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Autor: Pbro. Rodrigo Tupper
Fecha: 07/09/2009
País: Chile
Ciudad: Santiago

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Caritas in Veritate: Una nueva síntesis humanista

Diálogo Caritas in Veritate
Una lectura para el Chile de hoy
Centro de Extensión UC.

Estimados académicos, estudiantes, representantes del mundo empresarial y del mundo de los trabajadores,

Amigos y amigas,

Estoy muy contento que hayamos convocado, en conjunto con la Universidad Católica, la realización de este seminario, para dar una lectura para el Chile de Hoy, de la tercera encíclica del Papa Benedicto XVI, y su primera que aborda los temas sociales: Caritas in Veritate. Creo que necesitamos abrir espacios de debate y conversación para profundizar el pensamiento del Santo Padre.

Las universidades católicas tienen el mandato del servicio a la cultura, y posibilitar el diálogo permanente entre fe y ciencia, de modo de fecundar nuestra vida social, cultural, política y económica; y así contribuir a su desarrollo integral. Este encuentro, a mi parecer, es demostración fehaciente de esa convicción.

Esta encíclica creo que puede representar en el contexto de la sociedad de la información, lo que para el mundo Industrial del siglo XIX, representó la encíclica Rerum Novarum. Una carta de navegación, que actualiza y revitaliza el proyecto humanista cristiano que inspira nuestro modo de ser y hacer en medio de las realidades temporales.

1. La solidaridad de los valores

El papa comienza la encíclica con un entrelazamiento entre caridad, verdad, justicia y bien común. Uno podría decir que los valores son solidarios entre sí. Se entienden de manera interdependiente, y nunca de manera aislada. Así no podemos entender en profundidad la caridad sin la verdad, y la verdad sin la justicia y finalmente la justicia sin el bien común. Este núcleo axiológico es crucial para entender el corazón del razonamiento que subyace en la encíclica.

“La caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (1). Esta verdad del amor se funda en Jesús, que nos llama a amar a los demás en “la verdad de su proyecto” (1) y nos da una fuerza extraordinaria para comprometernos valientemente con la justicia y la paz.

Por eso el amor en la verdad es “la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia” (2; Cf. 6). Toda la Ley se resume en el mandamiento del amor, y la enseñanza social de la Iglesia anima su vivencia, estimula su desarrollo y propone caminos para su realización eficaz. Por eso el Papa dirá que “La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza” (2).

La “Caridad en la verdad”, frase tomada de San Pablo, está a la base de todo el documento. Siendo la Caridad la máxima expresión del amor - "Dios es Caridad" - esta es una palabra que entre muchos de nosotros ha caído en descrédito. A veces se la asocia a "acciones caritativas" que realizamos desde una posición de poder dominante, o bien, como una suerte de tranquilizador de conciencia. En ocasiones se la relaciona a un estilo de ver la sociedad en que la justicia pareciera estar disociada de la caridad, como si esta última viniera a suplir lo que la primera no logró alcanzar. Pienso que el Papa Benedicto, poniendo a la Caridad en su lugar, desde las primeras páginas nos permite comprender que la caridad es una fuerza extraordinaria que nos ayuda a comprometernos con “valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz” (1). Es importante destacar el vínculo que la caridad tiene con la verdad, para que la caridad no corra el “riesgo de ser mal entendida, o excluida de la ética vivida y, en cualquier caso, de impedir su correcta valoración” (2), pudiendo confundirse fácilmente “con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales” (4). Precisamente, por la relación que tiene la caridad con la verdad, puede ser expresión auténtica de humanidad y elemento fundamental de las relaciones humanas, incluyendo las de carácter público (Cf. 3). Sin la verdad, nos recuerda el Papa, “la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado (c4). Allí, en el foro social, la caridad puede ser comprendida en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada"(Cf. 4).

El desarrollo necesita esta verdad del amor, que es amor recibido de Dios y ofrecido por nosotros. Gracias a este regalo de Dios los hombres pueden hacerse “sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad” (5). La Doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida, anunciando la verdad del amor de Cristo en la sociedad.

