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Autor: Mons. Juan Ignacio González Errázuriz
Fecha: 24/02/2009
País: Chile
Ciudad: San Bernardo

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Mensaje a los sacerdotes y diáconos de la diócesis de San Bernardo

Queridos sacerdotes y diáconos de nuestra diócesis

1. En pocos días más iniciaremos los trabajos pastorales de este nuevo año que el Señor nos concede para trabajar en su viña. Con el inicio de la Cuaresma, vamos ya en preparación del Triduo Sacro en que celebraremos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, centro de la vida de la Iglesia y de su liturgia. El año recién pasado fue especialmente intenso en razón de la preparación de la visita ad limina y la presentación en Roma de ese informe, ocasión en que pude reunirme con el Santo Padre y contarle acerca de nuestra diócesis y recibir sus paternales consejos. Durante el curso del año, en las cartas que mensualmente les envío, iré trasmitiendo a todos las principales indicaciones o sugerencias recibidas en las visitas a los diversos dicasterios.

2. Pero quisiera partir de una afirmación que nos hizo el Prefecto de la Congregación para el clero Cardenal Humes. Explicándonos la importancia de la misión continental en que están empeñados los episcopados de toda América y el Caribe, fruto del encuentro en Aparecida, nos dijo a todos los Obispo: “la gestión de la misión es decisiva. Es necesario acoger a muchos que están lejanos de la Iglesia. Pero sin los sacerdotes no hay misión. Ocurrirá muy poco” . “Somos necesarios a los hombres, somos inmensamente necesarios, y no a medio servicio ni a medio tiempo, como si fuéramos unos «empleados». Somos necesarios como el que da testimonio, y despertamos en los otros la necesidad de dar testimonio. Y si alguna vez puede parecer que no somos necesarios, quiere decir que debemos comenzar a dar un testimonio más claro, y entonces nos percataremos de lo mucho que el mundo de hoy necesita de nuestro testimonio sacerdotal, de nuestro servicio, de nuestro sacerdocio”. (Juan Pablo II. Alocución. 9-IX-1978). Es cierto que esto es bastante evidente en nuestro mundo que se aleja de Dios, pero puede servirnos para meditar un momento acerca de nuestra misión como ministros del Señor y la responsabilidad que tenemos en que se produzca un verdadero “salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para que pueda testimoniar su fe de forma límpida y elucidada. Esa fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los discípulos del Señor y los edifica como Iglesia misionera y profética” , como nos dijo el Papa en Brasil. (Homilía del 11 de mayo de 2007).

3. En los primeras semanas de marzo llegarán a todos unas breves orientaciones para la primera etapa de la misión en nuestra diócesis para los años 2009 y 2010. Su objetivo es sencillo pero muy ambicioso: hacer que en todos nosotros y en las personas que trabajan mas directamente en nuestras actividades pastorales el Señor produzca un crecimiento en el Amor a Dios y a la Iglesia y un efectivo salto de calidad en su vida interior y en su vivencia de la fe. En ese documento, breve y esencial, hay algunas consideraciones y diversas sugerencias; su eficacia pasa por el trabajo y la meditación personal y en las zonas y decanatos que los sacerdotes y diáconos hagan de las mismas y luego transformen en acciones concretas en su labor pastoral con sus más cercanos colaboradores. Como nos señaló el Santo Padre a los Obispos en la Audiencia que nos concedió al final de la visita ad limina, todos los planes e ideas que el Señor sugiere a los pastores de la Iglesia, “nacen de la vida interior y de la fe profunda, porque en el trato íntimo con el Maestro en la oración, maduran las mejores iniciativas pastorales para responder a las necesidades espirituales del pueblo fiel” . Esa vida interior de cada uno de nosotros da fuerza y armonía al trabajo pastoral que viene a ser como un desborde de esa vida de oración del sacerdote. Para cumplir la advertencia de San Pedro de “apacentar el rebaño de Dios que nos ha confiado, gobernando no por fuerza, sino espontáneamente, según Dios; no por sórdido lucro, sino con prontitud de ánimo”(1 P. 5, 2) es necesario, primero que todo, que cada uno sea un hombre de vida interior, capaz de dedicar tiempo prolongados cada día a estar con El, para luego ayudar a los demás a encontrarlo a El.

4. Ya para todos es evidente que estamos en medio de una crisis económica cuyas proporciones y consecuencias no se conocen ni se pueden prever. Las personas expertas señalan que este año 2009 será especialmente difícil y para nosotros ello se traducirá – como de hecho está sucediendo – en muchas personas sin empleos, perdida de los ingresos familiares y también escasez de recursos para nuestras obras apostólicas. En cada parroquia y comunidad cristiana habrá que actuar conforme a las necesidades que se presenten, pero resulta evidente que deberemos aumentar los esfuerzos e iniciativas en el ámbito de la caridad y el servicio efectivo a los que mas sufrirán por esta crisis. En las orientaciones que se les harán llegar hay propuestas concretas que los Vicarios Zonales y párrocos pueden estudiar, pues uno de los lugares de encuentro y crecimiento en el amor a Jesús son los que mas sufren y los pobres. Pido a todos en esta materia una especial atención para que la crisis nos haga vivir más a fondo la pertenencia a la familia de los hijos de Dios que formamos la Iglesia y que aprendamos a compartir los bienes que poseemos con lo que tiene menos.

5. Por ultimo unas breves palabras sobre nuestros seminarios. Este año el Seminario Mayor cumple 20 años desde que fuera fundado por don Orozimbo, venciendo todo tipo de dificultades y críticas y con el apoyo expreso del Papa Juan Pablo II. Entre ambos seminarios, el Mayor y el Menor llegaremos a cerca cincuenta alumnos. Es necesario continuar rezando la oración por la vocaciones del Papa Benedicto XVI en todas las Misas que se celebren. En algunos lugares esa costumbre se ha ido perdiendo y conviene no ceder en la petición por las vocaciones. Por otro lado todos nos damos cuenta del costo y las dificultades que tenemos para lograr un funcionamiento básico de ese corazón de la diócesis que es el seminario. Ya casi todos ustedes han estudiado en sus aulas y han consolidado su vocación en su paso por ellas. El amor a esa alma mater nos debe llevar no sólo a seguir en un trabajo vocacional intenso, sino también a pensar en las maneras de ayudar a la mantención económica del mismo y pedir a los fieles un mayor compromiso con la formación de las nuevas vocaciones. “Todo sacerdote tiene necesidad -signo inequívoco de amor a su misión- de promover vocaciones al sacerdocio. Esta exigencia, que afecta a todo el Pueblo de Dios, recae especialmente sobre el sacerdote, que ha de sentir el anhelo de dar un testimonio constante de servicio y de la alegría de su vida de entrega, y de emplear todos los medios, en primer lugar los sobrenaturales, para que sean muchos quienes, sintiendo las necesidades de la Iglesia y la grandeza de la vocación sacerdotal, sepan hacer de su vida un servicio ministerial a Dios y a los hombres. El sacerdote ha de tener el corazón puesto en el seminario, sabiendo que los nuevos presbíteros serán continuadores de su misión y corona de su vida de entrega” [b/] (A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, p. 49).

Queridos sacerdotes y diáconos, encomendemos el trabajo pastoral de este año a la Madre de Dios y a nuestro Santo Patrono San Bernardo, pidiendo al Señor la audacia que tuvo san Pablo para cumplir la misión a la que Dios lo había destinado.

Con mi afectuosa bendición

[b]† Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo

San Bernardo, 25 de febrero de 2009


   
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