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Autor: Mons. Alejandro Goic Karmelic
Fecha: 16/04/2010
País: Chile
Ciudad: Rancagua

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"Contigo, Virgen del Carmen..."

Homilía en la Eucaristía de inicio de la Peregrinación de la Virgen del Carmen Misionera y clausura de la 99ª Asamblea Plenaria de la CECh.
Rancagua, viernes 16 de abril de 2010.

Hch 5, 34-42; Sal 26
Jn 6, 1-15


“Espera en el Señor y sé fuerte;
Ten valor y espera en el Señor”


Las palabras del salmista que se han proclamado esta tarde son una buena síntesis de lo que se ha vivido en nuestras comunidades en estas últimas semanas desde el 27 de febrero.

Hemos vivido una tragedia: ha sido un tiempo de pérdidas, de duelos enfrentados, postergados o negados; un tiempo de miedo, de búsquedas. Pero, ante todo y fundamentalmente, ha sido éste un tiempo de mirar al Señor, que asume la Cruz y vence la muerte, que nos muestra a su Padre, Dios de amor y misericordia.

Agradezco a mis hermanos obispos que han querido venir a esta Capital Regional, como un signo de fraternidad, de cercanía y de amor, con todas las personas, pueblos y ciudades damnificadas.

Con esta Eucaristía concluimos hoy nuestra nonagésima novena Asamblea Plenaria, en la que hemos compartido las profundas experiencias de fe que se han vivido después de la catástrofe. Como pastores en medio de nuestras comunidades más afectadas, alabamos y bendecimos al Señor que nos habla desde los humildes y sencillos, en sus valores y en su fe.

Son tantas las personas que, en medio de carencias y sufrimientos, no dejan de dar gracias a Dios por la vida. Son tantos los corazones solidarios que espontáneamente se movilizan para servir, por amor al Señor. Es el rostro de Cristo el que reconocen en sus hermanos y hermanas. Pienso en los jóvenes y en el voluntariado generoso que sigue presente en las zonas más dañadas, buscando formas creativas y novedosas para la solidaridad.


La solidaridad fundada en Cristo

¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”, es la pregunta del Señor que nos interpela hoy cuando el país se levanta, como una sola familia, para emprender la reconstrucción: no sólo en lo material, sino también y ante todo en una dimensión espiritual y moral.

El Señor sabe que seremos capaces de descubrir cinco panes y dos pescados. Él confía en nuestra intuición de caridad, en nuestra disposición a compartir. Porque lo poco compartido es capaz de alimentar a una multitud. Los comedores fraternos y ollas comunes siguen demostrando, día a día, que la solidaridad es un regalo maravilloso que Dios coloca en nuestro corazón.

Lo que se dice de los Apóstoles en la lectura del Libro de los Hechos que hoy se ha proclamado, es un desafío para nuestra acción solidaria: si viene de los hombres, se destruirá por sí misma, pero si verdaderamente viene de Dios, no podrá ser destruida.

Para los creyentes, discípulos misioneros de Jesús en esta hora de esperanza, acompañar a los que sufren es mucho más que una entrega de alimentos, de enseres o viviendas. Junto con apoyar a las comunidades como protagonistas de su reconstrucción, nos corresponde acompañar a las personas, escucharlas, rezar juntos, quedarnos con ellos y encontrarnos con el Señor, en su palabra, en la Eucaristía.


Bajo el amparo de la Madre del Consuelo

Por eso estamos alegres esta tarde, porque en esta plaza principal de Rancagua y frente a nuestro Templo Catedral semidestruido comienza su peregrinación por Chile la Virgen del Carmen Misionera junto al Evangelio de Chile. Este regalo del Santo Padre Benedicto XVI es una hermosa bendición para este momento de nuestra historia.

La Madre del Consuelo, bajo cuyo amparo colocamos a nuestras familias y comunidades, ha querido partir presurosa a visitar a quienes más necesitan de su bondadosa protección.

Y ha venido a esta sexta región y a esta diócesis de la Santa Cruz de Rancagua. Región e Iglesia que también han sufrido gravemente el impacto del terremoto y maremoto. Y ha venido hoy a este centro cívico histórico como un signo amoroso y de consuelo a todos los que han sufrido y sufren con pérdida de vidas humanas, en sus hogares, sus templos y capillas.

A nuestro Santo Padre, Benedicto XVI le decimos ¡gracias! por regalarnos esta preciosa imagen peregrina de María del Carmen, por su cercanía, su afecto y su oración. Gracias por regalarnos esta oportunidad de recibirla en nuestras diócesis. La visita de la Madre es siempre bien esperada en los hogares.

La Madre recorre nuestro Chile en el año de la fiesta bicentenaria, y después de un dolor tan grande nos encuentra de pie. Ante ella renovamos nuestra esperanza en su Hijo, para hacer de esta Patria “una mesa para todos”, donde nadie sobra y donde nadie puede faltar.

Alegrémonos, viene la Madre a mostrarnos el camino que nos reencuentra con el “alma de Chile”. Ese camino lo hemos escrito de puño y letra miles de chilenos: es el Evangelio de Chile, la Palabra de Dios. Porque creemos que el mejor regalo que una Iglesia acogedora y cercana puede ofrecer al país en su Bicentenario es la vida, la palabra y el proyecto de Jesús, el Señor.

¡A Él sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos!

† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile

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