesado por tiempos tan críticos como esperanzadores. Sin la enseñanza del Concilio Vaticano II es difícil concebir una Iglesia tan atenta a los Derechos Humanos como parte integral de la Evangelización. Sin el aporte conciliar nos costaría aún más estar abiertos a los profundos cambios culturales de estos tiempos.

8. El proceso de renovación conciliar en Chile se vio enriquecido por la recepción que hizo del Concilio la Iglesia latinoamericana en la Conferencia de Medellín (1968), convocada por el Papa Pablo VI a petición de los Obispos de A. Latina entonces encabezados por el recordado obispo Mons. Manuel Larraín Errázuriz, y por la tradición pastoral que allí se originó. Esta tradición se consolidó posteriormente con las Conclusiones de las Conferencias de Puebla (1979), con ocasión de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, y de Santo Domingo (1992) para hacer memoria del V Centenario de la Evangelización americana, ambas convocadas por el Papa Juan Pablo II. Ellas ayudaron a profundizar la opción preferencial por los pobres y por los jóvenes, así como la prioridad pastoral concedida a la evangelización de la cultura y la atención a los “constructores de la sociedad pluralista”. La promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992) destacó nuevamente el Magisterio Conciliar constituyéndose en “norma segura para la enseñanza de la fe ”(9).

9. De esta manera la Iglesia, en la década de los 60 y comienzo de los 70, intentó poner el Evangelio en el corazón de un tiempo marcado por la palabra \"revolución\". En la década de los 70 y 80, abogó por la civilización del amor que respetara la dignidad de cada ser humano y sus derechos fundamentales, declarándose \"servidora de la vida\". Esta actitud nos ayudó a caminar junto a los más pobres, que sintieron mejor la cercanía de la Iglesia. La visita del Santo Padre a nuestra patria en 1987 fue un regalo del Señor que confirmó lo realizado y abrió nuevos horizontes evangelizadores para la década siguiente. Esta década estuvo marcada por la urgencia de una efectiva reconciliación entre chilenos y por la necesidad de una participación más equitativa en los frutos del crecimiento económico. En la década de los 90 la Iglesia ha querido poner explícitamente a Jesucristo como la piedra angular de las mutaciones culturales y ha procurado llevar adelante una Nueva Evangelización. Signos claros de estos énfasis han sido las Misiones Generales, los Sínodos Diocesanos y el Encuentro Continental de Jóvenes (1998). Por otra parte, la canonización de Santa Teresa de Jesús de los Andes (1993) y la beatificación del Padre Alberto Hurtado sj. (1994), precedida por la de Laurita Vicuña (1988) han producido una corriente de gracia y de inspiración que han dejado una marca imborrable en nuestra acción pastoral.

10. Finalmente, los años dedicados a las Tres Personas Divinas con que se preparó el Gran Jubileo de la fe, así como su celebración, nos han permitido entrar más profundamente en el misterio de la Encarnación y en el corazón de la Santísima Trinidad. Este renovado Encuentro con Jesucristo Vivo nos invita a emprender con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones, los caminos de la conversión, la comunión, la solidaridad y la misión, en estos tiempos iniciales del Tercer Milenio. Este misterio contemplado y celebrado con renovada intensidad en el Año Jubilar es el fundamento y la inspiración mayor de estas OO.PP. En ellas queremos recoger los primeros frutos de estas celebraciones y darles, con la ayuda de Dios, una proyección espiritual y pastoral para los años venideros. Eso nos lleva a fijar nuestros ojos en Jesús, el Señor, que es quien inicia y consuma nuestra fe(10).


II Dios sale al encuentro de una mujer samaritana

Fundamento e inspiración de nuestra acción evangelizadora

1. Un encuentro sorprendente: el misterio de la Encarnación

1.1. “El cristianismo comienza con la Encarnación del Verbo. Aquí no es sólo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de sí al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo […] El Verbo encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad: este cumplimiento es obra de Dios y va más allá de toda expectativa humana. Es misterio de gracia”(11).

1.2. “En Jesucristo Dios no sólo habla al hombre sino que lo busca […] Es una búsqueda que nace de lo íntimo de Dios y tiene su punto culminante en la Encarnación del Verbo. Si Dios va en busca del hombre, creado a su imagen y semejanza, es porque lo ama eternamente y en Cristo lo quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo […] movido por su corazón de Padre”(12) . Es la iniciativa gratuita del amor divino que sale de sí hacia la humanidad herida por el pecado.

