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Autor: Mons. Manuel Camilo Vial Risopatrón
Fecha: 09/09/2009
País: Chile
Ciudad: Temuco

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Homilía de la Misa del cincuentenario de la UCT

Queridos hermanos obispos, queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Elevamos nuestra Acción de Gracias por excelencia, la Eucaristía, al celebrar el cincuentenario de la fundación de nuestra Universidad, inspirados por las lecturas que nos han sido proclamadas en la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Tanto el profeta Miqueas, como el evangelista Lucas, nos acercan al gran misterio del amor de Dios que es la Encarnación del Hijo de Dios entre nosotros, valiéndose de una joven virgen del pueblito de Nazaret.

Esta Palabra, quiere ser un mensaje de Dios, para nosotros en este día.

El evangelio de hoy, se sitúa inmediatamente después de la invitación del ángel Gabriel a María para aceptar el plan que Dios tiene con ella, ser la Madre del Salvador, el Mesías prometido desde antiguo. A pesar del impactante momento vivido, sabiendo el plan de Dios con su prima Isabel, se encamina presurosa a la montaña, para ponerse a su disposición.

Nos dice el Evangelio que entró a la casa, saludando con un afecto admirable a su prima, pues de inmediato saltó de gozo el precursor en el seno de su madre. La alegría y la acción del Espíritu Santo son dones inseparables del saludo de María, por voluntad de Dios. Isabel, corresponde a este saludo, humildemente, movida por la fe, reconociendo lo que Dios ha hecho en ella. ¡Pareciera que la estaba esperando! María comparte con Isabel su maravillosa experiencia. Está feliz, porque el Señor ha mirado la pequeñez de su sierva y hace grandes cosas a favor suyo.

La oración del Magnificat que proclama en ese momento, nos revela la profunda espiritualidad de la Virgen; pero al mismo tiempo la identificación plena con la vida de su pueblo. Compromiso que vamos a encontrar en toda la vida de María junto a su Hijo Jesús y en la vida de la Iglesia.

Esta Palabra quiere iluminar en este día, nuestra fe creyente, como constructores del Reino de Dios, ya desde aquí en la tierra, proyectado a la eternidad.

María, es portadora de la “Buena Noticia” para su prima Isabel, que es el niño que lleva en su seno y proyectada hasta nuestro tiempo, para todos nosotros. Es lo que, el mismo Jesús, realizará, primero personalmente y luego, a través de sus apóstoles y discípulos que constituyen la Iglesia; cuya misión será siempre y en todo lugar, anunciar la Buena noticia que es la persona de Jesús y sus enseñanzas.

Es lo que nuestra Iglesia ha realizado en Chile y en nuestra Región, desde la llegada de los primeros misioneros que acompañaron a los conquistadores y luego fundadores de nuestra patria hasta nuestros días.

Hoy recordamos, que ya en 1925 se crea la diócesis de San José de Temuco, siendo su primer obispo Monseñor don Prudencio Contardo y que en 1941, asume el pastoreo de esta Iglesia, monseñor Alejandro Menchaca Lira, quien la gobernó hasta el año 1960, en que asume don Bernardino Piñera de feliz memoria en esta diócesis.

Monseñor Menchaca Lira, con un celo apostólico extraordinario, y con un conocimiento acabado de la diócesis que se le había confiado, intuyó que la educación sería tarea importante para el crecimiento y desarrollo de un pueblo sencillo y con pocas oportunidades de formación, como era Temuco en la década del cincuenta. Es así, que apoyado por insignes vecinos de la ciudad decide crear la Universidad de la Frontera, una idea visionaria y audaz, cuyos frutos podemos apreciar, hoy en la Universidad Católica de Temuco.

Sería interesante recordar su historia, desde aquel 8 de septiembre de 1959 en que se promulgó el Decreto 375 del Obispado de Temuco, mediante el cual se fundó nuestra Universidad; y descubrir todo lo que el Señor nos ha permitido realizar. Ya tuvimos la oportunidad de escuchar parte de esa historia y de los muchos logros y realizaciones alcanzados en el ámbito social y académico donde proyecta su acción.