El modo particular en el que el amor se hace operativo queda expresado en criterios orientadores de la acción moral, especialmente la justicia y el bien común, requeridos particularmente en la era globalizada (6). La justicia es la primera vía de la caridad. La caridad exige la justicia, pero al mismo tiempo la supera, siguiendo la lógica de la entrega y del perdón. Por eso el Papa dirá que “la caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo «mío» al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es «suyo»” (6). Esta lógica puede ayudarnos a comprender de fondo la raíz del problema de la inequidad y la pobreza en Chile, donde un 13,2 % de la población vive bajo la línea de pobreza y un 3,2% bajo la línea de indigencia. Hay que considerar entonces la justicia tanto como el bien común, porque “amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él” (7). “Junto al bien individual, dice el Papa, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: El Bien Común”(7)

El amor en la verdad es un desafío para la Iglesia en un mundo globalizado. Ella no tiene soluciones técnicas, pero tiene una misión de verdad que cumplir (9). Dios es amor, nos recuerda San Juan. El es nuestra realidad fundante y si Dios es amor, Dios mismo nos regala la capacidad de amar, de vivir no sólo para nosotros mismos sino para los demás. Pero si Dios es amor, y si estamos convencidos de que es el don más grande que Dios nos ha regalado, ¿por qué hay entre nosotros situaciones de tanta miseria, inequidad e injusticia? Esta pregunta que nos interpela, el Papa Benedicto nos invita a responderla sabiendo que como Iglesia tenemos una “misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación”(9).

2. Liderazgo desde adentro hacia afuera

Hoy se requieren liderazgo que tengan como fuerza inspiradora los valores humanistas que han plasmado nuestra historia como pueblo y como civilización. El liderazgo es un camino de espiral que va de dentro hacia fuera. Si una laguna que alimenta a un río no es profunda, si tiene poca agua, el río no podrá irrigar los campos y no se podrá sembrar y no habrá qué cosechar. De la misma forma, si la persona no tiene primero un nivel de profundidad interior, no podrá irrigar un liderazgo constructivo y hacer crecer a las personas que la siguen.

Esto implica que los actores sociales deben ser alimentados por una férrea ética en sus actuaciones. El Papa es muy elocuente en su afirmación:

“El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación”.

Una ética que no se transforma en una ética en la acción, carece del peso necesario para orientar nuestro entramado de decisiones vitales en los distintos planos de nuestra existencia. Una ética declarativa es una ética no encarnada. Es finalmente, una evasión del proceso de conversión a los criterios del evangelio al que nos invita Jesucristo como persona y sociedad. El papa la llama una “ética amiga de la persona”(45), considerando inviolable la dignidad de la persona humana.

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: ‘Tengo fe’, si no tiene obras?”, escribe el apóstol Santiago y continúa: “¿Acaso podría salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen de su sustento diario, y alguno de ustedes les dice: ‘Vayan en paz, caliéntese y hártense’, pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Sant 2, 14 – 17). Por ello, el Concilio Vaticano II insistió en la necesaria desprivatización de la moral, al afirmar que es de “suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una ética meramente individualista”


3. La crisis como una oportunidad de revisar el camino

En el corazón de los desafíos económicos y sociales que nos plantea Caritas in veritatis, el desarrollo humano integral está en su centro.

Se pregunta el Papa hasta qué punto se han cumplido las expectativas de Pablo VI en relación al Desarrollo humano de los pueblos. Es evidente de que no, entonces se hace necesaria “una nueva síntesis humanista”, dirá el Papa, (21) que considere los diversos ámbitos del desarrollo desde un punto de vista integral (22-23). “No basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral” (23).

La actual crisis, dice el Papa, nos obliga a revisar nuestro camino, es necesario darnos nuevas reglas y encontrar nuevas formas de compromiso, se trata de apoyarnos en los aspectos positivos y de corregir los negativos. Esta es entonces una oportunidad para discernir y para proyectarnos de un nuevo modo. Se trata de asumir este desafío con realismo, con confianza y esperanza. Se trata de asumir nuestras actuales problemáticas de una manera confiada más que resignada(21).