1.3. El camino elegido para revelar este misterio es el descenso: “[Jesucristo] se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”(13). Dios, siendo eterno, en Cristo se hace temporal, siendo poderoso se hace débil, siendo fuerte se hace vulnerable, siendo rico se hace pobre, siendo santo asume nuestros pecados, de tal modo que hasta el último de los seres humanos lo sienta cercano, amigo, su compañero en el camino de la vida.

1.4. En cumplimiento de la voluntad del Padre, Jesús nos “amó hasta el extremo”(14) para derrotar definitivamente el mal. “La religión de la Encarnación es la religión de la Redención del mundo por el sacrificio de Cristo, que comprende la victoria sobre el mal, sobre el pecado y sobre la misma muerte. Cristo aceptando la muerte en la cruz, manifiesta y da la vida al mismo tiempo porque resucita, no teniendo ya la muerte ningún poder sobre El”(15). De esta vida nueva, resucitada, todos podemos participar por medio de su Espíritu Santo que habita en la Iglesia y se nos comunica principalmente por la fe y los sacramentos.

1.5 La Encarnación no se dio sin María, la joven Virgen de Nazaret. Ella es la virgen anunciada por Isaías, la madre delEmmanuel prometido, la llena de gracia, una de las anawim(16) que espera y confía. María es la elegida que puesta en diálogo con el ángel escucha, acoge, pregunta y da su consentimiento libre y responsable al Padre y así protagoniza la hora más definitoria de la historia: la Encarnación del Verbo. El acontecimiento salvífico no se da en el centro del poder político ni religioso de aquel tiempo sino en Nazaret, pueblo pequeño de la Galilea. Se da en la vida cotidiana traspasada por el misterio y la presencia de Dios. La esclava del Señor dice sí al plan de Dios: “Hágase en mí según tu Palabra […] Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”(17).

1.6 Ahora bien, la Encarnación no es solo un momento puntual en la vida de Jesús sino la revelación del modo de actuar de Dios en el mundo. Es su ‘manera de ser y de estar en el mundo’ – si así podemos decirlo - que se refleja en Jesús, en sus actitudes, en su estilo de vida y en su pedagogía evangelizadora que por eso son normativas para todos los cristianos. En efecto, “cada cristiano podrá llevar a cabo eficazmente su misión en la medida en que asuma la vida del Hijo de Dios hecho hombre como el modelo perfecto de su acción evangelizadora”(18). La sencillez de su estilo y sus opciones han de ser normativas para todos en la tarea evangelizadora. Es lo que quisiéramos asumir cada vez mejor, tanto a nivel personal como comunitario e institucional, a través de la permanente conversión que nos pide volver una y otra vez al Evangelio.

1.7. “Esta conversión exige de nosotros los Obispos una identificación con el estilo personal de Jesucristo que nos lleva a la sencillez, a la pobreza, a la cercanía, a la carencia de ventajas, para que, como El, sin colocar nuestra confianza en los medios humanos saquemos, de la fuerza del Espíritu y de la Palabra, toda la eficacia del Evangelio, permaneciendo primariamente abiertos a los que están abandonados y excluidos”(19). Y pide de todos los cristianos, “que asuman y profundicen la auténtica espiritualidad cristiana […] que es la meta a la que conduce la conversión”(20).

1.8 Para comprender mejor a Dios que sale al encuentro del ser humano proponemos la meditación del encuentro de Jesús con una mujer samaritana(21). Con esta lectura invitamos a los agentes pastorales a hacer otro tanto con éste y otros textos que nos revelen la pedagogía y el estilo evangelizador de Jesús.

2. Un encuentro marcado por la cercanía y la libertad

2.1. “Dame de beber”.2.1. “Dame de beber”[/B].

Camino a Galilea y cansado de caminar, Jesús se sienta junto al pozo de Jacob. Sus discípulos han ido a buscar comida. Una mujer samaritana se acerca al pozo a sacar el agua que necesita para el resto del día. Era casi mediodía(22), hora poco usual para que una mujer se dirigiese a buscar agua(23). Jesús toma la iniciativa y le pide agua para beber. La samaritana se extraña profundamente porque en aquel tiempo hombres y mujeres no se trataban en lugares públicos y, debido a antiguas rencillas, judíos y samaritanos no se dirigían la palabra. Con su manera de actuar, Jesús no sólo sorprende a una desconocida samaritana(24) sino también a sus discípulos(25) . La sorpresa de la mujer aumenta cuando escucha el tema de diálogo que inicia el extraño sentado junto al pozo: le habla de una agua viva capaz de saciar a tal punto su sed que ya no necesitaría acudir más a extraerla del pozo de Jacob(26). Más extraño le resultaría si supiera que quien pide un poco de agua es el Dios hecho hombre, tan humano como para experimentar la sed y el cansancio.