Pero, en esta Eucaristía, sí nos correspondería renovar nuestra vocación de Universidad Católica en la Araucanía con una clara identidad católica, interesada en servir a la Región, asumiendo la interculturalidad existente que nos desafía desde nuestra fe cristiana.

A ejemplo de María, hemos recibido una misión y tenemos un compromiso con nuestro pueblo.

Nuestra casa de estudios, tiene nombre y apellidos. Se llama universidad y se apellida Católica y de Temuco.

¿Qué significa que sea católica? Significa, que su identidad primera es ser cristiana. Somos seguidores de Cristo y por lo tanto nuestra universidad tiene el sello de Cristo: el de no ser servido sino de servir, el de poner los talentos a disposición de los hermanos más desvalidos, el del samaritano que auxilia a su prójimo, el del buen administrador que duplica el capital recibido, el de María que emprende un viaje para ayudar a su prima.

Su segundo apellido es “de Temuco”. Es decir, pertenece a esta hermosa región del sur de Chile. Es de la Araucanía y esta característica le da su identidad especial, porque nuestro pueblo tiene la rica mezcla de la sangre conquistadora del español y de la prestancia y amor a la tierra del pueblo mapuche. Es en esa interculturalidad que el Señor nos ha colocado y es en esta hermosa tierra que debemos reflejar el espíritu evangélico y la actitud de servicio de María.

Todo esto, quisiera iluminarlo con lo que los obispos, reunidos en Aparecida, nos dejaron como desafío; dijeron nuestros pastores:: “Las universidades católicas, por consiguiente, habrán de desarrollar con fidelidad su especificidad cristiana, ya que poseen responsabilidades evangélicas que instituciones de otro tipo no están obligadas a realizar. Entre ellas se encuentra, sobre todo, el diálogo fe y razón, fe y cultura, y la formación de profesores, alumnos y personal administrativo a través de la Doctrina Social y Moral de la Iglesia, para que sean capaces de compromiso solidario con la dignidad humana y solidario con la comunidad, y de mostrar proféticamente la novedad que representa el cristianismo en la vida de las sociedades latinoamericanas y caribeñas. Para ello es indispensable que se cuide el perfil humano, académico y cristiano de quienes son los principales responsables de la investigación y docencia”. (A. 342)

“Es necesaria una pastoral universitaria que acompañe la vida y el caminar de todos los miembros de la comunidad universitaria, promoviendo un encuentro personal y comprometido con Jesucristo, y múltiples iniciativas solidarias y misioneras. También debe procurarse una presencia cercana y dialogante con miembros de otras universidades públicas y centros de estudio”. (A. 343)
Estos son, pues, algunos de los desafíos que como universidad nos plantea el Magisterio de la Iglesia a través de la voz de los Obispos de estas tierras latinoamericanas.
Trabajamos en ello. Cada día queremos responder con mayor esmero y propiedad a los lineamientos y responsabilidades que emanan de nuestra misión profética y evangelizadora.
Tenemos la delicada y fina misión de formar personas y luego profesionales. Personas intachables, íntegras, comprometidas y profesionales del mejor nivel en cada una de las áreas o disciplinas del conocimiento que tengan como principal misión servir, desde su formación, a sus congéneres y a la sociedad regional y nacional.
Ojala cada uno de quienes conformamos la Universidad Católica de Temuco, podamos encarnar la fe, docilidad y mansedumbre de María al recibir el Anuncio del Señor; pero al mismo tiempo la fuerza, entereza, fidelidad e inteligencia con la que llevó adelante su misión.
Ese es pues nuestro desafío y ese es nuestro compromiso. Vayamos pues a vivir y difundir el mensaje auténtico de Nuestro Señor, a ejemplo de María su Madre y entonemos palabras de alabanza y gratitud a nuestro Padre Dios por la magnífica obra que nos ha confiado, la Universidad Católica de Temuco.
¡Que el Señor nos de su gracia en esta Eucaristía y haga fecundo todos nuestros esfuerzos por construir el Reino de Jesucristo, reino de amor y justicia, reino de esperanza y de paz, en estas tierras de la Araucanía, por muchos años más!

Amén

† Padre obispo Manuel Camilo Vial
Obispo de Temuco y Gran Canciller de la UCT

   
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