¿Qué necesita en Chile una persona para realizarse integralmente? ¿Qué necesita un obrero, un campesino, una dueña de casa, una asesora del hogar para vivir a la altura de su dignidad? ¿Un salario ético? Por cierto. ¿Una educación de calidad para ella y para sus hijos? Evidentemente. Sumando y restando, ¿cuál es el diagnóstico a las puertas del Bicentenario?. Hay numerosos aspectos positivos: recuerdan nuestros obispos: de que somos un país con “vocación de libertad y de paz plasmado en un sistema democrático que, a pesar de sus deficiencias, es estable y abierto al desarrollo. Constatamos la voluntad de dar una educación de calidad a todos los chilenos, el anhelo de mayor equidad, transparencia y honestidad, y la creatividad de quienes impulsan la producción y el comercio, y crean nuevas fuentes de trabajo” (OOPP, 2008-2012, 32).

Pero también es evidente, recuerdan nuestros pastores en las mismas Orientaciones Pastorales, que “no hemos logrado derrotar la pobreza extrema ni hemos alcanzado mejores oportunidades para todos. Es un hecho que hemos tenido un crecimiento sostenido en términos económicos, que ha significado una mejoría en las condiciones de vida de mucha gente, aunque subsiste inequidad en la distribución de los ingresos. Y es un hecho también que el crecimiento económico es sólo un aspecto del desarrollo de un pueblo. De otra manera no se explicaría esa sensación de malestar y desconfianza que existe en buena parte de los chilenos. Es una clara señal de que el crecimiento económico necesita ir de la mano de un desarrollo espiritual y cultural” (OOPP, 2008-2012, 34).

Para lograrlo, entre varios aspectos, el Papa reflexiona sobre la necesidad de valorar el papel y el poder del Estado en un mundo que está globalizado: El “Estado se encuentra con el deber de afrontar las limitaciones que pone a su soberanía el nuevo contexto económico-comercial y financiero internacional, caracterizado también por una creciente movilidad de los capitales financieros y los medios de producción materiales e inmateriales. Este nuevo contexto ha modificado el poder político de los estados” (24). Al mismo tiempo, el Papa invita a los fieles cristianos a participar activamente en los asuntos públicos -res publica- como verdaderos ciudadanos fortaleciendo las organizaciones de la sociedad civil.

4- Desafíos de nuestro tiempo

Para que se logre el pleno desarrollo integral en nuestro tiempo, el Papa recuerda que aún hay urgentes tareas pendientes. Entre otros fenómenos, persiste y amenaza con acentuarse el escándalo del hambre que “causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón” (27). Eliminar el hambre es una meta que se debe lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre, escribe el papa, no depende tanto de la escasez material cuanto de la insuficiencia de recursos sociales: hay que promover desarrollos agrícolas en países pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transporte, etc. Sin descuidar el tema de una reforma agraria ecuánime en países en desarrollo. El Papa sostiene que La vía de la solidaridad hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución a la crisis global actual.

La importancia del respeto a la vida y la libertad religiosa y su relación inseparable del desarrollo (28-29), son consideradas por el Papa como elementos claves del desarrollo en el mundo actual. Tales situaciones exigen la “interacción entre los diferentes ámbitos del saber humano” (30) creciendo juntas la valoración moral y la investigación científica (31). Se necesitan nuevas soluciones que permitan superar el “superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora” (22). El argumento de fondo de Populorum progressio sigue siendo aún un problema abierto. La novedad principal ha sido el “estallido de la interdependencia planetaria” (33), (la globalización). Sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso planetario puede ayudar a crear riesgos de daño planetario hasta ahora desconocidos. La caridad y la verdad, dice el papa, nos plantean un compromiso inédito y creativo: “ensanchar la razón y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes dinámicas, animándolas en la perspectiva de esa “civilización del amor”, de la que Dios ha puesto la semilla en cada pueblo y en cada cultura” (33).