La samaritana no logra entender el sentido de las palabras de Jesús y por eso le pregunta, con cierta incredulidad e ironía : “¿de dónde vas a sacar el ‘agua viva’ de un pozo tan profundo como éste?, ¿o tal vez te consideras más importante que nuestro padre Jacob que nos dejó este pozo?”(27).

2.2. “Si conocieras el don de Dios...”

Jesús explica a la mujer el sentido de sus palabras. El agua viva de la que habla no mana del pozo de Jacob, por importante que sea, sino un don de Dios que se transformará en manantial en aquel que lo reciba y que lo conducirá a la vida eterna(28).

El agua viva que Jesús ofrece es El mismo. Lo es su Palabra llena de gracia y de verdad(29); lo es el Espíritu, don de Dios, que perdona los pecados y que no se puede comprar con nada(30); lo son también los gestos y los signos que acompañan su ministerio. Del don celestial de la Palabra y del Espíritu nace el hombre espiritual purificado y liberado por la donación del agua (= Bautismo) y de la sangre (= Eucaristía) que fluyen del costado abierto del Cordero(31).

Esta agua viva otorga tal calidad de vida(32) y tal fecundidad(33) que satisface para siempre la sed de Dios(34). De esta agua viva le habla Jesús a la samaritana y quiere despertar en ella el deseo de buscarla pero, para eso, tiene que conocer el don de Dios y quién es el que le pide de beber(35). El le dará un agua viva que cambiará su vida. Por eso, cuando Jesús le pide de beber, El tiene sed no sólo del agua material sino, más profundamente, “el que pedía de beber tenía sed de la fe de la misma mujer”(36). Al decirle, ‘dame de beber’, y al hablarle del agua viva, el Señor suscita en la samaritana una pregunta, casi una oración, cuyo alcance real supera lo que ella podía comprender en aquel momento”(37).

Tan sorprendida estaba la mujer con este destello de luz que la ilumina a causa de esta autorevelación de Jesús, que la que iba con lo necesario para sacar el agua del pozo de Jacob, vuelve al pueblo dejando su cántaro abandonado(38). Ella ha oído hablar de un agua viva que brotará de su interior por lo que no necesitará más ni cántaro, ni pozo, ni esa agua. Vive una experiencia similar a la de otros discípulos que aparecen en el evangelio quienes, al encontrarse profundamente con Jesús, lo dejaron todo (la barca, las redes, la familia, la mesa para cobrar impuestos) y lo siguieron.

2.3. En la lógica de la Encarnación.

El encuentro con la samaritana nos muestra el estilo evangelizador de Jesús, marcado por la lógica de la Encarnación: el Hijo de Dios asume la naturaleza humana para venir al encuentro de los pecadores. Jesús sale a los caminos para ir al encuentro de las ovejas perdidas, de los alejados, de los discriminados por razones sociales, raciales, culturales o religiosas, para devolverles su dignidad y anunciarles el Evangelio. Con gran libertad y audacia Jesús cruza todas las fronteras porque está convocando a todos a formar parte del Reino de Dios. Su humildad y cercanía permiten un diálogo capaz de abrir a las personas a un encuentro progresivamente más profundo con El.

El encuentro se produce junto a un pozo que, en cualquier cultura, representa el lugar donde la gente va a buscar lo que necesita para vivir. Es el lugar al que hay que acudir una y otra vez para saciar una sed que nunca se apaga definitivamente.

Sentados con Jesús, junto al pozo de Jacob, nos preguntamos por los pozos a que acuden nuestros contemporáneos en búsqueda de un agua que también sacie su sed. Puede ser el pozo de la libertad y de la subjetividad, el de la afectividad y de las relaciones humanas, el pozo del trabajo y de la realización personal, el pozo de la ética y del sentido de la vida. El hombre contemporáneo tiene sed de felicidad, de alejar de sí el sufrimiento y la muerte, de experiencias religiosas que satisfagan las necesidades de su espíritu. Los evangelizadores estamos llamados a acercarnos a esos pozos, con la misma actitud de Jesús, para conocerlos y provocar el encuentro amistoso con aquellos que allí acuden para saciar su sed. Y, como Jesús, queremos valorar estas búsquedas humanas y las semillas del Verbo que en ellas se manifiestan.

3. Un diálogo paciente, en búsqueda de la Verdad completa

3.1. La antigua religión y la propuesta de Jesús

La religión ocupaba un lugar fundamental en la existencia del pueblo judío y samaritano en tiempos de Jesús. Cuando se escribe el Evangelio de Juan(39) prevalece entre ellos la religión enseñada y vivida por los fariseos. Para ellos, la comunión con Dios (religión) se conseguía por el cumplimiento de la ley pero recargada de innumerables preceptos rabínicos que ahogaban el espíritu de los mandamientos.

La propuesta de Jesús es radicalmente diferente. La obra de Jesús es revelarnos al Padre que lo envió y llevar a término su proyecto de salvación, es decir, el Reino de Dios que debe ser acogido como don gratuito, mediante la conversión y la fe(40). Si el Padre Dios nos entregó la Ley por medio de Moisés, ahora nos entrega la gracia y la verdad por medio de su Hijo(41). Quien cree en Jesús y cumple sus mandamientos ama y entra en comunión con el Padre que lo envió y cumple toda la Ley. Por tanto, el camino de encuentro pleno con Dios ya no es la Ley de Moisés, las obras de piedad, ni los sacrificios en el templo, sino Jesucristo mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí”(42). El es la mayor “obra”(43) del Padre en favor nuestro: El es la Víctima, el Sacerdote, la Ofrenda, el Altar, el Sacrificio. El es la nueva religión.

Jesucristo inaugura la nueva alianza simbolizada en el vino de inmejorable calidad que se sirve en la bodas de Caná una vez que se acaba el vino antiguo(44). Él es el nuevo templo donde reside la presencia plena de Dios que dispone sus bienes para quienes lo anhelan con sincero corazón(45). Él es el cordero pascual que quita el pecado del mundo y a quien no le quiebran ningún hueso(46). Él es la fuente de donde mana la sabiduría y el Espíritu que engendran al hombre nuevo, apto para el Reino de Dios(47). Él es el Profeta, Mesías y Salvador del mundo, que pone de manifiesto las idolatrías de los seres humanos y de los pueblos e instaura el verdadero culto al Padre en espíritu y verdad(48). El es el Maestro que nos enseña la verdad que conduce a la “libertad de los hijos de Dios”(49).

3.2. Los verdaderos adoradores del Padre[B]

¿Cómo podrá, entonces, la samaritana comprender y asumir la propuesta de Jesús?. El ensaya pacientemente nuevos caminos de diálogo para que descubra en su vida la necesidad de la misericordia de Dios. Inesperadamente le pide que vaya en busca de su marido(50). A la respuesta de la mujer («no tengo marido»), Jesús le replica que dice bien, pues ha tenido cinco maridos y el actual con el que vive tampoco lo es. El problema es real y hay un cierto reproche en la respuesta de Jesús que da pie a que ella lo reconozca como profeta y El pueda revelarle el culto nuevo y definitivo. El culto que Dios espera no es el que se le tributa en Garizim (Samaria) contaminado con la idolatría. Tampoco el de Jerusalén – pese a que la salvación viene de los judíos(51) – porque éste pone la confianza en el cumplimiento de la Ley. Ha llegado la hora en que “los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y verdad... Así el Padre quiere ser adorado” (52).

El Espíritu procede del Padre quien lo envía en nombre de su Hijo. No se trata, por tanto, del espíritu humano ni de una enseñanza acerca de un culto interior e individual en contraposición a un culto exterior y público. De lo que Jesús habla es del Espíritu Santo que otorga al creyente la capacidad de ser hijo del Padre(53). El Espíritu que hace hijos de Dios es el mismo que hace verdaderos adoradores del Padre(54). Quien anhele adorar al Padre debe dejarse encontrar por el Espíritu que crea al hombre nuevo incorporado a la familia de Dios – que es la Iglesia - generada del costado abierto del Cordero inmolado.

El verdadero culto al Padre consiste, entonces, en que todos aquellos que han sido hechos por el Espíritu propiedad de Dios vivan como vivió el Hijo de Dios(55). Lo original del culto cristiano no está primariamente en el cumplimiento de sus ritos sino en que éstos nos ayuden a que cada persona y cada pueblo lleguen a ser una liturgia viva, es decir, que sean en Cristo una ofrenda viva para Dios(56). Esa es precisamente la realidad que los ritos cristianos expresan.