5. Desarrollo económico y social

La caridad es un don de Dios, el que al ser recibido funda la comunidad haciéndola fraterna (34). Lamentablemente “una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad” (34) nos oculta esta dimensión de gratuidad. A la luz de la gratuidad se advierte que “El mercado sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, no puede cumplir plenamente su propia función económica” (35), no puede producir lo que está fuera de su alcance, ni resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil (36). La gratuidad y el don debieran estar presentes en el mercado de modo que se ordene a la consecución del bien común (35-36). Desde este punto de vista la gestión económica no se puede separar de la acción política, a ésta le corresponde conseguir la justicia mediante la redistribución. Cuando la acción política se separa de la gestión económica, sostiene el Papa, entonces se producen graves desequilibrios sociales (36).

La vida económica necesita además leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don. Para ello, siguiendo a Juan Pablo II en “Centesimus annus”, el Papa aclara que se necesita “un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil” (38) que haga posible “una economía de la gratuidad y la fraternidad” (38), especialmente impulsando las “formas de economía solidaria” (39). “Cuando la lógica del mercado y la lógica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación y el sentido de pertenencia, que no se identifican con el «dar para tener», propio de la lógica de la compraventa, ni con el «dar por deber», propio de la lógica de las intervenciones públicas, que el Estado impone por ley. La victoria sobre el subdesarrollo –continúa el Papa- requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión. El binomio exclusivo mercado-Estado corroe la sociabilidad, mientras que las formas de economía solidaria, que encuentran su mejor terreno en la sociedad civil aunque no se reducen a ella, crean sociabilidad”.

En el contexto de la actual situación económica necesitamos cambios profundos en el modo de entender la empresa (40), considerando que tiene hoy un significado polivalente. Uno de los mayores peligros es que responda casi exclusivamente a las expectativas de quienes invierten en ella, en desmedro de su dimensión social. El Papa advierte que hoy se va difundiendo cada vez más la convicción según la cual “la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producción, la comunidad de referencia” (40).

También advierte el Papa sobre el crecimiento “de una clase cosmolita de maneger, que a menudo responde sólo a las pretensiones de los nuevos accionistas de referencia, compuestos generalmente por fondos anónimos que establecen su retribución” (40). Recuerda el Papa las palabras de Juan Pablo II, “invertir tiene siempre un significado moral, además de económico”, es decir invertir no es sólo un hecho técnico, sino que también humano y ético (40). Hay que evitar la lógica de que los recursos financieros, motivados por la especulación, busquen únicamente un beneficio inmediato en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo (40).

Con todo, hay que comprender que la globalización es más que un proceso socioeconómico (42). Tras ella hay una humanidad cada vez más interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo. El Papa invita a “esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria.”(42). La globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Somos invitados a “vivir y orientar la globalización en términos de relacionalidad, comunión y participación” (42).


5. Una nueva síntesis humanista

Para finalizar, creo que es central, tal como lo afirma el Papa, una nueva síntesis humanista:

“Los aspectos de la crisis y sus soluciones, así como la posibilidad de un futuro nuevo desarrollo, están cada vez más interrelacionados, se implican recíprocamente, requieren nuevos esfuerzos de comprensión unitaria y una nueva síntesis humanista”.

En el Evangelio, Jesús hace un llamado para que cada uno desarrolle los talentos que tiene, porque la responsabilidad es proporcional al talento recibido (cf. Mt 25, 14 – 30). Justamente, se reprende a aquel que esconde el talento recibido y se alaba a los dos que supieron hacerlo fructificar.

“Caridad en la verdad”, es un llamado exigente a revitalizar nuestro cristianismo en medio de las circunstancias de nuestro tiempo. Es una interpelación a no dejar en el velador su lectura, sino ha encarnarla para hacer de nuestro país una fértil y prospera provincia.

Muchas gracias.

Pbro. Rodrigo Tupper Altamirano
Vicario de Pastoral Social y de los Trabajadores
04 de septiembre del 2009

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