[B]3.3. El diálogo interpelador, camino hacia la verdad

El camino escogido por Jesús para tocar el corazón de la samaritana y llevarla a descubrir la verdad es el diálogo. No presenta de inmediato su propuesta ni su identidad sino que lleva a la mujer en el descubrimiento de sus necesidades profundas, de sus inquietudes, de sus dolores y de las contradicciones de su vida. Sólo entonces está preparada para dejar sus idolatrías y acoger la Buena Noticia de Jesús y aceptarlo a El como Mesías y Señor.

Jesús escucha y cuestiona, pero deja espacio para la duda y la búsqueda: “¿cómo tú...? Ni siquiera tienes con qué sacar el agua...¿Quién eres?”. Pero también inquieta con sus afirmaciones y con sus preguntas, hasta hacerla tomar conciencia de su propia necesidad. Así llega al momento en que ha despertado definitivamente el interés de la mujer, expresado en su petición: “dame de es agua para que no vuelva yo a tener sed ni tenga que venir a este pozo a sacar agua”(57). Ella toma conciencia de su necesidad y puede entonces afrontar la verdad de su vida: “llama a tu marido”(58).

Jesús no la condena sino que ayuda a la mujer a tomar conciencia de su soledad, de su necesidad de pertenencia, de sus infidelidades. Acoger el agua viva requiere enfrentar la realidad del pecado, llamarla por su nombre, crecer desde la verdad de la propia vida. Esto ha sido posible por la actitud de acogida, cercanía y aceptación que manifiesta Jesús, ya que nadie expresa su verdad ante alguien que lo esté condenando.

Aceptar la verdad del otro como la realidad que Dios quiere salvar, la realidad a la que Dios se acerca, no significa, en absoluto, validarla ni considerarla positiva en todos sus aspectos. Significa, en cambio, reconocer que la persona es, para Dios, más importante que su pecado y sus infidelidades, y que también debe serlo para nosotros como Iglesia evangelizadora. Y Dios jamás pierde la confianza en los que peregrinamos por este mundo. Somos obra de sus manos.

El diálogo ha alcanzado su punto culminante. La mujer, intrigada, invoca la venida del Mesías que, cuando venga “nos explicará todo”. Entonces Jesús declara sin ambigüedad: “Ese soy yo, el mismo que habla contigo”(59).

Dios acaba de revelar su rostro a una mujer. Dios hecho carne, un Dios sediento del hombre. Eso resulta extraño hasta para los apóstoles que irrumpen en aquel instante. Es el momento para la adoración. Es el comienzo de la misión. La respuesta de Jesús le ha abierto a la mujer insospechados horizontes y la ha preparado para acogerlo definitivamente a El como el Mesías y el Salvador.

4. Un testimonio convincente

En cuanto la mujer descubre que Jesús es el Mesías, deja el cántaro y corre a anunciar esta Buena Noticia a los demás. Lo que hasta hace unos momentos le era indispensable – el cántaro para sacar agua del pozo - se ha convertido en algo irrelevante. La Buena Noticia llena con tal fuerza su corazón y su vida que hasta las necesidades primarias quedan postergadas, y todo aquello a lo que se aferraba y que era el sentido cotidiano de su vida (sacar agua del pozo, el mismo pozo), pierden comparativamente su valor. Sólo se abandona un tesoro (aunque sea pequeño) por un tesoro mayor. Los “pozos” de agua estancada en que muchos de nuestros contemporáneos intentan saciar su sed y buscar el sentido de su vida no serán necesariamente abandonados por las oportunas advertencias que se haga sobre la mala calidad de esos pozos sino por el descubrimiento de que no valen nada al lado de la verdadera propuesta de agua viva y de plenitud que Jesús ofrece.

El testimonio de la mujer produce frutos abundantes: todo el pueblo se aproxima a conocer a Jesús. Después de esa experiencia todos ellos testimonian que ya no creen en El por lo que la mujer les ha dicho, sino «porque nosotros mismos le hemos oído y estamos convencidos» de que él es el Salvador de todos(60).

Pero no sólo la mujer tiene una experiencia inolvidable. También los discípulos aprenden a no discriminar, al verlo hablando en público con una mujer(61). Aprenden a dialogar, a apreciar a los que les son diferentes, a comprender a la mujer en su propia situación, a crear lazos de empatía con quienes vayan encontrando en el camino. Jesús los invita a “levantar la mirada”, a no perder de vista todo el campo y toda la cosecha que ya “está dando frutos para la vida eterna”(62). Así les enseña a valorar lo realizado, lo que con su fatiga otros han sembrado y que ellos comienzan a cosechar. Y este solo hecho da motivos para celebrar.

Con su pedagogía tan propia, profunda y sencilla a la vez, el Señor nos ha enseñado en qué consiste tener un alimento consistente: “Yo tengo un sustento que Uds. no conocen… Mi alimento es cumplir la voluntad del que me envió y dar remate a su obra”(63). Esto significa cumplir su Palabra y enrolarse en la misión. Nadie vive para sí sino para entregarse a los demás.

La conversación de la samaritana con Jesús tiene lugar a eso del mediodía. Es la misma hora de su crucifixión y de su sed de cumplir la voluntad del Padre para llevar a término la obra del que lo envió. La samaritana, que prefigura al mundo no judío, recibe la promesa de un agua viva que brotará del costado abierto del Cordero ofrecido en sacrificio por los pecados del mundo y que entrega “el espíritu” en el momento de su muerte(64). El Cordero inmolado es la fuente de donde brota el agua fecunda del Espíritu, esa que regenera al varón y a la mujer, y satisface toda sed de Dios. Por esta razón la Iglesia desde siempre ha leído en este momento el nacimiento de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Ya no hay más hambre, ya no hay más sed. En ellos, Jesucristo nos comunica su Espíritu y se nos da como alimento en su Cuerpo entregado y en su Sangre derramada para el perdón de los pecados.

Notas al pie


Notas al Pie:

(1) Juan Pablo II, Ciudad de México, 22.01.99
(2) Jn 4, 14
(3) Juan Pablo II, E Am. 66.2
(4) Cf. E.N. 7; E Am. 67.1
(5) Cf. E Am. 31
(6) Cf Jn 4,10
(7) G et Spes 4,23
(8) Juan Pablo II, Discurso en la Visita ad limina, 18.10.94, refiriéndose a las OO.PP. 91-94
(9) Juan Pablo II, Constitución Apostólica “Fidei depositum”, Roma 11.10.92, N.4.1
(10) Heb 12,2

(11) Juan Pablo II, TMA 6 y 7
(12) Ibid.
(13) Fil 2,8
(14) Jn 13,1
(15) TMA 7
(16) Nombre que se les daba en el A Testamento a los “pobres de Yahvé”, es decir, a aquellos que tenían puesta toda su confianza en el Señor.
(17) Lc 1, 38; Jn 1, 14
(18) E Am 67.2
(19) E Am 28.2
(20) E Am 29.1
(21) Cf Jn 4, 1-42
(22) Jn 4,6
(23) Gén 24, 11
(24) Jn 4, 9
(25) Jn 4, 27
(26) Jn 4, 10
(27) Jn 4, 11-12
(28) Jn 4, 13-14
(29) Jn 1, 17
(30) Act 2, 38; 8, 20
(31) Cf Jn 3, 16-17; 19. 34; Ef 5, 26; Tito 3, 4-5; Ap 22, 1
(32) Apoc 22, 17
(33) Ez 47, 1-12
(34) Jn 7, 16
(35) Cf Jn 4, 10
(36) San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan 15, 11
(37) Cf E Am 8
(38) Jn 4, 28
(39) Entre el año 85 y 95 dC.
(40) Cf Mc 1, 15
(41) Jn 1, 1-18
(42) Jn 14, 6
(43) Cf Jn 6, 36. Leer Jn 6, 19-47
(44) Jn 2, 1-11
(45) Jn 2, 13-22
(46) Jn 1, 29 y 19, 31-37
(47) Jn 3, 1-8 y 19, 30.34
(48) Jn 4, 1-26
(49) Cf Jn 8,32 y Rom 8, 21
(50) Jn 4, 16
(51) Cf Jn. 4,22
(52) Jn 4, 20-24
(53) Jn 1, 12; Rom 8, 15-16
(54) Jn 3, 5; 4, 23
(55) 1 Jn 4, 13
(56) Cf Rom 12, 1ss
(57) Jn 4, 15
(58) cf. Jn. 4,9.15.16
(59) Jn 4, 26
(60) Jn 4, 42
(61) Jn 4, 27
(62) Jn 4, 36
(63) Jn 4, 32-33
(64) Jn 19, 30



(Continúa en Parte 2)